La dilución de la responsabilidad
La solución a la contaminación es la dilución, suelen decir, sarcásticamente, los encargados de potabilizar el agua. Y sí, efectivamente, no hay agua químicamente pura: hay agua que cumple o no con los parámetros de la norma que establece qué sustancias y en qué concentraciones son aceptables. Potable es el nombre que le damos a esa agua.
Algo similar hizo el director de la Comisión Estatal del Agua, Luis Barboza Niño, al explicar quién contaminó los canales y la presa de Las Pintas que abastecen de agua a la ciudad y cuya contaminación nos tiene hoy en la peor crisis de calidad del agua en décadas, si no es que en toda su historia. En la lógica del director, todos -los municipios, las industrias, el SIAPA, la propia Comisión Estatal del Agua y la Conagua- son responsables, así, en abstracto, de la contaminación que puso en riesgo la salud de decenas de miles de personas y tiene hoy a más de un millón de habitantes de la Zona Metropolitana sin acceso a uno de sus derechos fundamentales: el agua.
Que sean muchos los causantes de esta contaminación no significa que estén libres de responsabilidad. Las empresas tienen nombre y responsable legal; para eso existe dicha figura. Los alcaldes y directores de Obras Públicas que autorizaron fraccionamientos sin drenaje y permitieron que se utilizaran los arroyos para las descargas sanitarias tienen nombre, apellido y un cúmulo de reglamentos que los obligaban a actuar en el ejercicio de sus funciones. Quienes, desde los organismos operadores o reguladores del agua, autorizaron esas prácticas o simplemente dejaron de cumplir con su labor de inspección también tienen responsabilidad. Aquí no aplica la dilución.
Solucionar los problemas tiene que ver, entre otras cosas, con establecer claramente las causas que los originaron. Independientemente de que, en el futuro, si se cumple todo lo que nos van a presentar hoy en la Mañanera, el sistema de canales y la presa de Las Pintas ya no se utilicen para conducir agua destinada al consumo humano, necesitamos tener la certeza de que esas 150 fuentes de contaminación que dicen haber descubierto, y que curiosamente nadie veía antes de la crisis, no volverán a contaminar los cuerpos de agua.
Uno de los indicadores fundamentales para distinguir a las ciudades con mejor calidad de vida y mejores perspectivas de futuro es la manera en que tratan sus cuerpos de agua. En Guadalajara, claramente estamos reprobados. Diluir la responsabilidad política ha sido una de las peores tradiciones de nuestro país y de nuestra ciudad, particularmente en materia ecológica. Hemos visto cómo se cometen los peores crímenes contra el medio ambiente sin que nadie asuma responsabilidad alguna. Si esta crisis no sirve para cambiar la cultura política y la relación que como ciudad tenemos con el agua, habremos desaprovechado una enorme oportunidad.