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La derrota cultural del odio

Para el mundo entero, la llamada “ola azul” del triunfo Demócrata en Estados Unidos en la pasada elección intermedia del martes, es un respiro y una alegría. No sólo por la derrota estrepitosa del presidente Trump, sino por imaginar que la democracia sigue viva como una opción política que permite generar cambios desde la vía electoral. 

Ha habido múltiples interpretaciones de lo que llevó a la ciudadanía norteamericana, a parar en seco el avance del proyecto Trumpista y de la llamada corriente ideológica MAGA (Make America Great Again). Unos dicen que fue el alto costo de la vida lo que les pasó factura a los Republicanos, otros dicen que fue la inexplicable Guerra contra Irán o el alto precio de la gasolina, entre algunas más. Cada votante llevaba junto con su voto, su propia razón, pero nadie puede negar que si existió un voto anti-Trump dada su baja popularidad mostrada en las encuestas. 

Al margen de una interpretación centrada en los partidos políticos o en la esencia del funcionamiento del sistema electoral norteamericano, resulta relevante hacer un análisis situado en una lógica cultural y con enfoque de diversidades. 

El resultado de estas elecciones intermedias, sin duda fue una derrota cultural del movimiento MAGA que en lugar de aceptar la multiculturalidad y diversidad que compone su territorio, intentó negarla y destruirla a partir de acciones que, desde el gobierno, vulneraron los derechos humanos con la persecución violenta de personas migrantes a través de las acciones ilegales del ICE. Los resultados de este proceso, mostraron a los seguidores de MAGA y a los Republicanos más duros, la propia grandeza de su diversidad cultural. Entre las muchas personas elegidas de los Demócratas, están personas latinas, musulmanas, mujeres, afroamericanos y de pueblos originarios que se ostentan como representantes de las minorías y que este supermartes, hicieron historia. Una lista de candidatos calificada por Trump como peligrosa y extremista. 

El triunfo de la diversidad multicultural de las y los candidatos Demócratas, tendría que ser analizado no solo desde la visión de las minorías étnicas, raciales y religiosas; quizá tampoco desde un enfoque simple de migración. Porque al final, son personas que no niegan sus raíces y sus orígenes, pero que nacieron en Estados Unidos y tienen un proyecto muy claro sobre lo que quieren para Estados Unidos, no solo visto desde un enfoque minoritario, sino de un país en el que nacieron, crecieron y vivieron profundas injusticias. La multiculturalidad y diversidad elegida en Estados Unidos, ya no se sustenta en la llamada agenda “Woke”, sino que, desde sus propias identidades, está dispuesta a mover el stablishment para redefinir el panorama político de su país. 

El resultado de esta elección, es un gran triunfo contra el odio, la represión y la división de un territorio. Es un triunfo cultural desde una visión biopolítica que coloca al centro la aceptación de la diferencia y la gestión de la vida desde una visión más cotidiana. Lo hicieron, según crónicas de diferentes diarios y periodistas norteamericanos, desde su confiabilidad, franqueza, apertura al diálogo y alto sentido de la esperanza con el fin de retejer un país para todas las personas, desestructurando la polarización y la división racial. 

Por todo esto, es que las elecciones del llamado supermartes en Estados Unidos, no representan solamente la derrota de Trump, sino la derrota cultural del odio como forma de hacer política. Habrá que ver ahora, ¿qué hacen con el poder esas personas Demócratas?, ojalá lo hagan siempre, articulando la esperanza como motor de cambio e inclusión. 

Por cierto, hoy faltan 21 días para conmemorar los 40 años de la FIL, y eso, nos hace muy felices. Su lema “Nunca dejes de leer”, el lema de FIL Niños, “Jugar es resistir”; los libros, siempre serán una de las formas más hermosas de resistencia.

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