Lista actualizada de lugares comunes
Lo que pasó en Tequila, Jalisco, es una muestra de lo que con menos publicidad sucede en muchos municipios de México. Pocas expresiones tan cliché como esta; fórmula empleada por las autoridades para evadirse con aquello de: mal de muchos, consuelo de gobernantes que no gobiernan. El arresto del alcalde de aquel municipio es una golondrina que no hace verano, es recurso para afirmar que hay una estrategia, equivale al botón que evidencia al todo: vamos en serio; estamos coordinados; ahora sí, caiga quien caiga; todo el rigor de la ley; etc. Mientras tanto, los medios de comunicación, a la espera de que algún otro suceso-botón de color rojo subido brote, dizque inopinadamente, para señalar en el mapa una más de las muchas demarcaciones que son pueblos mágicos porque los delincuentes desaparecen la legalidad y sacan del sombrero el terror cotidiano de las violencias, explícitas y soterradas, ante el pasmo de los espectadores ajenos al territorio de los hechos, que no sabían que semejantes portentos ocurren sin que nadie quiera saber cómo se hace el truco, y menos cómo se previene.
El miércoles 5 de febrero, en el verdadero teatro de la república (no el de Querétaro, en el que se promulgó la Constitución de 1917), se presentó un acto más de la obra: El Batman mexicano solo contra el mundo del hampa. Sinopsis: sin miedo y armado únicamente con su apostura de hombre bien rasurado, Omar García Harfuch se enteró de que el alcalde de Tequila tenía aterrorizada la popularidad de la presidenta de México, y de paso notó, con desagrado, que las autoridades del accidental estado de Jalisco veían sin ver, sabían sin enterarse y actuaban sin hacer. Raudo y veloz, desde la baticueva -nombre en clave del palacete virreinal a la vera de la Plaza de la Constitución- giró órdenes perentorias para que, sin alertar a los policías locales (a lo mejor para que estos a su vez no alertaran a ya sabemos quienes), de madrugada, su Enjambre capturara al alcalde Diego “N” -alias Rivera- por los cargos de secuestro agravado, delincuencia organizada y extorsión. La instrucción se cumplió y, sólo para efectos dramáticos de la conferencia de prensa, el Batman mexicano aproximo a los labios el metafórico cañón de la tambiénmetafórica pistola y sopló al humillo azuloso, luego de haber puesto al malo del pueblo y a sus compinches más cercanos a morder el asimismo metafórico polvo.
Las primeras planas y las entradas de los noticiarios hicieron revelaciones impactantes: en Tequila, ¡habrase visto!, el alcalde, previamente redimido con honores en la fábrica de santas y santos del Movimiento de Regeneración Nacional (alías Morena), gobernaba según la legislación vigente en los territorios controlados por el crimen organizado. Causa estupor del más grave, o sea, del que abarca a la opinión pública de todo el país, sospechar que en su fuero interno el primer edil de aquel municipio jalisciense protestó, el primero de octubre de 2024, guardar y hacer guardar las leyes dictadas por el barón de Villa Purificación, de quien se decía personero. Otro horror, que la mismísima presidenta Sheinbaum tuviera que recibir denuncias, “Hasta Palacio llegaron las quejas por delitos del alcalde de Tequila” tituló un diario su nota principal. Escandaloso que la presidenta revelara: “Personalmente recibí denuncias de empresarios de la zona, de ciudadanos”. ¿Cómo llegaron esos empresarios, esos ciudadanos a ponerse en contacto directo con Claudia Sheinbaum? Como haya sido el caso es que, dijo ella, iniciaron las investigaciones. Y por los resultados, ahora sabemos que activó la batiseñal que llevó a la caída en desgracia de Diego “N” (alías Rivera) y varios de sus compinches. Pensándolo bien, convendría saber cómo se le hace para poner denuncias ante la presidenta, por lo visto resultan más eficaces que las que humildemente, porque no hay más, se interponen ante las instancias locales, las que, además, y desafortunadamente, no cuentan con un Batman, ni con un Enjambre caza munícipes cuya perversidad es tal, que llegan a atentar contra la buena fama de la presidenta.
Lo anterior es parte del vodevil carpero de la mercadotecnia política a la que en la atribulada patria se le llama gobernar. Del lado de la tragedia de la que también dieron cuenta las notas periodísticas, sin que adquiriera la relevancia de las andanzas de Batman y de la contundencia declarativa de Claudia Sheinbaum, está la gente de Tequila (según el censo de 2020, poco más de 44 mil habitantes) que festejó en la calle, con música y sonrisas, que el presidente municipal fuera apresado. Mujeres y hombres del común, comerciantes de los más sencillos, prestadores de servicios que mal ganan para sobrevivir y hasta empresarios de alcance mundial, hartos de ser extorsionados, amenazados, privados de derechos, con miedo; no un fin de semana, no un mes: más de un año. ¿No denunciaron? ¿Vieron pasar funcionarios estatales y no se animaron a decirles que su vida era un infierno? Si lo hicieron y no sirvió de algo, quizá se debe a que esa gente sirve nomás como abono social del venerado “paisaje agavero”, al que quienquita dios conservará muchos años para gloria de los informes anuales.
Sí, es lugar común decir que lo que pasó en Tequila es indicio de lo que ocurre en no pocos municipios del país. Lo que ya aprendimos, en vías de ser lugar común, es que la aprehensión del más visible y cínico de los delincuentes no alcanza para suponer que el mal se erradicó; esta suposición implica considerar que las autoridades estatales y federales aprendieron las lecciones que da la realidad y de aquí en adelante tomarán en cuenta lo que dicen las personas que hacen su vida en demarcaciones concretas. Porque noticias de lo que sucedía en Tequila con su alcalde, hubo muchas, como las hay respecto a otros sitios, respecto a otros personajes. Así que, Batman, ahí te encargamos.