Ideas

Lucha de clases muy siglo XXI

La clase política, grupo de individuos que ejercen funciones de dirección, representación o poder dentro del sistema político; mujeres y hombres gobernantes, legisladores, mandamases de los partidos y las élites (legítimas e ilegítimas) asociadas al poder público. Con esta noción marcamos una frontera entre los miembros de esa clase con el resto de la población de un país, de un estado, de un municipio. El término “clase” significa, de acuerdo con el diccionario, “conjunto de elementos con caracteres comunes”, y por carácter cabe entender: “cualidades o circunstancias propias de una cosa, de una persona o de una colectividad, que las distingue, por su modo de ser u obrar, de las demás”.

Es paradójico que haya consenso respecto a lo que expresamos cuando decimos “clase política”, es la forma de la ciencia política para decir que existe un ellos (y ellas) y un nosotros (y nosotras), no obstante, seguimos empeñados en pensar que en esa clase hay diferencias entre los integrantes de un partido y otro, entre quienes gobiernan: si son parte de una clase comparten cualidades que les son exclusivas, por ejemplo, ya está dicho, su modo de ir siendo y de proceder. Tal vez es sólo una confusión entre lo que implica pertenecer a una clase (en el caso de la política es una pertenencia voluntaria) y los rasgos personales al desempeñarse como integrante de ese grupo, según el multicitado ensayo de Daniel Cosío Villegas: el estilo personal de gobernar, a lo que quizá debamos añadir: sin menoscabo de las señas de identidad compartidas que ostentan las mujeres y los hombres de la casta política.

Suponemos, ilusos, que los atributos personales podrán obrar el milagro de gobernar, dirigir, legislar, etc., democráticamente, para la justicia y según el orden legal; perdemos de vista que la membresía a la clase política es casi una fatalidad que inhibe los comportamientos éticos, legales y, a veces, los meramente humanos.

Y de gestos a gestos, los que hacemos las y los ciudadanos para armonizar desde nuestra propia clase, la de la gente que compone el “nosotros”, con la de los políticos: el año 2000 creímos que bastaba “sacar al PRI de Los Pinos”, una vez echado a golpes de sufragio, volvimos a lo nuestro, ajeno a la clase política. Vicente Fox hizo nada por instaurar nuevos modos para esa, su estirpe, o sea: bien poco cambió de la inercia de los arreglos políticos postrevolucionarios. Lo mismo podemos decir de Andrés Manuel López Obrador: no sólo no varió los métodos añejos de la especie a la que pertenece, acentuó sus taras: la corrupción, mentir como estrategia, la demagogia, la incompetencia para gobernar y no considerar al gobernar sino el beneficio de sus allegados.

Nota sobre la física de la clase política: es una rueda de la fortuna, cuando una célula de ella está en la parte alta y desde ahí domina el territorio, no significa que las demás se hayan bajado, nomás esperan su turno. Esto explica que la idea vigente de “oposición”, conjunto de células que aspiran a tener el poder; con romanticismo reclamamos que aquélla no tenga proyecto de país, no es necesario, su papel es aguardar que la rueda continúe su giro, tarde o temprano llegará su turno de regir (al cabo el Estado paga por su subsistencia) y, salvo accidente cósmico o mandato divino, lo hará más o menos como la célula a la que le corresponde ir de bajada según las vueltas que dé la rueda de su fortuna.

Escena distópica: Morena pierde la elección presidencial y la mayoría en el Congreso en 2030, no importa ante quien. El partido o coalición triunfante ofreció volver a México a la senda de la democracia: transparencia y acceso a la información pública, el órgano electoral independiente y autónomo, igual la Comisión Nacional de Derechos Humanos y la de competencia y la de energía, y más: ofreció desmilitarizar lo militarizado. A mediados de 2031, quien ostente la investidura presidencial declarará: no ha sido fácil desmantelar lo que nos dejó la cuarta transformación, esperamos pronto estar en condiciones de reponer las instituciones y el arreglo más o menos republicano que fueron fruto de la transición a la democracia, etc. En 2035 la célula que tenga el rol de opositora reclamará que es su turno, ya que la que rige no pudo o no quiso hacer aquello a lo que se comprometió, etc. La imagen puede extenderse a la elección de 2060, si es que las y los ajenos a la clase política no desmantelan la rueda de la fortuna.

Un ejemplo doméstico, la crisis del agua en el área metropolitana de Guadalajara, crisis de cantidad, de disponibilidad, de calidad, tiene cuando menos treinta y cinco años de ser parte de las promesas de tres partidos diferentes; cada gobernante ha tenido sus diagnósticos, las asesorías más sesudas, uno de ellos gastó noventa millones de pesos en 2016 para que una organización multinacional le dijera lo que ya sabía. Uno más afirmó hace dos años que había resuelto el problema del agua para los próximos cincuenta años. Esta crisis que afecta malsanamente a los vecinos distantes de la clase política evidenció otra: la institucional, en términos ciudadanos la podemos frasear así: ¿qué fue de la Comisión Estatal del Agua? ¿Qué fue del SIAPA? ¿Qué fue de la nueva Secretaría de Gestión Integral del Agua? Ni para mantener la simulación es buena la clase política, destruye instituciones que le permiten hacer creer que hace la lucha por resolver, en este caso el problema del agua.

Para otros asuntos también críticos existen preguntas similares: ¿qué fue de las instituciones encargadas de garantizar la seguridad, de cortar la violencia contra las mujeres, de impedir la desaparición forzada, la extorsión? Los problemas y las instituciones no caben en las góndolas de la rueda de la fortuna que ocupan las células de la clase política: se quedan al margen mientras aquéllas suben y bajan, locas de contento.

Nota sobre la física de la clase política: es una rueda de la fortuna, cuando una célula de ella está en la parte alta y desde ahí domina el territorio, no significa que las demás se hayan bajado, nomás esperan su turno.

agustino20@gmail.com

Temas

Sigue navegando