Corrupción: contrapesos y conflicto de interés
Cada que termina una administración los que llegan se escandalizan de lo que sucedía en los gobiernos que, para bien de todos, han terminado, y prometen hacer grandes cambios para que eso no vuelva a suceder. Pero cuando esa administración termina nos damos cuenta de que no solo no hicieron nada para terminar con la corrupción, sino que inventaron nuevas formas de evadir los mecanismos de la ley, mismos que a la llegada de una nueva administración nos dirán que fue sólo una simulación y así hasta el infinito; así ad nauseam.
Hace unas semanas un empresario se me acercó para comentarme las porquerías de la que, como representante de una cámara empresarial, había sido testigo en las compras de un ayuntamiento metropolitano. -No recuerdo haber escuchado tu denuncia, le dije. -Claro que no, era gente muy importante de la cámara; yo no me voy a meter en broncas, insistió. -Entonces renuncia, concluí. No denunció, tampoco renunció.
Los comités de compras de los ayuntamientos y el Gobierno del Estado siguen teniendo como garantes a representantes de las cámaras que terminan siendo inútiles porque se enfrentan a un terrible conflicto de interés
Los comités de compras de los ayuntamientos y el Gobierno del Estado siguen teniendo como garantes a representantes de las cámaras que terminan siendo inútiles porque se enfrentan a un terrible conflicto de interés. No recuerdo una sola rueda de prensa de alguna cámara para denunciar a un compañero que haya vendido a sobreprecio, o que haya hecho X o Y acción para obtener una obra pública, o para denunciar las asignaciones directas, mucho menos que una cámara haya expulsado a algunos de sus miembros por haber cometido actos de corrupción o haber participado conscientemente en un concurso simulado. Nunca. A la postre su presencia en los comités de adquisiciones y de asignación de obra solo han servido para perpetuar la corrupción de la cual uno de sus pares se ve beneficiado.
El esquema de comités de adquisiciones con representación empresarial está ya rebasado pues solo sirve para convalidar y justificar socialmente decisiones previamente tomadas cuando no flagrantes de actos de corrupción. El combate a la corrupción más que buena voluntad requiere del diseño de mecanismos donde las palabras claves son contrapesos y conflicto de interés. En los concursos de obra pública, por ejemplo, los únicos que no deben tener voz ni voto en el comité es la Cámara de la Construcción, y en los comités de adquisiciones no deben estar representados los comerciantes.
No solo hay que rediseñar los mecanismos de los concursos y licitaciones para hacerlos ágiles, confiables y verificables, sino cambiar la representación social para generar verdaderos contrapesos, y sobre todo evitar el conflicto de interés. De otro modo seguiremos en el eterno discurso de lo mal que hacían los de atrás como mantra justificatorio y no como elemento de diagnóstico que nos permita avanzar.
(diego.petersen@informador.com.mx)