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Alfaro y los partidos

No es extraño que Enrique Alfaro diga que él no es miembro y que no milita en MC; lo extraño es que alguien se extrañe. Hace tres años, tras su victoria en Guadalajara dijo exactamente lo mismo. Puede gustar o no, ese es otro tema, pero la relación de Alfaro con los partidos es y ha sido siempre utilitaria.

Comenzó en el PRI, partido que, gracias a sus padrinos (esa era la forma de acceder a las candidaturas en el partidazo) le permitió ser candidato. Abandonó el PRI en el momento en que se le abrieron mejores oportunidades en el PRD, pero cuando se convirtió en alcalde de Tlajomulco lo primero que hizo fue desvincularse del PRD que le estorbaba para gobernar. Fue entonces, en el contexto de aquel enfrentamiento, que declaró a Tlajomulco “municipio libre de Raúl Padilla”. No gobernó con el partido que lo llevó al poder sino con un grupo compacto y eficiente de colaboradores.

A la alcaldía de Guadalajara llegó por MC, un partido en ciernes, al que los alfaristas le dieron hambre de triunfo y modernidad. El otrora partido convergencia, que tenía una imagen decimonónica, se transformó con la llegada de los alfaristas que lo convirtieron en el movimiento naranja y lo usaron para llegar al poder. A pesar de que en esta elección algunos alfaristas se involucraron más en el partido, MC solo existe en Jalisco y solo existe con el alfarismo, como quedó demostrado en el resultado.

Alfaro no es de MC y MC no es de Alfaro. Movimiento Ciudadano tiene un líder, Dante Delgado, que, si bien comparte con el hoy gobernador electo de Jalisco una visión de la política, no comparte ni compartirá su liderazgo

Alfaro no es de MC y MC no es de Alfaro. Movimiento Ciudadano tiene un líder, Dante Delgado, que, si bien comparte con el hoy gobernador electo de Jalisco una visión de la política, no comparte ni compartirá su liderazgo. La política es ruda y cobra caro. La decisión de que MC no apoyara en esta ocasión la candidatura de López Obrador, cosa que había hecho en las dos elecciones anteriores, se debió en gran medida a la consideración de que ir en alianza con Andrés Manuel tendría un alto costo político para las aspiraciones de Alfaro en Jalisco. La decisión se tomó en su momento, hace año y medio, con los datos que se tenían en el momento. Y, aunque las decisiones se toman cuando se toman, no hay manera que más de alguno en MC piense en lo caro que le salió a MC optar, en esta ocasión, por el alfarismo y darle la espalda a AMLO.

Enrique Alfaro dice que no participará en otra elección, es decir, que no piensa presentarse como candidato a la Presidencia. Más allá de otras consideraciones, ese es en este momento el discurso correcto, es lo que tiene que decir para que el Gobierno federal no lo vea como un enemigo a vencer, pero sobre todo para que su equipo se concentre en lo que tienen que hacer, que es gobernar Jalisco.

Alfaro y el alfarismo no tienen partido, nunca lo han tenido. Esa es en gran medida su fortaleza y puede ser también su gran debilidad.

(diego.petersen@informador.com.mx)

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