Lemus, Delgadillo y la herencia alfarista
Pablo Lemus y Verónica Delgadillo tienen ante sí un problema que no es común, pero no por ello menos complejo. De cara a la elección de alcaldes y Congreso local, van a tener que optar entre la sobrevivencia o la lealtad al líder que los designó, en este caso Enrique Alfaro.
En la fábula de las dos cartas, el líder le deja a su sucesor como única herencia dos sobres en la caja fuerte. Cuando todo falle, abre la primera, le dijo. Cuando el sucesor está en problemas abre el sobre número uno y dentro de él solo hay una frase: “échame la culpa de todo”. El nuevo y empoderado líder sigue la recomendación y el éxito es rotundo. Cuando vuelven los problemas acude de nuevo a la caja fuerte y abre segundo sobre que solo dice: “escribe dos cartas”.
Si Lemus y Delgadillo quieren salvar el pellejo tienen que romper con Alfaro y, como dice la fábula, echarle la culpa de todo. No porque no lo estimen o porque no sea su cuate, sino porque en la política lo que está en juego es el poder y hoy por hoy lo que está poniendo en jaque la reelección de Verónica Delgadillo en Guadalajara y la posibilidad de que Pablo Lemus tenga un final de sexenio con gobernabilidad es el tema del agua. No hay manera de que salgan adelante si no hay un reconocimiento de los errores del sexenio anterior.
El agua para 50 años que presumió el ex gobernador Alfaro en aquel video fantasioso y que, visto en retrospectiva parece una burla, se ha convertido en la imagen del fracaso emecista en materia de agua para la ciudad. De muy poco sirven los video del gobernador Lemus anunciando nuevas obras, o los de la alcaldesa de Guadalajara Verónica Delgadillo tratando de mostrar lo complejo del sistema, si no son capaces de explicar que el dineral que se gastó en Zapotillo y luego en los acueductos que conectan el sistema de presas del sistema del rio Verde (Zapotillo-El Salto-Calderon y la planta de tratamiento del San Gaspar) no solo no resolvieron el agua para 50 años, sino que apenas lograron aportar mil litros por segundo al sistema de agua potable de la ciudad, el metro cúbico más caro de la historia de Guadalajara y probablemente del país.
El problema es que muchos alfaristas, e incluso de quienes acompañaron a Alfaro en las malas decisiones sobre el agua, siguen en las nóminas de ambos Gobiernos e incluso tomando decisiones sobre los problemas que ellos mismos crearon.
Morena ya cantó el tiro: la campaña girará en torno al agua contaminada y el desastre del sistema hidráulico de la ciudad. Defender la herencia alfarista es hacerse harakiri en público. Distanciarse de Alfaro y el alfarismo requiere equipo e ideas propias. Es el momento de mostrarlas.