El Paquete Económico para 2027
El próximo 8 de septiembre, a más tardar, la Secretaría de Hacienda deberá entregar al Congreso el Paquete Económico 2027. No es un trámite legislativo más. Será la señal real de lo que la presidenta Sheinbaum y su equipo en Hacienda pretenden hacer con la economía nacional: ponerle un freno creíble al déficit fiscal, o de plano seguir apostando por el endeudamiento con tal de no perder las elecciones intermedias del próximo año.
Los números del gobierno de Sheinbaum, ya han sido demasiado “optimistas” rozando en la fantasía. En los Precriterios 2027, la propia Hacienda proyectó que el déficit —medido como Requerimientos Financieros del Sector Público— en 4.1% del PIB para 2026 y 3.5% para 2027.
Pero el mercado en general no le cree a Hacienda: Citi lo calcula en 4.4% y 3.7%, respectivamente; BNP Paribas anticipa 4.3% para 2027. La deuda pública cerrará 2026 por arriba de 20 billones de pesos, con un costo financiero de 1.5 billones, equivalente a 15.2% del gasto total y 4.1% del PIB —casi 60% más de lo que se destinará a inversión física.
Va a ser difícil sostener otro año como este. La inversión pública acumuló, hasta enero de 2026, 17 meses consecutivos de contracción anual. El costo financiero de la deuda no deja de crecer, y el gasto en pensiones y programas sociales tampoco, simplemente porque cada peso destinado a programas sociales, simplemente se convierte en una obligación del gobierno que no desaparece.
Cuando la única variable con margen real de ajuste es la inversión pública, el resultado previsible es que el recorte vuelva a recaer ahí, exactamente en el componente que más necesita el país para elevar su crecimiento. El gasto inercial se incrementa y como consecuencia el gobierno debe recortar su gasto en inversión pública, la que en muchos casos ayuda a detonar la propia inversión privada.
El espacio fiscal se agota, y con él se van apagando, uno por uno, los pocos motores que le quedan a la economía nacional. El consumo privado, que representa cerca de 70% del PIB, ya muestra signos claros de agotamiento: el Indicador Oportuno del Consumo Privado del INEGI pasó de un crecimiento anual de 2.5% en junio a 2.2% en julio, con una variación mensual prácticamente nula. Es el motor más importante de la demanda interna, y viene perdiendo fuerza mes tras mes desde el arranque del año.
El crédito, que había sostenido buena parte de ese consumo, tampoco puede seguir haciéndolo indefinidamente. La cartera de crédito al consumo de la banca creció 7.3% real anual en el primer trimestre de 2026, por debajo del 8.4% del cierre de 2025. Mientras el crédito se desacelera, la morosidad sube: llegó a 3.35%-3.73% en créditos al consumo hacia mediados de 2026, su nivel más alto desde 2021, y los castigos de cartera alcanzaron casi 8% en mayo. Moody's ya lo advirtió: la deuda de los hogares pasó de 16.2% a 17.4% del PIB en dos años, y el crecimiento del crédito ha superado la mejora en la capacidad de pago de quienes lo reciben. El apalancamiento de las familias no puede sustituir para siempre al crecimiento económico real.
Y como si hiciera falta una ironía más, el éxito exportador de la electrónica que tanto se presume en Jalisco, simplemente no está creando el empleo formal que el país necesita. Las industrias de la transformación perdieron 127 mil 200 puestos de trabajo registrados ante el IMSS en 2025, la segunda mayor caída en veinte años. En el primer trimestre de 2026 apenas se sumaron 63 mil 119 empleos manufactureros, el peor arranque de año desde 2020, con los patrones afiliados contrayéndose 2.7% anual. En todo el primer semestre de 2026 el país generó únicamente 262 mil 628 puestos de trabajo formales en total, muy por debajo de los 100 mil mensuales que se necesitan solo para absorber a quienes se incorporan cada mes a la población económicamente activa.
Ese es el telón de fondo con el que llega el Paquete Económico 2027. No hace falta ser adivino para anticipar el dilema en el que están la gente de Hacienda y la presidenta: en año electoral, con el espacio fiscal agotándose y los motores de crecimiento apagándose, siempre es más fácil prometer más gasto que disciplina. Pero las calificadoras —Moody's, Fitch y S&P— ya han advertido sobre el riesgo que representa para el grado de inversión de México seguir postergando el meter en orden las cuentas públicas.
Este 8 de septiembre lo sabremos. Si Hacienda entrega un paquete que contenga un plan realista para atacar el déficit sin sacrificar la inversión, habrá una señal de que la sensatez no ha abandonado por completo al equipo gobernante.
Si en cambio, el ajuste vuelve a recaer en la inversión mientras el gasto corriente y el costo financiero siguen creciendo sin freno, quedará claro que la prioridad no es la economía, sino las elecciones. Y entonces sí, espere un 2027 amarrado con alfileres.
Israel Macías López. Economista, Profesor en la Universidad Panamericana en Guadalajara.