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Chapulinismo partidista

Si muchos estábamos con la duda de qué diablos eran las llamadas intercampañas, más allá de que son las que siguen de las simuladas precampañas y están antes de las campañas proselitistas de abril próximo, como lo marca nuestra sobre regulación electoral que ningún jugador cumple, hoy podemos decir que se trata de una especie de mercado y periodo de remates de aspirantes a candidaturas frustradas entre los partidos políticos.

Una dinámica que bien pudiera equipararse al draft de piernas que así como al futbol, degrada, por impúdica, aún más nuestra ya desprestigiada vida política-electoral.

Y es que si bien renuncias a militancias partidistas siempre han existido en la historia política de México, hoy estamos en la inauguración de una inédita época de chapulinismo partidista que no augura nada bueno para nuestra convivencia social.

Recuerdo el cisma priista de los 80´s del que salió Cuauhtémoc Cárdenas, seguido por otros distinguidos priistas (AMLO incluido) desplazados por los Chicago Boys que encabezaba Carlos Salinas de Gortari, para crear el Frente Democrático Nacional con el que para muchos ganó al propio Salinas las elecciones robadas de 1988. O hace cinco años la salida de Andrés Manuel López Obrador del PRD para fundar Morena que encabeza hoy las encuestas presidenciales.

Aquellos rompimientos político-partidistas, empujados igual por la búsqueda del poder, a diferencia de los de hoy, enriquecieron nuestra vida democrática al construir nuevas alternativas. Lo que estamos viendo ahora es el simple cambio de cachucha partidista de los y las que no se alcanzaron el puesto de elección popular deseado en los partidos políticos que decían de sus amores. No precede a sus deserciones un legado interno de denuncia y lucha por la apertura democrática en los institutos políticos que los encumbraron y de los que se van hoy cuando los privilegios terminan.

Esta temporada de tianguis político es una clara consecuencia del pragmatismo a ultranza que guió a las dirigencias de los partidos políticos para construir alianzas con sus antagonistas de siempre. Poco importó dejar a un lado principios, programas y proyectos de nación para ir en la búsqueda del poder por el poder mismo. Es también consecuencia de la renuncia a los procesos democráticos internos y a la vuelta del dedazo y la imposición.

Por eso ningún partido se salva de las renuncias. De algunos saldrán más cuadros que de otros. Sin duda en el PRI y en el PAN se han dado las mayores desbandadas hasta ahora. A otros llegarán más despechados. Morena parece ser el mayor receptor y festeja con bombo y platillo, el no reservarse el derecho de admisión. Estamos, pues, en la primera gran subasta de la ambición exacerbada a la que como electores debemos cerrar el paso.

jbarrera4r@gmail.com

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