AMLO a un año
En los calendarios del Gobierno, Andrés Manuel López Obrador también está imponiendo otras formas de ejercer el poder. Aprovechó el primer aniversario de su triunfo para presentar un informe lleno de optimismo y de cifras alegres. En su mensaje a seguidores y la nación, López Obrador aseguró que ya cumplió 78 de los 100 compromisos que asumió al tomar el mando el pasado 1º de diciembre: “Nunca un Gobierno había hecho tanto en tan poco tiempo”, sostuvo y añadió que aunque regresaran al poder los conservadores, su Gobierno ha hecho cambios que ya son irreversibles.
En términos generales, el Gobierno actual se presenta como un proyecto liberal, progresista, que quiere sentar las bases de una radical transformación del país, abatir desigualdades y terminar con la pobreza. Se asume como un proyecto que dejó atrás las políticas neoliberales que imperaron en los pasados cinco sexenios. Es lo que llaman la Cuarta Transformación (4T) de la vida nacional.
López Obrador y el Gobierno de la 4T se ven a sí mismos como contrarios a los proyectos conservadores, neoliberales, privatizadores, corruptos y cuyos gobiernos eran mera gerencia de grandes intereses económicos (“minorías rapaces”).
¿Qué tanto el discurso y la narrativa de López Obrador y el Gobierno de la 4T se corresponden con la realidad? Los méritos más consistentes se encuentran en su empeño en combatir la corrupción e imponer una severa austeridad al gasto público, un mérito de fácil contraste con anteriores presidentes cuyos mandatos estuvieron manchados de corrupción y de un gasto público excesivo y ofensivo para una sociedad con tantas carencias. La serie estadística sobre la popularidad del actual Presidente marca claramente un ascenso en las semanas en que anunció el combate al huachicol, pese a las molestias que causó a millones de consumidores del combustible.
Pero sus afirmaciones de cambios sustanciales respecto a gobiernos anteriores, así como afirmar que es un Gobierno pos-neoliberal, no son sólidas. Más allá de los programas sociales de reparto de ayudas a distintos sectores de la población, que no son empleos estables y tampoco sistemas sociales universales, se pueden encontrar grandes ataduras del modelo de AMLO respecto al modelo neoliberal.
Para empezar el manejo de las variables macro económicas son casi idénticas a las de los gobiernos del PAN y del PRI; lo mismo puede decirse de la postura frente a los tratados de libre comercio, que fueron el sello distintivo de los gobiernos educados en la doctrina neoliberal.
Al mismo tiempo, pese a cancelar una mina y un pozo de fracking, el Gobierno de López Obrador mantiene casi intacto el modelo extractivo que es lo que define al modelo de acumulación por despojo.
Finalmente, la guerra y violencia organizada, y su estela de masacres y desapariciones, se mantienen en su punto más alto y su estrategia de contención es la misma que la de gobiernos del PAN y del PRI. Incluso la creación de la Guardia Nacional supone un avance hacia la militarización del país. Pese a su discurso y su narrativa, AMLO y la 4T siguen bajo las ataduras del capitalismo neoliberal, con la violencia, extractivismo y represión que acompañan a este modelo.