El tablero de la Doctora: oficio, relevos y la nueva interlocución
La política, en su esencia más pura, es la gestión de la realidad a través del ejercicio del poder. He venido sosteniendo que la Presidenta Claudia Sheinbaum, más allá de la investidura formal, ha iniciado un proceso de consolidación que busca el control de espacios estratégicos en el gobierno y en las estructuras de decisión. En este escenario, atajar o permitir una crisis no es un accidente, sino una decisión calculada. Hoy, el tablero nacional y local se reconfigura bajo una lógica de pragmatismo.
El primer movimiento estratégico se observa en los golpes cruzados entre Julio Scherer y Jesús Ramírez. Más allá del estrépito mediático, esta colisión funciona para la actual administración. Al debilitarse mutuamente perfiles estrechamente vinculados al liderazgo moral del proyecto anterior, se despeja el camino para una burocracia propia, más técnica y leal a la nueva dinámica de Palacio Nacional. Es la transición del “oficio de facción” al “oficio de gobierno”, permitiendo que la Presidenta tome el control del timón sin las inercias del pasado inmediato.
Por otro lado, el reciente zafarrancho encabezado por Marx Arriaga representa el “error” táctico que termina por exhibir las costuras del radicalismo. Su estridente gestión y posterior salida no solo cerraron un capítulo de polarización innecesaria en el sector educativo, sino que pusieron en su nivel real de poder a una de las figuras no tan relevantes, pero sí controversiales, de los llamados “duros”. Al quedar expuesto, el mensaje es claro: el dogmatismo que no ofrece soluciones técnicas es un lastre que la nueva etapa del proyecto no está dispuesta a cargar. La estridencia sin resultados es, invariablemente, un fuera de lugar.
La decisión de la Doctora Sheinbaum sobre el nombramiento de Ricardo Villanueva debe leerse como la intención de generar nuevos salvoconductos con Jalisco, saltando por encima de las facciones locales que, hasta hoy, han sido incapaces de generar un consenso mínimo. Villanueva no llega solo como un operador, sino como un puente de confianza con Palacio Nacional e interlocución con los sectores productivos y académicos locales. Ante el agotamiento de los cuadros existentes de Morena en el estado, la Presidenta apuesta por un perfil que entiende la complejidad de Jalisco y que pueda construir una relación lejos del conflicto inercial.
En suma, estamos ante una recomposición que privilegia la eficacia sobre el discurso. La política en Jalisco y en el país está cambiando de ritmo; los perfiles técnicos y moderados han entrado al campo y, con ellos, la posibilidad de una nueva apuesta basada en otros valores más allá del sectarismo.
@DelToroIsmael_