“Dr. Jekyll” y “Mr. Hide” en la 4T
“Dr. Jekyll 4T” lo tiene claro. Urge recuperar el crecimiento económico para que el proyecto social impulsado por Morena tenga futuro. Si la economía no crece sostenidamente arriba del dos por ciento a partir de este año, el empleo comenzará a pauperizarse y a comerse el aumento a los salarios que tanto trabajo costó conseguir.
Hay que bajar el déficit presupuestal a como dé lugar, pero eso implica no tener dinero para invertir. La inversión, pues, tendrá que ser privada, pero los inversionistas nacionales no confían en la nueva institucionalidad política, particularmente en el nuevo Poder Judicial. La inversión extranjera sí, nos repiten una y otra vez, sin embargo, la deuda pública se acerca peligrosamente a los niveles de pérdida de grado de inversión. De acuerdo con los precriterios de política económica para 2027, la deuda significará el 55 por ciento del PIB y la tendencia es que llegue al 60 por ciento en 2030. No hay un solo país con grado de inversión cuya deuda supere ese límite. El riesgo es real.
A “Mr. Hyde 4T” le importan un bledo las preocupaciones de “Jekyll”. Lo importante es lograr el máximo de poder en el menor tiempo posible. La transformación será política o no será. Hay que controlarlo todo, lo económico y lo social; las instituciones y la comunicación; el discurso y la praxis. De nada sirve la economía si al final perdemos el poder, piensa el monstruo.
“Dr. Jekyll”, la Presidenta científica, tiene junto a ella un grupo estudiado y cuidadoso de las formas. Su alter ego, “Mr. Hyde”, rudo y callejero, convoca a la Corte a darle todo el poder a la Unidad de Inteligencia Financiera para que pueda congelar cuentas sin previa orden judicial.
“El derecho de propiedad que es el derecho a la propiedad sí se tiene, pero no el derecho de propiedad”, sentenció la ministra Estela Ríos en un discurso para la posteridad y que seguramente dará mucha confianza a los inversionistas: nada da tanta certeza a la inversión como tener una versión revolucionaria de Cantinflas definiendo la constitucionalidad de las leyes.
“Jekyll” no controla a “Hyde” por una sencilla razón: son uno mismo. En esa dualidad no hay uno que supere al otro, simplemente se anulan. En la novela de Stevenson del siglo XIX, el personaje termina suicidándose. En el caso de Morena no está muy claro cuál será el final, cuál de las dos personalidades terminará domando a la otra, si el monstruo de la política terminará devorando a la visión científica o si la sedienta economía impondrá su lógica implacable. La pregunta es si la Presidenta escribirá el final de su propia novela o dejará que el tiempo y las lógicas del poder y de la economía compitan por su propio destino.