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Hacienda miente con la verdad

El 7 de junio la Secretaría de Hacienda emitió un comunicado, en el que asegura que “la deuda pública de México crece acorde con la economía”. El comunicado está construido sobre premisas incompletas, comparaciones convenientes y silencios calculados. Es, en pocas palabras, el arte de mentir con la verdad.

El argumento central de Hacienda es que no debe compararse el crecimiento nominal de la deuda con el del PIB nominal sin ajuste estacional, porque los trimestres tienen efectos de calendario distintos. Esto que suena muy técnico es correcto. Es un punto metodológico válido. Pero el comunicado usa esa verdad parcial como escudo para desviar la atención de lo que realmente importa.

La primera trampa está en el periodo de tiempo elegido. Hacienda compara el PIB del tercer trimestre de 2024 con el primero de 2026, un período de apenas seis trimestres. Ese recorte no es inocente: eluden cuidadosamente mostrar la trayectoria de más largo plazo. Si usamos el indicador que ellos mismos defienden—la razón deuda a PIB—los números los resultan exhibiendo: la deuda bruta del gobierno saltó del 39.8% del PIB en 2023 al 49.3% en 2025, y está en trayectoria hacia el 55% para 2028, según las proyecciones de Moody’s.

Ese dato, por supuesto, Hacienda no lo incluye.

La segunda trampa conceptual es la referencia al Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público (SHRFSP) en 50% del PIB en abril de 2026, “por debajo del 52.6% de diciembre de 2025”. La baja es real, pero trivial: refleja principalmente efectos de valuación cambiaria, es decir, de los cambios en el tipo de cambio del peso frente al dólar. La apreciación del peso reduce el saldo de la deuda denominada en dólares cuando se mide en pesos. No es que se haya pagado la deuda ni que la dinámica fiscal haya mejorado: simplemente el tipo de cambio jugó a favor, por ahora.

La gente del secretario de Hacienda presenta esto como evidencia de “estabilidad y control”, lo cual es claramente con la intención de engañar a los despistados.

La tercera trampa es la más grave. El comunicado no menciona el déficit fiscal. No lo puede mencionar porque ahí está el problema de fondo. El déficit fiscal se mantuvo alrededor del 5% del PIB en 2024-2025—incluyendo el subsidio a Pemex—cuando la promesa de consolidación presupuestaria apuntaba a reducirlo significativamente. Un país que gasta sistemáticamente más de lo que ingresa, en un entorno de bajo crecimiento, no puede hablar de deuda “en línea con la economía” con honestidad.

El cuarto argumento del comunicado—que la deuda tiene estructura “predominantemente en moneda nacional, a tasa fija y largo plazo”—es, también, verdadero. Esa estructura reduce riesgos de refinanciamiento y de tipo de cambio, es cierto. Pero no resuelve el problema de flujo: México ya destina cerca del 17% de sus ingresos públicos solo al pago de intereses. Cuando el costo financiero de la deuda consume una proporción creciente del presupuesto, hay menos margen para inversión, infraestructura, salud y educación.

La sostenibilidad no se mide solo por la composición del pasivo, sino por la capacidad de generar los flujos necesarios para pagar los intereses sin borrar el gasto productivo.

Y es aquí donde la gente de Hacienda exhibe su pobreza: el silencio sobre el crecimiento económico. Hacienda defiende la razón deuda-PIB como la métrica correcta, pero esa razón se estabiliza o reduce solo si el denominador—el PIB— crece con suficiente vigor. Las proyecciones para 2026 apuntan a un crecimiento menor al 1%. Con ese ritmo, ningún ajuste metodológico sobre la estacionalidad del PIB nominal va a mejorar la trayectoria de la deuda. La sostenibilidad fiscal requiere crecimiento, y el crecimiento simplemente, brilla por su ausencia.

El comunicado de Hacienda no miente en lo que dice. Selecciona períodos a conveniencia, invoca una baja de deuda generada por el tipo de cambio, defiende la estructura de la deuda sin hablar del déficit que la alimenta, y omite por completo la alarma que ya encendieron las calificadoras. 

La verdadera pregunta no es si la deuda crece en línea con el PIB en seis trimestres seleccionados a modo. La verdadera pregunta es: ¿tiene México una trayectoria fiscal sostenible en el mediano plazo, con déficit estructurales persistentes, crecimiento económico de casi cero y un costo financiero que absorbe una quinta parte de los ingresos públicos?

La respuesta es no, y ningún comunicado puede tapar el sol con un dedo.

Israel Macías López. Economista, Profesor en la Universidad Panamericana en Guadalajara

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