Ideas

Nocaut a “Kid” Rocha, pero la pelea continúa

Del sinaloense Rubén Rocha Moya siempre se ponderó una capacidad de resistencia templada en reveses al perseguir la gubernatura; cual boxeador, se levantaba una y otra vez de la lona; hasta ahora, que fue noqueado; sin embargo, la pelea continúa. 

Que Rocha quería volver era un rumor que semana a semana crecía. Sus jilguerillos lograron que la especie llegara a la mañanera el 11 de agosto, cuando a la Presidenta le lanzaron ese pial. La respuesta de Claudia Sheinbaum no deja lugar a dudas: “es una decisión de él (...) mientras siga este proceso, saldría del puesto, porque no quería poner en duda la gobernabilidad del Estado de Sinaloa”. 

Diez días después todo cambió. Rocha se puso la mañana del viernes 21 de agosto un traje azul metálico con delgadas rayas y una corbata granate terciada por líneas blancas. Los lentes de pasta, relucientes. La enorme y pronta sonrisa de quien viene por la revancha. Solo 34 horas aguantó. 

La Secretaría de Gobernación, Morena y sus gobernadores dieron la espalda al sorpresivo anuncio de que, tras una licencia de 112 días, regresaba a la gobernatura de Sinaloa. El silencio de la Presidenta fue categórico. E incluso así, Rocha durmió el viernes como gobernador. 

Fue preciso un mensaje de la Presidenta, sin destinatario, contra el “poder sin principios” de quienes se guían por “ambiciones personales”, advirtiéndoles que “por encima de cualquier nombre, de cualquier grupo y de cualquier interés particular, están el pueblo y la nación”. El desenlace fue el obvio, así no ocurriera en minutos. Rocha volvió a su madriguera, pero sus destrozos no han cesado. 

Rocha tiene el crédito de haber logrado una condena casi unánime a su pretensión de ostentar el Gobierno formal en Sinaloa. Si fue miedo lo que le motivó a envolverse en la gubernatura, si la detención de un testigo del asesinato de Héctor Melesio Cuén y la noticia de los privilegios de Estados Unidos a su ex secretario de Seguridad le llevaron a ponerse los guantes y subir al ring, no midió su enorme desprestigio. 

Para un movimiento que un día sí y otro también se declara en feliz comunión con el pueblo, Rocha hizo estallar la irritación por la guerra que ha reclamado miles de vidas en Sinaloa, y por la arrogancia de su proceder, que incluye la versión de que en 2025 se negó a retirarse del cargo cuando Claudia se lo sugirió. Entonces y ahora un doble extravío. Porque para él ya no hay retorno al escenario anterior. 

La Presidenta no ha acabado con Rocha. El desafío a la mandataria tendrá que ser respondido sobremanera. Y el alcance de ese revire va más allá de la persona del exgobernador. Desdeñó la protección que recibió por meses, con lo que obliga a Sheinbaum a extirpar el rochismo, a revisar todos los negocios del entorno de quien ha decidido acabar su carrera bajo el repudio de propios y extraños. 

Si Rocha creyó que el copiar el tono de la carta de Andy López Beltrán informando que Estados Unidos le había quitado la visa, le aseguraba el arropamiento del clan obradorista, calculó muy mal. Por el contrario, si hay quien puede resentir el atropellado intento de retorno es la familia de Andrés Manuel López Obrador, a quienes devaluó el discurso del injerencismo estadounidense. 

Rocha aguarda en capilla. No tiene lado bueno su futuro político. Ni el del senador Enrique Inzunza, que parece no entender la repulsa que el grupo gobernante de Sinaloa -manchado por sospechas de delitos- provoca apenas alguno de sus miembros saca la cabeza.

Temas

Sigue navegando