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Los caprichos y la falta de “pruebas”

El lunes, Donald Trump declaró a Estados Unidos como “el guardián del estrecho de Ormuz” y anunció un cobro del 20 por ciento de toda la carga transportada, “... para cubrir cualquiera y todos los gastos necesarios para cumplir con la tarea de proporcionar seguridad y protección en esta zona tan volátil en el mundo”. 24 horas más tarde -ayer-, cambió de opinión, y dijo que “... he decidido sustituir la tasa de reembolso del 20 por ciento de Estados Unidos por acuerdos comerciales y de inversión que los distintos Estados del Golfo realizarán en Estados Unidos… Esas inversiones serán enormes, pero, al mismo tiempo, extraordinariamente buenas para ellos y para su futuro”. ¿Quién le entiende?

¿Qué ha provocado esa voluble posición? Una inestabilidad internacional en todos los sentidos, con una guerra que se inició en contra de Irán, sin que haya existido un motivo o una amenaza real. Todo fue por ocurrencia y caprichos, ya que no hay una estrategia. Las decisiones se toman “sobre las rodillas”, de manera apresurada, impulsiva y sin reflexionar en las consecuencias. Todo lo que sale de la oficina Oval de la Casa Blanca son inconsistencias y contradicciones; son decisiones que se toman día a día, hora por hora, y que se cambian de acuerdo al humor que ande quien despacha desde allí.

Y así, muchas cosas alrededor del gobierno estadounidense se manejan con ambigüedad y sin precisión, como es el caso de la conversación telefónica revelada por el periodista Héctor de Mauleón, en donde la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila, conversa con supuestos intermediarios del Buró de Investigaciones Federales (FBI), en donde propone compartir información de seguridad para evitar cargos o extradición, y ella se defiende que se trata solamente de una plática sobre coordinación institucional de seguridad fronteriza. En todo caso, si hay “pruebas”, que la responsabilicen de algunos cargos, pues que los sometan por los conductos legales, como también están pendientes los elementos de cargo del gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya -y otros funcionarios del estado-, para que se pueda proceder a su detención y extradición en caso de ser culpables. Y lo mismo sucede con los recientes comentarios de Terrance C. Cole, administrador de la oficina de Control de Drogas de los Estados Unidos (DEA), quien afirmó que los cárteles de la droga y el gobierno mexicano “son uno mismo” debido a la profunda corrupción y colusión existente en los distintos niveles de seguridad y política.

Ojo, no estamos ni defendiendo a los supuestos involucrados ni señalando que no existan esas “pruebas”. Pero, al estilo Trump, se cambian decisiones, surgen las acusaciones, llegan las amenazas, pero no se cumple con los protocolos de la exposición de los elementos probatorios que provoquen “cerrar el círculo” y terminar con esta inestabilidad en la relación bilateral y en el concierto internacional.

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