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Las chelas del Bienestar

La perversión del objetivo, sea en la administración pública o la administración privada, no es otra cosa que el olvido de la meta original, la razón de ser de un proyecto, para enfocarse en otros que, por la razón que sea, se volvieron más importantes o urgentes. Cuando en una organización se pierde el objetivo, y nadie sabe para qué trabaja, es muy fácil y común que lo que siga sea el fracaso.

¿Para qué se hizo el Tren Maya? Para comunicar a las comunidades de la Península de Yucatán, siempre olvidada de la mano del centro. Alguien, todos sabemos quién, decidió, no sin razón, que la prioridad debería ser desarrollar el Sur del país y que para ello resultaba estratégico conectar por ferrocarril toda la península. Pasaron de la idea a la ejecución; nunca existió un proyecto ejecutivo. Quisieron hacerlo barato, usando los derechos de vía que ya estaban, y les salió carísimo. Pequeño detalle, a nadie se le ocurrió preguntar a los pobladores cómo y a dónde se mueven. Luego decidieron que el tren no solo lo administraría el Ejército, sino que de ese negociazo saldrían sus pensiones. Para que eso fuera posible decidieron crecer el tamaño de un negocio, así que brillantemente pensaron que el tren fuera turístico. Si ya el Ejército se iba a meter al turismo, pues de una vez hay que darles hoteles y aeropuertos. Y si ya tenemos todo eso, por qué no tener una marca propia de cerveza. Salud.

El objetivo original del proyecto, conectar a los habitantes de la península, quedó olvidado. Ya nadie habla del número de pasajeros, mucho menos hay un indicador de cómo dinamizó la economía o cómo el tren facilitó la vida de las comunidades originarias (que nunca fueron escuchadas). Hoy el tema es cuánto dinero pierde el tren y qué hacemos para que pierda menos.

Las chelas del Bienestar son el resultado inesperado, aunque no sorprendente, de una obra pública construida a base de puras ocurrencias, decisiones tomadas sobre las rodillas y la infaltable abyección de los equipos gubernamentales siempre dispuestos a responder “lo que usted diga, señor presidente”.

Dice ahora la Presidenta Sheinbaum que las finanzas del Tren Maya se van a estabilizar en 2029 porque están ya adecuando el proyecto original para que funcione también como un tren de carga. Suponemos que no es otra ocurrencia y que ya tienen estimada la demanda de lo que va a mover ese tren, en una zona donde no hay puertos de gran calado ni una industria desarrollada.

Suponemos también que ya entrenaron a algunos generales en temas de logística comercial, que es muy diferente a la militar, porque de otra manera el de carga terminará siendo otra carga más. Hay que darles el beneficio de la duda, dirán algunos. Y sí, en una de esas México vuelve a ser sede del Mundial en 2050, y, quién quita, el patrocinador principal será la Cerveza Tren Maya.

Porque en el fondo, nos dirán los historiadores oficiales, lo que el presidente visionario siempre tuvo en la cabeza, y por supuesto los conservadores nunca entendieron, era revivir la industria cervecera de la península de Yucatán (que, dicho sea de paso, hacía las mejores cervezas del país: Montejo y León).

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