El regreso de Isaí
La familia de Isaí de Jesús Roque Chávez, un joven de 17 años que salió de su casa en la Colonia Tetlán, en Guadalajara, interpuso una denuncia de desaparición luego de que, el 11 de junio del año pasado, este adolescente no llegó a dormir.
Destrozados, muertos en vida, como se sienten todos los familiares que no saben del paradero de algún ser querido, salieron a las calles a exigir su localización y a pegar la ficha oficial de búsqueda con el rostro de Isaí en las plazas públicas más visitadas.
Tras un año y tres meses de padecer un infierno de dolor e incertidumbre, esta semana volvieron a ver a su hijo, que llegó a su casa luego de que sus captores lo arrojaron de un vehículo en movimiento, con una pierna fracturada y quemaduras graves, no recientes, pero que estaban sin curar en ambas extremidades inferiores.
Dentro de toda esta tragedia, es un desenlace que ya quisieran miles de familias buscadoras de algún hijo o hija desaparecidos.
Es también otro punto de inflexión, otro episodio que es como una pieza más para ir completando y entendiendo este rompecabezas del horror que constituye el lastre del reclutamiento delincuencial forzado de niñas, niños y adolescentes que están desplegando, de forma cada día más sofisticada, los grupos del crimen organizado en Jalisco y en muchas otras entidades del país.
Si empezamos a visibilizar el Reclutamiento Delincuencial 2.0 en junio pasado por la desaparición múltiple y en serie de adolescentes reclutados por el crimen organizado, el caso de Isaí nos dice que empezó mucho antes.
Como es natural, este joven se ha mostrado hermético y reacio a declarar a la policía detalles de su reclutamiento y cautiverio. De ese tamaño deben haber sido las amenazas que recibió antes de ser liberado.
Aun así, su regreso debe dar más pistas a la Fiscalía estatal, que ojalá sí tenga como prioridad descifrar el actuar de estos raptores que siguen teniendo en la mira a nuestras infancias, y que sean sus agentes investigadores los que localicen y liberen a las decenas de menores a los que los grupos delincuenciales mantienen reclutados y privados de su libertad.
Agradecimiento
Estimadas y estimados lectores, el RADAR de hoy es mi columna número tres mil 730, que he publicado desde hace más de 16 años, los últimos ocho de ellos en las páginas de EL INFORMADOR.
Mi agradecimiento siempre a Carlos Álvarez del Castillo y Juan Carlos Álvarez del Castillo por este ciclo que hoy termina. Por el respeto y la libertad editorial que siempre tuve y por el apoyo total en los momentos difíciles que eso generó. El RADAR se seguirá encendiendo, por lo pronto, en todas mis redes sociales a partir del 12 de octubre, a mi regreso de unos días que tomaré de descanso. Hasta entonces, y gracias a todas y todos, queridos lectores, por su acompañamiento.