El consumo se sostiene por la deuda
Se nos repite y se nos repite que el mercado interno es el gran motor inagotable de la economía mexicana. Los indicadores económicos cuentan otra historia. El Indicador Mensual del Consumo Privado del INEGI no registró variación en julio (0.0% mensual) y avanzó apenas 1.1% anual. El Indicador Oportuno del propio INEGI anticipa un repunte de 0.4% en agosto y una nueva caída de 0.1% en septiembre, con crecimientos anuales de 0.9% y 0.6%, respectivamente. Eso no es un “motor inagotable”: es un motor que se está quedando sin gasolina.
El consumo no se estanca porque la gente esté harta de comprar, sino por falta de ingresos. Entre enero y septiembre, el IMSS registró 410,200 nuevos empleos formales, la menor creación para ese periodo desde 2020 y antes de eso desde 2009. El repunte de 128,803 puestos en septiembre fue bienvenido, pero llegó después de apenas 38,319 en agosto y 55,024 en todo el segundo trimestre. El salario base de cotización promedio, de 666 pesos diarios, retrocedió 7.1 pesos frente a agosto.
Con la formalidad laboral perdiendo ritmo y los alimentos presionando el bolsillo, el poder adquisitivo de las familias es más un espejismo que una realidad. El hogar mexicano no gasta por abundancia, sino por pura necesidad.
¿Cómo se sostiene entonces el gasto? Tristemente con deuda. En junio, el crédito vigente al consumo de la banca comercial creció 7.6% real anual, según Banxico. Las tarjetas de crédito avanzaron 8.2% —cuarto mes consecutivo de aceleración, con un saldo de 709,267 millones de pesos— y el crédito automotriz, 11.6%. En el primer semestre, la economía creció en promedio 1.2%. El endeudamiento de los hogares crece más de seis veces más rápido que el PIB. En julio, el crédito al consumo todavía avanzaba 7.1%.
Y esa deuda ya empezó a cobrar factura. La morosidad del crédito al consumo llegó a 3.35% en mayo, el nivel más alto para ese mes desde 2021. En tarjetas bancarias, la cartera vencida ascendió a 25,872 millones de pesos en junio, con un índice de morosidad de 3.73%. En julio, la cartera vencida del consumo bancario alcanzó 64,443 millones, 34.6% más que un año antes, mientras que la del financiamiento bancario al sector privado llegó a 194,565 millones, su nivel más alto en registros comparables y creciendo 3.6 veces más rápido que el crédito total. En las Sofipos, casi diez de cada cien pesos de consumo ya están en mora: 9.41% en abril.
Hay quien afirma que esta expansión del crédito y de la deuda es el reflejo de una mayor “inclusión financiera”, con millones de personas incorporándose al sistema formal, y que la banca se mantiene sólida; el propio Banxico no ve vulnerabilidades relevantes. Es cierto que los créditos garantizados conservan morosidades bajas. Pero el deterioro se concentra justo en los productos no garantizados, los que financian el gasto cotidiano y que son los que terminan cobrando las tasas más altas.
Y son estos mismos créditos “rápidos” que se obtienen a través de apps desde el teléfono celular, los que no sirven para comprar una casa: sirven para llegar a la quincena.
La deuda funciona como un paracetamol: baja la fiebre del consumo, pero no cura la infección. Maquilla un gasto aparentemente sano en el corto plazo y traslada la presión al balance de los hogares y, tarde o temprano, al sistema financiero. Según Moody's, la deuda de los hogares pasó de 16.2% a 17.4% del PIB en dos años, y el crédito ha crecido más rápido que la capacidad de pago de quienes lo reciben. La tarjeta de crédito puede sustituir al ingreso durante unos meses, pero no durante años.
Ahora bien, El Buen Fin llega del 13 al 17 de noviembre, con un día más que en otros años. En 2025, las ventas de los comercios participantes alcanzaron 219,200 millones de pesos. Habrá, seguramente, nuevos récords anunciados. La pregunta es con qué dinero se lograrán: con hogares que llegan con el crédito tensionado, con mensualidades sin intereses de por medio y con el aguinaldo todavía por recibirse. Un récord de ventas financiado con deuda no es fortaleza; es adelantar un poco la cuesta de enero.
El consumo interno no se enfría por falta de ofertas, sino por falta de ingresos. México necesita más empleos formales, salarios que aumenten con la productividad y una economía que crezca más allá de un 1 por ciento, no con más tarjetas de crédito.
Mientras el gobierno se endeuda para sostener su gasto, las familias se endeudan para sostener su consumo: dos deudas financiando una economía que no crece. Tarde o temprano, las dos alcanzarán su límite.
Israel Macías López. Economista, Profesor en la Universidad Panamericana en Guadalajara.