La morenista fábula de la hormiga y las cigarras
Un cuento que se está contando en la blogosfera morenista es que tenemos a una Presidenta de diez y un rebaño con demasiadas ovejas que tiran pa’l monte, un hato de gobernantes que apenas se suben al ladrillo del puesto quieren viajar en jet.
Ese relato hace recordar la conocida fábula de la hormiga y la cigarra. La primera es previsora, se parte el lomo trabajando y, desde luego, vive consciente de que no se pueden evadir las responsabilidades sin consecuencias. Por eso, guarda alimento para los malos tiempos. La segunda es por partes iguales la imagen de la holgazanería y frivolidad hasta que llega el invierno y ve su suerte.
La verdad lo que está ocurriendo no es eso. Cigarras hay siempre, en todos los Gobiernos y movimientos sociales, pero lo que no estamos viendo es que la parte responsable de esta historia asuma que tiene, además de una vocación de servicio, un sentido de la responsabilidad.
Pongamos el ejemplo de la gobernadora de Quintana Roo, Mara Lezama, con su centenar de vuelos en jet privados, y otras cosas por aclarar en cuanto a su relación con proveedores. Como todo mundo sabe, la semana pasada “Reforma” la exhibió bien y bonito.
Dado que la puntual ventaneada ocurrió prácticamente en la víspera del segundo informe de Gobierno presidencial, es natural que además de ver esos periodicazos como parte de la grilla preelectoral de Quintana Roo, el caso Mara Lezama se tome como un indicador de la forma de liderazgo de Claudia Sheinbaum. Sin embargo, algunos a lo que más llegan es a contrastarlas: ésta, buena buena; aquélla, cigarra.
O, dicho en guinda, gritan vivas a la Presidenta que sí encarna los valores humanistas del obradorismo; mientras que a lo más que llegan con Lezama es a “condenarla” a formar parte de la tribu de las “excentricidades” y “lujos” compuesta por Adán Augusto López, Andy López Beltrán, Fernández Noroña, Mario Delgado, Pedro Haces, y ahora también la secretaria de Turismo Josefina Rodríguez, entre otros. Fuchi, y ya.
Para no ir más lejos, hay quien cree que es un castigo que ningún López Beltrán haya estado en el patio de Palacio Nacional, y lo mismo con la ausencia en el informe de Adán Augusto. Cómo será de falaz esa lectura que ya vimos al ex coordinador morenista en el Senado, supuestamente marginado, negociar vía WhatsApp con un personaje del Verde posiciones legislativas el mismo día del discurso de Claudia.
Si Sheinbaum se afana en encarnar el discreto encanto de la austeridad, mientras demasiados en su Gobierno y partido se la pasan en yates, jets, vacaciones y jolgorios que no cuadran con salarios públicos de honrada medianía, cuál es la verdadera moraleja de esta historia.
Hasta un niño sabe que, si no enfrenta consecuencias, la conducta indebida puede repetirse, e incluso magnificarse. Nuestras cigarras humanistas llevan años de pachanga -Mara vuela en jet desde que era alcaldesa y ya va a salir de gobernadora- porque, faltando a su obligación, el Gobierno de quienes se presentan como trabajadores y dedicados no se atreven a llamar a cuentas a ninguno de los suyos.
Los listos en esta historia son los abusivos morenistas, federales y estatales, que en Orlando, Vail, Madrid y un largo etcétera bailan y cantan a sabiendas de que, a lo más, serán acusadas y acusados de gastar su dinero (¡?), pero ni la UIF, ni el SAT, ni como se llame la otrora Contraloría, mucho menos la Auditoría, ni nadie, les pondrá un alto. Es tiempo de cigarras; las hormigas, a trabajar.