Dos amores, una Revolución
Treinta años después de su publicación, la novela “Mal de amores” llega a Netflix con una protagonista que sigue cuestionando los límites impuestos a las mujeres
La historia de Emilia Sauri llega hoy a Netflix con “Mal de amores”, adaptación de la novela homónima de Ángeles Mastretta que traslada al espectador al México de la Revolución y plantea, a través de su protagonista, las decisiones de una mujer frente al amor, sus convicciones y las expectativas sociales de su época.
La serie es protagonizada por Renata Vaca como Emilia, junto a Juan Pablo Fuentes como Daniel Cuenca e Iván Amozurrutia como Antonio Zavalza. La producción corre a cargo de Filmadora y está dirigida por Humberto Hinojosa, mientras que Catalina Aguilar Mastretta, hija de la escritora, encabeza la adaptación como productora ejecutiva, directora y guionista.
Publicada en 1996, “Mal de amores” presenta a Emilia como una joven criada en una familia que cuestiona las convenciones de su tiempo. En medio de la Revolución Mexicana, la protagonista se debate entre dos hombres: Daniel, un aventurero y revolucionario ligado a su infancia, y Antonio, un médico que representa otra forma de entender la vida y su relación con el mundo.
El INFORMADOR estuvo presente en una charla virtual con los actores. Durante el encuentro, Renata Vaca enfatizó que interpretar a Emilia implicó encontrar puntos de conexión entre una mujer de principios del siglo XX y las mujeres de la actualidad. Aunque las circunstancias han cambiado, considera que algunas de las preguntas que plantea el personaje permanecen vigentes.
“Algo muy interesante de estos personajes es que son muy reales, muy humanos y, por lo tanto, hay muchas similitudes y muchos puntos de encuentro entre una mujer de 1910 y una mujer de 2026”, señaló.
La actriz considera que Emilia también permite revisar los avances que han ocurrido en materia de libertad para las mujeres, sin perder de vista que todavía existen preguntas pendientes.
“Claro que ahora me siento en un lugar privilegiado. Hay muchísimas cosas que en ese momento no se podían hacer, pero creo que nos deja con muchas dudas también. Creo que seguimos haciendo nuestras mismas preguntas, igual y las fraseamos distinto, pero inyecta estas ganas de seguir siendo revolucionaria, de seguir siendo incendiaria y conquistar nuevos terrenos”.
La producción recupera, además, algunos espacios de Puebla, ciudad en la que se filmó buena parte de la serie. Juan Pablo Fuentes señaló que trabajar en las calles y edificios de la entidad permitió establecer un vínculo con el contexto de la historia y con la propia autora.
“Creo que Ángeles le hizo una carta de amor a Puebla. Nosotros siempre nos sentimos muy queridos ahí”, compartió el actor.
El rodaje incluyó escenarios del Centro Histórico de Puebla y otras locaciones, entre ellas Atlixco. Fuentes recordó que tuvieron la oportunidad de filmar en espacios que permitieron recrear distintos momentos de la trama.
“Sin duda fue muy enriquecedor poder tener una historia con esas bellas calles y esos rincones que cuentan tantas historias. También en Atlixco tuvimos la oportunidad de filmar, además en San Luis Potosí, donde nos dejaron cerrar el centro que recreamos”.
Otro de los elementos centrales de la adaptación fue el trabajo con Catalina Aguilar Mastretta. Como hija de Ángeles Mastretta y conocedora cercana de la novela, la directora llevó a la producción una relación particular con el material original.
Renata Vaca destacó que esa cercanía no se convirtió en una presión durante el proceso.
“La verdad es que Cata conoce la historia, me atrevería a decir que mejor que nadie, y obviamente, Ángeles. Además, lo hizo desde un lugar muy amoroso y no desde una presión”, explicó.
La actriz también resaltó la apertura de la directora para escuchar propuestas y trabajar a partir de ellas.
“Tenía la humildad de abrirse a las propuestas, pero tenía muy claro lo que quería y creo que, como actores, eso nos ayuda muchísimo; te abraza muchísimo que una directora tenga tan claro lo que quiere”.
La relación entre Emilia, Daniel y Antonio constituye otro de los ejes de la producción. La historia plantea dos vínculos distintos para la protagonista: Daniel representa el movimiento, la aventura y la revolución, mientras que Antonio está relacionado con la medicina y con una vida diferente.
Desde la perspectiva de Juan Pablo Fuentes, Daniel tampoco vive su relación con Antonio como una competencia. Ambos ocupan lugares distintos en la vida de Emilia y representan etapas diferentes de su historia.
“Yo no creo que esté compitiendo. Yo creo que no podría ser competencia porque cada uno abarca distintas sombras, distintos matices, distintos colores y distintas energías”, afirmó.
Para el actor, Daniel tiene una conexión con la Emilia de la infancia, marcada por el primer amor, mientras que Antonio establece otro tipo de vínculo con ella.
“Daniel tiene acceso a quien fue Emilia, a su infancia, al primer amor. Yo creo que todos nos acordamos del primer amor. La primera persona que nos puso nerviosos y ese siempre va a ser Daniel”.
Más allá del triángulo amoroso, “Mal de amores” encuentra en Emilia a una mujer que se niega a elegir entre lo que otros esperan de ella y lo que desea para sí misma. Quizá por eso, más de tres décadas después de su publicación, su historia conserva una pregunta tan vigente como incómoda: ¿Cuánto hemos cambiado realmente cuando se trata de decidir cómo queremos vivir y a quién queremos amar?
Antes de la pantalla
Cuando “Mal de amores” llegó por primera vez a su casa, Ángeles Mastretta se emocionó por completo. La novela le había costado mucho trabajo y, quizá por eso, aquella primera edición quedó ligada a un sentimiento que pocas veces volvió a experimentar con tanta intensidad. Hoy, al ver la historia convertida en serie, esa emoción regresa desde otro lugar: sus personajes, inspirados en ecos de su propia familia y en un pasado que siente cercano, han encontrado nuevos rostros. “Los fui inventando, los fui queriendo”, dice. Y ahora, admite, también quiere a quienes los encarnan.
La adaptación también ha tenido un componente profundamente familiar. Trabajar con su hija, Catalina Aguilar Mastretta, ha sido otra de las grandes emociones del proyecto. A la devoción que siente por ella se suma una profunda admiración por su trabajo y, en particular, por la manera en que encontró el punto de entrada a la historia. Sin rodeos ni el clásico “había una vez”, la serie comienza con la familia ya formada: una decisión que transforma la novela y le da a la historia un ritmo propio para la pantalla.
Aunque transcurre en tiempos de la Revolución, “Mal de amores” habla de personajes que, como nosotros, enfrentan un futuro incierto: lo imaginan, lo temen y también lo sueñan. Sus mujeres, conversadoras, seguras y audaces, se parecen a aquellas entre las que creció Mastretta. Y Emilia, dividida entre dos amores, invierte una pregunta que durante años pareció reservada para los hombres.
Tal vez ahí radique el secreto de su vigencia: cambian los tiempos y los rostros, pero seguimos intentando comprender el amor, la incertidumbre y aquello que aún no sabemos qué nos espera.
CT