Ideas

Y sí, la ley es la ley

A principios de los años noventa, cuando se disputaba la transición a la democracia, se discutió la posibilidad de una candidatura única entre el PAN y el PRD en Jalisco para arrebatarle el poder al PRI. El candidato natural de esa posible coalición era sin duda Gabriel Jiménez Remus, el político más destacado de la oposición, y en esa calidad fue invitado a un diálogo con lo que entonces era un incipiente movimiento LGBT que ni siquiera era conocido aún con esas siglas.

Al terminar la charla, una mujer le dijo a Jiménez Remus que si en ese momento firmaba que en caso de ganar apoyaría el matrimonio igualitario, le daba su voto. La respuesta de Jiménez Remus fue impecable. Le dijo que no, que él jamás apoyaría una ley de esa naturaleza porque no estaba de acuerdo con el matrimonio igualitario, y que lucharía como político para que no pasara, pero que, si esa ley se aprobaba en el país, lucharía con la misma fuerza para hacerla cumplir. Independientemente de sus convicciones, Gabriel era un demócrata, de esos que tanta falta hacen hoy.

Los que tanto criticaron y gritaron que López Obrador se brincara las trancas y acuñara la frase “a mí no me vengan con que la ley es la ley” hoy festejan que Jalisco haya desobedecido una resolución de la Corte, no de esta Corte de los ministros del acordeón, sino de la Corte a la que decían defender. Se puede estar en total desacuerdo con que un menor de edad tenga el derecho de acudir con sus padres al registro civil y cambiarse el nombre por otro de un género distinto (es eso, y solo eso lo que autoriza la ley), pero ya la Corte falló que ese derecho les asiste a las niñas y los niños de acuerdo con la Constitución y los tratados internacionales que México ha firmado. Todos estos derechos surgen y son posibles gracias a la gran reforma a la Constitución que se hizo en 2011 y que promovió el Partido Acción Nacional con Calderón como presidente. Se reformó completamente el capítulo uno de la Carta Magna, que consignaba las garantías individuales, para convertirlos en derechos, poniendo a la persona al centro y como sujeto de los derechos.

En su ya particular “Estilo Jalisco”, sintetizado en la frase “sobre mi cadáver”, el gobernador Pablo Lemus festejó que el Congreso rechazara homologar la ley del registro civil tal como lo obligó la Corte al Congreso de Jalisco y azuzó a la tribuna para festejar un triunfo pírrico. El mismo sabe que hoy por hoy eso es lo que mandata la ley, porque mientras fue alcalde de Zapopan y de Guadalajara decenas de niñas y niños hicieron su cambio de nombre en los registros civiles de esos municipios amparados en la resolución de la Corte y en el decreto que emitió Enrique Alfaro.

En la democracia, por encima de las ideas propias, está el respeto al marco legal y los derechos de todos. La democracia necesita demócratas y el Estado de Derecho defensores de la ley, no populistas, sean del color que sean.

diego.petersen@informador.com.mx

Temas

Sigue navegando