¿Tienen sentido las alianzas?
Conforme se acerca el proceso electoral de 2027 en las filas de la oposición regresa la duda existencial: ¿hacer o no hacer alianzas? En el PRI tienen claro que sí, cualquier cosa que les ayude a mantenerse con vida lo ven con buenos ojos. El PAN dice que las alianzas le han hecho mucho daño, que les ha quitado identidad, pero su intención de voto no sube ni refundándose; quizá la explicación esté en otro lado. Movimiento Ciudadano dice que con el PRI ni a la esquina, que ellos son mejores solitos, aunque dejan siempre abierta la posibilidad de una alianza con el PAN.
Lo que se les viene a los tres partidos no es fácil y si alguna posibilidad hay de quitarle a Morena el control de la Cámara de Diputados -y evitar así más reformas constitucionales que busquen consolidar la hegemonía morenista- es ganando al menos cien de los 300 distritos (en la elección pasada ganaron 46 entre los tres, de los cuáles solo uno fue para MC).
Hasta ahora el gran ganador de la polarización y el gran impulsor de la etiqueta PRIAN ha sido Morena. Polarizar les dio muy buen resultado en la elección anterior: ellos o nosotros, el pasado o el futuro. El problema, en términos electorales, es que Morena hoy ya es pasado, sus acciones y errores de gobierno comienzan a pasar factura y a afectar a la población. Polarizar podría canalizar voto a los de enfrente, por lo que ahora les es más conveniente que sean varios partidos y no un gran frente opositor quien capitalice el enojo.
En los comicios estatales no es igual de claro. El PRI no tiene ninguna gubernatura en juego. El PAN parece tener dos de las tres elecciones donde gobierna (Aguascalientes y Querétaro) más o menos controladas; no así Chihuahua. MC enfrentará una elección a tercios en Nuevo León, con el PRI como principal enemigo, lo cual complica el diálogo nacional con el PAN. Hay varias elecciones donde en alianza los partidos de oposición podrían poner a Morena en apuros, como Baja California, Sonora, Zacatecas e incluso Michoacán. Se antoja interesante para la oposición competir en alianza en algunos Estados, el problema es que las dirigencias nacionales no dan margen para que los partidos decidan a nivel local.
En elecciones cada vez más polarizadas las alianzas tienen un sentido pragmático. A la larga tienen un efecto sumamente nocivo, pues eclipsan la posibilidad de un sistema de partidos que represente el abanico ideológico de una sociedad, pero hoy lo que está en juego es el andamiaje democrático, el sistema electoral y las mismas reglas del juego.
Las alianzas, sean las oficiales o las de oposición, solo contribuyen a la polarización. Tristemente, así estamos, tenemos un país cada día más polarizado donde palabras como izquierda o derecha, social-democracia, o liberalismo, izquierda o derecha no significan nada.