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La sonrisa, dos años después

Dos años después la sonrisa es más escasa, y más fingida. Dos años después del triunfo arrollador de Claudia Sheinbaum en la elección presidencial de 2024, el movimiento que la llevó a la Presidencia luce desquebrajado, lleno de inquinas y fracturas internas.

Algunos de los liderazgos regionales están en franca rebelión, otros perseguidos. Los que mandaban, es cierto, ya no mandan. Esos que altaneramente prefirieron tomarse la foto de la victoria antes que aplaudir a la presidenta, ya no están donde estaban. Ni “No me digan Andy”, ni María Luisa o Luisa María, como te llames, pero llévate tus cositas, ni Adán Augusto López tienen el control del partido, pero tampoco lo tienen la Presidenta y su gente. La alianza con el Partido Verde y el PT cruje.

Dos años después la economía no crece. La inversión está estancada, la confianza no logra restablecerse, las evaluaciones de las calificadoras bajan. La inflación no cede. Las obras insignia del Gobierno de López Obrador cuestan más de lo estimado. La deuda crece; las remesas bajan. Los ricos son más ricos que nunca y los pobres menos pobres. La economía es más informal.

Dos años después nuestro país es menos democrático y las instituciones más endebles, no en opinión de los opositores, sino de las instituciones internacionales que evalúan la calidad de la democracia. La reforma judicial demostró ser un fracaso, no solo a los ojos de los inversionistas y críticos sino de la propia Presidenta que ya la volvió a reformar. La tentación autoritaria crece, las continuas reformas al sistema electoral no tienen más objetivo que mantener el poder a toda costa.

Dos años después los homicidios se han reducido drásticamente, a niveles no vistos en ningún otro país, al grado de generar sospecha en la veracidad de la cifra. Las desapariciones, sin embargo, no paran y las masacres (eventos violentos con varias víctimas, les llaman ahora) tampoco. Hay un combate frontal a la producción y distribución de drogas, particularmente el fentanilo, con una eficiencia nunca vista. Se encarcela a presidentes municipales en funciones por vínculos con el crimen organizado, algo que no se veía desde que Calderón detuvo a alcaldes michoacanos.

Dos años después, la colaboración con el Gobierno de Trump que había sido miel sobre hojuelas con la extradición sin juicio de cuanto criminal solicitaba la justicia americana y la detención y abatimiento del Mencho, el capo más importante del país, se vino abajo por la solicitud de detención y extradición de un gobernador morenista.

Dos años después la compra de medicinas sigue sin resolverse, los maestros aliados están en pie de lucha, el equipo de Gobierno no termina de cuajar y la presidenta no parece tener las riendas del poder completamente dominadas.

Dos años después la sonrisa de la Presidenta, como la del payaso, es pintada.

diego.petersen@informador.com.mx

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