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El derecho a llevar tu auto al taller que prefieras

Hasta principios de los años 90, cuando comprabas un auto, este venía con una caja básica de herramientas. Generalmente incluía un gato mecánico, un par de desarmadores, unas pinzas y, a veces, un pequeño gancho para quitar las “polveras” (cuando el consumidor en México aún aceptaba autos sin rines de aluminio). Hoy agradeces si tiene tapetes.

En esa época también podías elegir si llevabas el auto a la agencia para su mantenimiento y posibles reparaciones o al “Tuercas”, ese mítico personaje de barrio que reparaba todo lo que le llevaran. No siempre bien, no siempre barato, hay que decirlo. La época dorada del Tuercas comenzó a terminar con la llegada de las computadoras, esa misteriosa caja supuestamente inteligente que controlaba cosas que un mecánico ya no podía atender por sí solo.

Ahora, con el dominio de los sistemas de cómputo, las marcas se aprovechan para restringir el acceso al software de sus autos, forzando al consumidor a reparar sus vehículos en los distribuidores autorizados. Esto ha provocado batallas legales e incluso políticas, principalmente en Europa y Estados Unidos. Y el tema está lejos de terminar.

En 2024, los europeos establecieron una ley que obliga a los fabricantes de equipos electrónicos, incluidos autos, celulares y hasta refrigeradores, a ofrecer partes de repuesto a precios razonables, buscando evitar la obsolescencia programada. Las marcas le dieron la vuelta con una estrategia que comenzó con BMW. Sus autos, fabricados después de 2020, solo aceptan y reconocen una autoparte si esta está hecha para ese vehículo, con su número de serie incluido. En otras palabras, instalar una pieza idéntica, incluso fabricada por la propia BMW, no es suficiente: es necesario acceder al sistema del fabricante y obtener su autorización para instalarla.

Obviamente, esa autorización no se otorga a cualquier taller y obliga al consumidor a reparar sus autos en las agencias, por el precio que ellas quieran, claro. Mercedes-Benz y Volkswagen no tardaron en copiar el modelo.

En Estados Unidos, su presidente actual firmó una ley que le da a la gente el derecho de reparar su auto donde quiera. Pero del dicho al hecho aún hay cosas que resolver y una de ellas es la independencia de los estados que conforman la Unión Americana. Cada uno de ellos tiene que legislar sobre el tema y solo Massachusetts y Maine han otorgado realmente ese derecho al consumidor.

Los hackers

Un caso que sí se resolvió en favor de los consumidores ocurrió en el vecino del norte con el fabricante de tractores John Deere (JD), que negaba el acceso a su software a cualquier taller independiente y, con ello, limitaba el derecho a la reparación. Comprabas un tractor, pero su funcionamiento seguía siendo controlado por el fabricante. Hasta que este año, después de ver caer sus ventas por el desprestigio provocado por este tema, JD firmó un acuerdo, valorado en 99 millones de dólares, mediante el cual garantiza el acceso a su software a talleres independientes.

La pregunta es si esto llegará o no a la industria automotriz. La propia BMW ya ha mostrado interés en controlar incluso otras funciones, cobrando por permitir el uso de los calefactores de los asientos, por ejemplo. Al igual que con John Deere, compras el coche, pero no su uso completo.

Tesla y Apple también son partidarias de mantener ese control, y el argumento de todas es que dar acceso al software equivale a abrir una puerta a los hackers, que podrían interferir de manera remota con los sistemas del vehículo, incluidos algunos tan delicados como los frenos. Es un argumento sólido, pero no me parece suficiente. Como consumidor, uno debe tener el derecho de decidir quién repara un producto que compró, incluso si existen riesgos.

En México no tenemos una legislación sobre este tema, pero, en la práctica, muchas veces tampoco tenemos el derecho de reparar nuestros autos donde queramos. Si roban la computadora de tu coche, probablemente cortando también los arneses, que son más caros que la propia computadora, prácticamente te obligan a acudir al mercado negro por esas partes, porque el costo de esa reparación por fuera puede ser hasta cinco veces menor que en la agencia.

El tema, más allá de los videos de políticos firmando acuerdos supuestamente en favor de los consumidores, está lejos de resolverse. El caso de John Deere, más por su reacción ante la caída de sus ventas que por otra cosa, sentó un precedente mucho más importante que algunos decretos. Ojalá esto termine reflejándose en la industria automotriz.

oliveiraserg@gmail.com

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