Ideas

El Doc y el tiempo perenne de sus utopías

Este artículo es versión de lo presentado el 21 de mayo en el reconocimiento que el Iteso, Jalisco Cómo Vamos y el Nogrupo le hicieron a Jorge Alonso, el Doc.

Me gusta un ardid literario, una astucia, dice Borges, que podría describir así: que declare que puedo hacer algo no significa que lo haré, aunque termine haciéndolo. Pablo Neruda lo practicó en el verso inicial del Poema XX, del libro “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”: “Puedo escribir los versos más tristes esta noche”. Luego de semejante declaración, se arranca, pero no a escribir los versos más tristes, sino a describir su tristeza y la causa de ésta, aunque deja, a mi entender, implícito un mensaje: que cada cual determine si en ese poema están los versos más tristes o nomás el poeta más despechado que convoca a mirar el calibre de su tristeza.

Nada más remoto a mi ánimo que autodenominarme poeta, ciertas graves responsabilidades siempre se las echan a uno los demás; sin embargo, me siento como para afirmar: esta noche puedo escribir el mensaje más gozoso, apurado por la emoción que Jorge Alonso, el Doc, con sus pensares y sus haceres, con su ser amigo y maestro, concita en mí.

Antes de mi intervención, Guillermo de la Peña, Paola Lazo, Jaime Preciado, Jorge Regalado, Carmen Díaz y Alberto Aziz hablaron de los temas que al Doc lo han movido y desde los cuales él, a su vez, ha movido a tantas, a tantos, ya sea al estudio y a la generación de conocimiento, a manifestarse e indignarse, o las dos cosas. No puedo quitarme una imagen del Doc, su remate en tantas reuniones: luego de imponerse de algún manejo, de los de siempre, de cualquier gobernante: levanta la mano, destaca su índice flamígero y exclama: “¡Son unos pillos!”.

Esas tantas reuniones comenzaron en 2004, en 2005 se “formalizaron” en lo que dimos en llamar el Nogrupo, y no han cesado. Al Nogrupo podríamos definirlo como de reacción rápida, formado por amigas y amigos que nos dábamos a la tarea de salir a dar nuestra opinión (hace mucho que no lo hacemos). Por ejemplo, cuando el nombramiento de Felipe de Jesús Cibrián como presidente de la CEDHJ publicamos que no nos parecía idóneo, señalamos su lazo directo con los políticos más conspicuos del Estado; ni este dato ni nuestro parecer impidieron al Congreso incurrir en su nombramiento. Lo bueno fue que, al poco tiempo, el ombudsman demostró que no estábamos equivocados. En otra ocasión hicimos una valoración de quienes se postularon para ser consejeros del Instituto Electoral; causamos escozor, hubo reacciones iracundas, preguntaban aquí y allá en dónde sesionábamos; al cabo, fueron designados quienes los imbatibles acuerdos en lo oscurito habían determinado. Al menos agitamos el estanque de la renacuajo-política, no fue incidencia de la que perseguíamos, aunque algo sí fue. Pasado el trance, el Doc hizo un mea culpa que atañía al Nogrupo, respecto a uno de los aspirantes al que calificamos bien: “La verdad es que, con él, nos equivocamos”, dijo.

El Nogrupo: Paola Lazo, Isabel Sepúlveda, Isabel Blanco, Miguel Bazdresch, Jaime Preciado, Jorge Rocha, Joaquín Osorio, Enrique Valencia, Rubén Alonso, José Bautista; alguna vez en la alineación estuvieron: Regina Martínez, Ivabelle Arroyo y Paco Morfín, a quien este mundo se le hizo chico para poner en práctica el otro, su mundo.

Los episodios narrados sucedieron entre 2005 y 2008. Hubo más incursiones del Nogrupo en la arena pública: en 2010, un conciliábulo de jóvenes decidió amotinarse contra la construcción del “puente atirantado”: montaron un campamento en el desaparecido camellón de la Av. Lázaro Cárdenas, muy cerca de la Av. López Mateos; además de que tratamos de que el Gobierno del Estado dialogara con ellas, con ellos, se nos puso hacer una mesa pública ahí mismo, en el camellón, para que hablaran sobre el combatir de las y los opositores a la obra, Jesús Carlos Soto Morfín, Pablo Montaño, Rossana Reguillo, Juan Diego Castillo y el Doc Alonso.

Pero el Nogrupo no es sólo eso, es encuentro entre unas y unos que a veces coinciden, a veces no —de ahí el nombre— y que desde hace más de veinte años no han dejado de debatir, de analizar (recuerdo con admiración una lección de geopolítica que Enrique Valencia preparó para nosotros, a partir de su conocimiento sobre Corea); pero, sobre todo, no pierden la capacidad de recuperarse del pasmo que con tenacidad provocan los manejos políticos, perversos, deshonestos, de los poderosos; y el Doc es también ejemplar en esta materia: la esperanza está en no perder la voluntad por construir la democracia de y con los de abajo, tampoco la voluntad por aprender y hacer sociedad, colectivamente.

Así ha sido, así es la interacción con el Doc Alonso, democrática, horizontal; su potencia intelectual, su genio para leer, ponerse al día, así tenga que desechar certezas y luchas previas, y para escribir sin cesar, no sólo para no quedarse rezagado y estar a la altura de los tiempos, en cada tiempo, sino para ponerse sin aspavientos por delante y abrir paso a las utopías por las que trabaja con denuedo, y las que, en diálogo, sin el ánimo de imponerse —no más allá del que tenemos cualquiera—, da el privilegio de dialogar, debatir con él, de gozar su compartir que en medio de los peores escenarios no escatima el humor y el sarcasmo. Le debo tanto y no lo sabe: su ser generoso no se fija en esa “minucia”; o, pensándolo mejor, quizá sí lo sabe y le da pena que algo de él tenga que ver conmigo.

Menté a Neruda, cito a un poeta argentino, Roberto Juarroz: “cuando uno hace que las cosas estén presentes por su ausencia, es cuando las cosas están”. Democracia, justicia, igualdad, honestidad, libertad… cuánta ausencia de todas éstas, Doc, sin embargo: te has aplicado para que esas “cosas” estén. ¿Escribí nerudianamente el mensaje más gozoso? Ustedes dirán.

agustino20@gmail.com

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