Lemus: punto de quiebre
Lo que pasó el domingo es un punto de quiebre en el Gobierno de Pablo Lemus. Nada volverá a ser igual porque lo que se rompió es la confianza, y eso no tiene compostura. Se puede restaurar, como una porcelana vieja, pero hasta ahí. Y él tampoco: tenderá a ser un gobernador más desconfiado, más aislado. Le ha pasado a casi todos los gobernadores: a Emilio González Márquez con la mentada; a Guillermo Cosío Vidaurri con la marcha de las mujeres de negro; a Enrique Alfaro con la represión en la Fiscalía, por citar solo algunos casos. No es el fin del Gobierno; es el fin de la luna de miel.
Lo peor que le puede pasar al Gobierno de Pablo Lemus, y por tanto a Jalisco, es que no entienda qué pasó, que se encierre en las explicaciones de su cámara de eco, que solo escuche a quienes lo rodean, que son, en gran medida, quienes lo llevaron a cometer los errores.
Algo salió mal, de hecho, muy mal, y el gobernador tiene que entender qué fue lo que pasó. Si se queda solo con el discurso de sus cercanos de culpar a los infiltrados y centrarse en ponerles nombre y apellido a “los enemigos”, no va a comprender lo que sucedió y, por lo mismo, no podrá recomponer. El problema de fondo, y eso no se resuelve “con mano firme”, es que la marcha del domingo no solo es la nota nacional, sino también el tema de conversación de todas las sobremesas. Cuando la indignación sale de los cafés y de los restaurantes de grilla y se instala en las casas, eso ya no se resuelve con videos.
El Gobierno de Lemus no es culpable de años de malas decisiones en el SIAPA ni de la irresponsabilidad de los ayuntamientos que contaminaron el agua de Las Pintas. De lo que sí es responsable es del manejo político de la crisis, desde el día en que minimizaron las quejas por la mala calidad del agua y no dimensionaron el tamaño del enojo, hasta la decisión de meter a los bomberos a Casa Jalisco, dispersar una manifestación con chorros de agua y gases y no haber sabido controlar a los manifestantes violentos.
Hacer cambios en el gabinete tiene riesgos. No hacerlos solo asegura que las cosas van a seguir igual. Pero, para resolver un problema, lo primero que hay que hacer es identificarlo y, en política, que es cualquier cosa menos una ciencia exacta, no hay dos personas que vean las cosas igual. Todos los amigos le van a tirar netas, comenzando por su equipo más cercano. Los únicos que pueden ayudar al gobernador en este momento son los ex gobernadores, esos que ya pasaron por momentos similares y que saben que la responsabilidad no se comparte.
El domingo fue un punto de quiebre para el Gobierno de Lemus; fue el momento en que entendió lo que significa la soledad del poder.