Huachicol imperial
Siempre se dijo que las presiones del Gobierno de Estados Unidos contra Venezuela y la posterior invasión del pasado 3 de enero, en la que se secuestró al presidente Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores para llevarlos a una prisión en Nueva York, en realidad se trataba del despojo del petróleo de ese país. Y hace una semana el mismo Donald Trump lo confirmó al proclamar el “mayor acuerdo petrolero de la historia” al anunciar los derechos a empresas privadas asociadas al Gobierno de Estados Unidos por un monto de 65 mil millones de barriles de petróleo que se explotarán en 17 nuevos campos petroleros en la franja del Orinoco.
¿Cuánto representan 65 mil millones de barriles? Representan 21.4 por ciento de las reservas probadas de petróleo de Venezuela que ascienden a 303 mil millones de barriles (mdb), las cuales son las más grandes del mundo. Y son superiores a las reservas probadas de Estados Unidos que son de 46 mil mdb. Y quedan muy lejos de las reservas petroleras de México que son apenas de 5 mil 900 mdb.
El dato más contundente para dimensionar el acuerdo (en realidad un despojo) entre Estados Unidos y Venezuela es que representan el consumo diario de petróleo de todo el mundo por más de 650 días, es decir, un año y ocho meses.
Cada día en el mundo se consumen 105 millones de barriles al día y el acuerdo, lo volvemos a escribir, por 65 mil millones de barriles en esta concesión que se extenderá durante un siglo.
El acuerdo fue confirmado el mismo viernes 28 de agosto por el Gobierno interino de Delcy Rodríguez en esta concesión de 17 campos petroleros en reservas a la compañía North American Blue Energy Partners (NABEP), propiedad del millonario venezolano Alejandro Betancourt, investigado por la justicia de Suiza y Gran Bretaña. Esta empresa se ha asociado con el gobierno estadounidense a quien sin aportar recursos le entregará 35 por ciento de derechos de propiedad de esos 65 mil millones de barriles, precios preferenciales y el control entero de la compañía pues pondrá los principales cargos del consejo de administración y será auditada por entidades de Estados Unidos y los contratos se rigen bajo las leyes del país del Norte.
La misma Casa Blanca presumió el control que tendrá sobre NABEP en un comunicado: “El Gobierno de Estados Unidos tiene derecho de veto sobre el nombramiento de cualquier miembro del consejo de administración, y la mayoría de los miembros del consejo de administración de NABEP deben ser ciudadanos estadounidenses. NABEP contará con auditores, abogados y asesores estadounidenses de reconocida trayectoria, y el acuerdo entre el gobierno de Estados Unidos y NABEP se rige por la legislación estadounidense y está sujeto a la jurisdicción de los tribunales estadounidenses”.
¿Un acuerdo histórico? Este acuerdo no existiría sin la invasión de Estados Unidos y las presiones y sanciones económicas que desde hace varios años pesaron sobre Venezuela y sus gobiernos. En realidad se trata de uno de los grandes despojos de recursos que una nación colonialista e imperialista lleva a cabo en contra de un país subordinado y amenazado militarmente. Se trata de un caso, como decimos en México, de huachicol imperial.
Pero además, el Gobierno de Estados Unidos no esconde sus intenciones imperiales y de control sobre los recursos de Venezuela y sus deseos de dominio sobre América Latina. En una ficha informativa emitida por la Casa Blanca el 31 de agosto, se señala que “el presidente Trump ha restablecido la Doctrina Monroe, purgando la influencia extranjera maligna de nuestro entorno y asegurando que el dominio estadounidense en nuestro hemisferio nunca más sea cuestionado”.
Y luego enuncia quiénes ejercían esa “influencia extranjera maligna”: “La mayoría de los nuevos yacimientos petrolíferos que operará NABEP estaban previamente controlados u operados por empresas rusas y chinas, o por compinches corruptos de Maduro y Chávez. Estos actores extranjeros malintencionados saquearon los recursos de Venezuela en beneficio de adversarios estadounidenses como Cuba, Rusia y China, y no invirtieron en la infraestructura ni en el desarrollo de Venezuela”.
Es decir, antes China y Rusia ejercían una “influencia extranjera maligna”, ¿y ahora será una influencia extranjera benigna? No será así pues se apropian, mediante un burdo despojo, del 21 por ciento de las reservas probadas de petróleo de Venezuela que representa una masa de capital de enormes proporciones. Un robo descarado, pues, un tremendo huachicol imperial. Ya veremos si más adelante la población venezolana será capaz de recuperar lo que ahora se pretende despojar y si los pueblos de América Latina permitiremos que Gobiernos imperialistas, como el de Trump, pretendan imponer su dominio bajo la amenaza militar.
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