Ideas

Partido único o triunvirato, el dilema de Sheinbaum

¿Partido único o triunvirato? Ese es el dilema de la Presidenta Claudia Sheinbaum una vez que su doble derrota a manos de sus aliados la libera de compromisos. La morenista número uno está frente a la decisión política electoral más importante. 

El Partido del Trabajo le ha dado a la Presidenta el mejor de los regalos. Después de que el Plan B fuera trasquilado la semana pasada por el PT, que no cedió a que el revocatorio coincidiera con la elección intermedia de 2027, ella tiene más opciones que antes. 

Sheinbaum ya sabe que sus socios del 2024 no esperaron ni a la mitad del sexenio para ver solo por sí mismos. Su compromiso con el proyecto de la Presidenta terminó mucho antes de la definición de las candidaturas de los comicios intermedios. Todo un récord.

Tal es la realidad política hoy. El partido mayoritario, el que logró que una nueva idea atrajera cada vez más votos elección tras elección desde 2015, tiene a sus principales oponentes no en quienes se repartieron el poder antes del 2018, sino en quienes Morena subsidió.   

No sobra recordar que es un error común pensar que el PVEM estuvo en la alianza ganadora que tuvo a López Obrador como candidato. Si bien el olfato casi siempre les funcionó a los verdes, que en varias contiendas supieron arrimarse al aspirante puntero, en 2018 fallaron.

Así que el chantaje del PVEM es más flagrante. En ocho años pasaron de haber respaldado al candidato presidencial del PRI a ser hoy, tanto uno de los dos partidos que tumbaron el Plan A de Sheinbaum, como el que abiertamente la intenta madrugar demandándole gubernaturas como las de San Luis Potosí y Quintana Roo. 

El PT, con afinidad ideológica y camino recorrido por más años junto a Andrés Manuel, representa un acertijo distinto para Sheinbaum. Desde las elecciones del año pasado se han planteado ser un aliado con su propia dinámica: así le disputó, y hasta ganó, puestos en las urnas. 

Con el 2027 en el horizonte, PT y PVEM se han mostrado de cuerpo entero. Al saberse indispensables para toda reforma constitucional del oficialismo, pretenden maximizar el valor de su minoría. Se les olvida o minimizan cuánto de su peso es debido a la campaña de Claudia. 

El argumento de que Sheinbaum quería el revocatorio el año que entra a fin de jalar a su movimiento hacia adelante en las preferencias electorales no muere con la cancelación de la reforma que iba a adelantar ese ejercicio. Todo lo contrario. 

La Presidenta ya vio quiénes la bloquean. Y como es ingenuo pensar que desde Palacio no se hará campaña de aquí a la cita de las urnas en 14 meses, ¿qué incentivos tendría la mandataria en que PT y PVEM sean un dique en San Lázaro la siguiente legislatura?

Cabe otra explicación: Que petistas y verdes advierten que Morena es y será incapaz de consolidarse; y que por lo mismo pueden aprovechar cada pugna guinda para desmarcarse, cachar cuadros, e incluso para disputarle puestos mientras intentan escapar al desgaste del costo de gobernar. Avanzar como simipartidos.  

Porque también es cierto que la mala operación de “no me digan Andy” en el territorio en 2025, o la impericia del equipo de la Presidenta que le hace encajar derrotas incluso ante aliados, son factores que naturalmente despertarán el apetito de los oportunistas.

Al desdentar la reforma electoral, PT y PVEM podrían haber logrado una victoria pírrica por los costos de una revancha de Sheinbaum o… haber fundado un triunvirato. Depende de la Presidenta.

Temas

Sigue navegando