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El miedo detrás del agresor

Damián Mondragón transformó el bullying que sufrió durante su infancia en la herramienta para construir a “Toño”, un niño que intimida a sus compañeros

Antes de convertirse en “Toño”, el niño que intimida a sus compañeros en “No tengo miedo”, Damián Mondragón volvió a un episodio de su propia infancia. Recordó las ocasiones en las que fue víctima de bullying y encontró ahí el punto de partida para construir a un personaje que, conforme avanza la historia, deja de ser únicamente el agresor del grupo para revelar sus propios temores.

Esa experiencia personal marcó el trabajo del joven actor dentro de la producción más vista, actualmente, en Netflix, una serie que combina suspenso, amistad y misterio en un pueblo mexicano de los años ochenta, donde la desaparición de un niño altera la vida de un grupo de amigos.

“Para construir al personaje me ayudó mucho haber vivido bullying. Recordaba esos momentos e intenté llevar esas emociones al personaje”, explica el joven actor, en entrevista con EL INFORMADOR. “Al principio Toño sí ejerce bullying, pero conforme avanza la historia, cuando empiezan a buscar al niño desaparecido, deja de comportarse así y aparece más el miedo que siente él mismo. Primero me basé en cómo me trataban algunos compañeros cuando sufrí bullying y después fui incorporando lo que hacía ‘Toño’ dentro de la historia para construirlo”.

Interpretar a un personaje con conductas tan distintas a las suyas dejó de representar un desafío conforme fue acumulando experiencia frente a las cámaras. “Ya me ha tocado interpretar varios personajes que son muy distintos a como soy yo. Sé perfectamente que es un personaje y que debo interpretarlo de la mejor manera posible. Ya no me cuesta tanto trabajo meterme en la mente del personaje como me costaba cuando empecé a actuar”.

La historia se desarrolla en 1986, un periodo que Damián no conoció. Reconstruir aquella época implicó observar objetos, escenarios y formas de vida muy distintas a las actuales. “Me gustó mucho intentar entender cómo pensaban las personas en esa época. También disfruté ver toda la utilería y los objetos que ayudaban a representar ese tiempo. Era complicado imaginar cómo veía el mundo alguien de esos años, pero justamente eso hizo muy interesante interpretar a un personaje que vive ahí”, recuerda. 

El rodaje se extendió durante casi tres meses en Veracruz. La convivencia diaria con el resto del elenco infantil terminó construyendo vínculos que trascendieron la propia producción. “Al principio algunos ya nos conocíamos y otros no. Conforme fueron pasando los días prácticamente vivíamos juntos: comíamos juntos, grabábamos juntos y convivíamos todo el tiempo. Terminamos haciéndonos muy cercanos y creo que ha sido una de las experiencias más increíbles que he vivido”, dice Damián.

Aunque la serie aborda situaciones complejas, el actor recuerda las grabaciones con tranquilidad. Explica que el acompañamiento de una coach y del resto del equipo permitió que incluso las escenas más intensas encontraran un equilibrio. Además, con apenas unos años de trayectoria, Damián distingue con claridad entre la ficción y la vida cotidiana. Antes de cada llamado procura convertirse por completo en el personaje; al terminar la jornada, vuelve a ser simplemente él.

“Cuando llego al set me mentalizo de que ya no soy Damián; soy el personaje que me toca interpretar. Pero cuando termina la jornada y regreso a mi casa vuelvo a ser yo. Más que quedarme con el personaje, me encariño con él. Disfruto el tiempo que paso interpretándolo, pero no me cuesta trabajo despedirme”.

El sueño futuro de dirigir

Para el joven actor, el trabajo frente a la cámara exige mucho más que memorizar diálogos. La construcción emocional ocupa un lugar central en cada escena. Durante su carrera ha compartido set con intérpretes como Ana Claudia Talancón y Sebastián Martínez, de quienes conserva enseñanzas que sigue aplicando en cada proyecto.

“Las expresiones son de las cosas más importantes. En una escena puedes estar muy triste y en la siguiente completamente feliz, incluso el mismo día. Hay que aprender a controlar las emociones y también el lenguaje corporal. Claro que memorizar los diálogos es importante, pero lo verdaderamente difícil es cómo los interpretas”, explica. 

“Ana Claudia me dijo que siempre hay un momento para divertirse, pero también un momento para concentrarse y estar completamente atento a lo que necesita el director. De Sebastián aprendí que las escenas fuertes hay que prepararlas desde antes; si voy a llorar, necesito entender por qué llora el personaje y sentir esa emoción como si fuera suya”.

Además de actuar, Damián ya imagina el siguiente paso dentro de la industria audiovisual. Le gustaría dirigir cine y hacerlo desde un género que considera poco explorado en México.

Me gustaría hacer una película de suspenso o de terror. Creo que sería un gran reto para el cine mexicano. Me llama mucho la atención poder crear una historia y que a la gente le guste. Quisiera ser quien construya todo ese universo”, confiesa. 

Mientras ese momento llega, continúa sumando proyectos. Adelanta que trabaja en nuevas producciones, entre ellas “7 x 7”, cuyo estreno podría ocurrir a finales de este año o durante los primeros meses del siguiente, al tiempo que celebra la respuesta que “No tengo miedo” ha encontrado entre los espectadores. “Lo más difícil fue despedirme de mis compañeros. Todavía seguimos en contacto y nos llevamos muy bien, pero ya no verlos todos los días sí me dio tristeza. También extrañé al equipo con el que convivimos durante tanto tiempo. Ha sido uno de los proyectos que más he disfrutado y uno de los personajes que más me ha gustado interpretar”, finaliza.

CT

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