Hipocresía, eufemismo o razón de Estado
Una de las cantaletas de los Gobiernos de la era morenista es que la derecha es hipócrita. No lo voy a cuestionar. Más aún, comparto que hay una hipocresía esencial en algunos discursos conservadores, particularmente ese que dice defender la vida y solo se preocupa por la vida de los no nacidos, jamás, por ejemplo, por la de los migrantes o los desaparecidos. Se ocupan y preocupan por la moral ajena, pero a la propia la tratan solo como “trapitos sucios” que hay que lavar en casa. Con lo que no estoy de acuerdo con los Gobiernos de Morena es que sostengan que todos aquellos que no están de acuerdo con sus prácticas de Gobierno son conservadores, cuando ellos son los que han adoptado una política abiertamente de derecha.
Lo realmente sorprendente de los Gobiernos que dicen ser la antípoda de la hipocresía es la capacidad que tienen para los eufemismos. La política de comunicación de los sucesivos Gobiernos de la llamada Cuarta Transformación se ha caracterizado por la tenacidad para no nombrar a los problemas por su nombre, aunque hay que decir que en esto la alumna si supera al maestro.
Sheinbaum es la reina del eufemismo. Al colapso de la Línea 12 del Metro que costó la vida de 26 personas, la hoy Presidenta y entonces jefa de Gobierno de la Ciudad de México, siempre se ha referido a éste como “el incidente”. A los descarrilamientos de trenes los llama “anomalías en las vías” o “incidentes ferroviarios”, aunque el del tren Interoceánico dejó 125 muertos. Los impuestos no aumentan, “se actualizan”. Las fosas clandestinas nunca son mencionadas sino como “puntos de interés forense”. A los desaparecidos les llama “personas no localizadas”. La más reciente fue llamarle “extracción sustentable” al fracking, o fractura hidráulica, con la que se pretende extraer el gas del golfo y de la cuenca de Burgos en Coahuila.
Todos los presidentes tragan sapos y hacen cosas contrarias a lo que prometieron en sus campañas.
Calderón prometió no usar el Ejército para combatir al crimen organizado y lo sacó a las calles; López Obrador prometió regresar a los militares a los cuarteles y en cambio terminó entregándoles más de 200 funciones de la administración pública a las Fuerzas Armadas. La doctora Sheinbaum, la Presidenta ecologista, prometió en su campaña que no se usaría la técnica del fracking por el impacto que este tiene en el medio ambiente: consume grandes cantidades de agua, en detrimento de las comunidades; contamina los mantos freáticos y genera grandes cantidades de gases de efecto invernadero. Las nuevas tecnologías, es cierto, han permitido reducir el impacto, no obstante, aunque menor, el daño es esencialmente el mismo.
La Presidenta tiene ante sí un dilema que no se resuelve con eufemismos: preservar el medio ambiente o reducir la dependencia energética. ¿Hipocresía o razón de Estado?