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Zuckerberg y el algoritmo al banquillo

La demanda es por 1.4 billones de dólares, más o menos lo que vale Meta, la compañía propiedad de Mark Zuckerberg y cuyas caras reconocibles son Facebook e Instagram. Aunque tiene denuncias en todo el mundo, el llamado macrojuicio que comenzará esta misma semana en una corte de Oakland, California, la promueven fiscalías de cuatro Estados de la Unión Americana: California, Colorado, Kentucky y Nueva Jersey, todos ellos con Gobiernos demócratas que, ante la falta de acción contra las compañías de redes sociales del Gobierno de Trump, decidieron interponer las demandas directamente en el Estado donde reside la compañía. Eran tantas las demandas en estos cuatro Estados que el poder judicial californiano optó por realizar un solo megajuicio, según reporta Jesús Sérvulo en el portal de “El País”.

¿De qué acusan a Meta? De mentir sobre los riesgos a la salud de los niños por el uso de plataformas y de utilizar tecnologías para atraer, involucrar y, en última instancia, atrapar a jóvenes y adolescentes y causar daños psicológicos profundos, anteponiendo el lucro sobre el interés superior de la niñez. Parece una locura, pero Meta ya perdió dos juicios este año. El más reciente en Nuevo México, donde la empresa de Zuckerberg fue condenada a pagar 567 millones de dólares a un fondo para la salud mental de los jóvenes. En California un adolescente le ganó una demanda por 6 millones de dólares porque, dijo y probó, que el uso de las redes sociales le causaron problemas psicológicos.

El fondo del juicio es si el algoritmo creado por Meta fomenta el desplazamiento infinito y por tanto el uso compulsivo de las redes sociales. Lo que va al banquillo es si los desarrolladores de Meta sabían o no del efecto que tiene este tipo de algoritmos y, por lo mismo, si privilegiaron los intereses de la empresa sobre la salud de los niños y adolescentes. Meta, por supuesto, niega que los algoritmos tengan esa función, y que en todo caso ellos tienen, como todas las redes sociales, problemas para establecer con confiabilidad la edad de los usuarios.

Más allá de los montos demandados que significarían el fin de Zuckerberg y Meta (lo cual es muy poco o nada probable), la demanda pone a discusión el uso de algoritmos con lógica de desplazamiento infinito. El juicio apenas comienza y si avanza seguramente terminará en la Suprema Corte, hoy controlada por el trumpismo y con una visión en la que la libertad económica está por encima de cualquier otro derecho.

Más allá de intereses económicos y de la necesidad social de poner límites, los controles implican pérdida de libertades. Hace apenas unos días, en Francia, las reformas propuestas por entusiastas legisladores y el presidente Macron terminaron siendo rechazadas por el Consejo Constitucional que argumentó que la reforma, en particular el artículo 15 de esta, vulneraba de forma desproporcionada la libertad de expresión y los controles exigidos violaban el derecho a la privacidad.

El control de redes sociales por su efecto en los niños y jóvenes es una discusión que apenas comienza y será larga, quizá eterna. Más allá de pasiones y opiniones, lo mejor de este debate es que se esté dando.

diego.petersen@informador.com.mx

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