Del paisaje a la pista de baile
Desde 2018, Akamba convirtió los campos de Tequila en una pista al aire libre donde conviven música electrónica, arte, gastronomía y naturaleza
Cuando el sol comienza a caer sobre los campos de agave de Tequila, el paisaje cambia. El azul de las plantas se vuelve oscuro, el Volcán de Tequila recorta el horizonte y, poco a poco, las primeras luces comienzan a aparecer entre las hileras de agaves. Entonces entra la música.
No hay edificios, ni avenidas, ni paredes que separen al público de la naturaleza. La pista está ahí, en medio del paisaje. Ese es el escenario que Akamba eligió desde el principio.
El festival nació en 2018 con una idea sencilla, pero poco común: sacar la experiencia de los festivales musicales de la ciudad y llevarla a un entorno donde la música pudiera convivir con la tierra, el arte y la gastronomía. Así lo explicaron sus organizadores a EL INFORMADOR antes de aquella primera edición: no se trataba solamente de acudir para ver a un artista, sino de vivir el cartel completo como una experiencia.
El nombre también cuenta una historia. De acuerdo con el sitio oficial del festival, Akamba significa “agave” en purépecha, y la planta funciona como símbolo de resistencia, productividad y fuerza. La elección no es decorativa: el festival construyó alrededor de ella toda una identidad.
La primera edición se realizó el 12 de mayo de 2018 en los campos de agave de José Cuervo, con un aforo previsto de hasta cuatro mil personas.
La jornada comenzaba por la tarde y se extendía hasta la madrugada. Desde entonces, la intención fue que la música no fuera el único atractivo. El proyecto, organizado por Distrito Global, buscaba crear una experiencia diferente a la de los festivales urbanos: un recorrido en el que los distintos actos musicales se fueran conectando mientras el público descubría el paisaje.
Nuevas ediciones, nuevos retos
El cartel reunió a Toro y Moi, L’Impératrice, Kelela y David August, además de Connan Mockasin, Romare, Stavroz, Monolink, Chancha Via Circuito, Sotomayor, Golden Dawn Arkestra y Zombies in Miami. La apuesta comenzaba a mostrar la amplitud sonora de Akamba: electrónica, pop experimental, house y propuestas híbridas que difícilmente cabían en una sola etiqueta. El paisaje, mientras tanto, permanecía como el gran protagonista silencioso.
Después de sus primeras dos ediciones, Akamba tuvo que detenerse. La pandemia interrumpió el festival en 2020 y 2021. En 2022 regresó a los campos de agave para su tercera edición, una vuelta que tuvo un significado especial para los organizadores y para el público.
Carlos Verástegui, socio fundador, explicó posteriormente a EL INFORMADOR que la continuidad del proyecto después de la crisis sanitaria había sido uno de los grandes retos de su historia.
El regreso llegó con un cartel de enorme diversidad. BADBADNOTGOOD y Bomba Estéreo encabezaron una programación que también incluyó a Easy Star All-Stars, Quantic, Hermanos Gutiérrez, Chaos in the CBD, DJ Seinfeld, DJ Tennis, Franc Moody y Sunni Colón.
Bomba Estéreo llevaba al corazón de Tequila una mezcla de electrónica, cumbia, reggae, rap y ritmos latinoamericanos.
BADBADNOTGOOD aportaba su particular cruce entre jazz y sonidos contemporáneos. La música comenzaba así a dialogar con el lugar de una manera más amplia.
Bajo el cielo de Tequila
En 2024 llegó uno de los carteles más ambiciosos de Akamba. Para su quinta edición, el festival reunió a Disclosure, Sofi Tukker, HVOB, Kid Francescoli, Lewis OfMan, Danilo Plessow y Sofía Kourtesis, entre otros, con una expectativa de nueve mil asistentes.
La presencia de Disclosure confirmó el alcance internacional que había adquirido el festival, mientras la programación mantenía una de sus señas de identidad: combinar grandes nombres con proyectos emergentes y artistas de la escena electrónica mexicana.
En 2025, Akamba llegó a su sexta edición con un cartel que confirmó la dimensión que había alcanzado el festival. CamelPhat, WhoMadeWho, Overmono, Hercules & Love Affair, Dixon B2B Jimi Jules, Satori, Rochelle Jordan y Pachanga Boys encabezaron una programación que volvió a reunir a miles de personas en los campos de agave.
Más que una sucesión de conciertos, Akamba se había consolidado como una experiencia que combina música, paisaje, arte y gastronomía, con la sostenibilidad como parte de su propuesta. La programación recorrió house, techno, disco, electrónica experimental y sonidos latinoamericanos, manteniendo esa vocación de moverse entre géneros y escenas.
También había cambiado la relación del público con el festival. La música seguía siendo el punto de partida, pero ya no era el único motivo para asistir. El paisaje, la gastronomía, las instalaciones artísticas y el ambiente formaban parte de una experiencia que se extendía más allá de los escenarios.
Arte, paisaje y música
Akamba nunca quiso ser solo una sucesión de DJ sets. Desde sus primeras ediciones, el festival incorporó un Circuito de Arte con instalaciones y propuestas visuales pensadas para integrarse al paisaje.
Para Akamba, el arte no es decoración, sino parte de la experiencia de recorrer el espacio, encontrarse con una instalación y volver a la pista.
En 2023, Mariano Badaracco presentó “El espíritu del agave”, una intervención que vinculó la identidad de la planta con el lenguaje contemporáneo del festival. Esa relación con el entorno es clave en Akamba: el paisaje no es un simple fondo.
Ese mismo año el festival reunió a más de 10 mil asistentes en los campos de José Cuervo, con actuaciones de Polo & Pan, Bob Moses, Nicola Cruz, Jan Blomqvist, Monolink y Moodymann, entre otros.
Sin duda, Akamba se consolidó en el circuito de festivales de México.
Cambió la manera de llegar
El Akamba Express transformó el trayecto desde Guadalajara en parte del festival. En 2023, el tren José Cuervo Express llevó a los asistentes hacia Tequila con DJ sets, coctelería y gastronomía antes de que comenzara la jornada en los campos de agave. Este medio describió el viaje como una especie de antesala de la fiesta. La experiencia empezaba mucho antes de llegar a la pista.
Del house melódico a la propuesta nacional
En su séptima edición, Akamba reunió a artistas como Ben Böhmer, The Blessed Madonna, Mochakk, Adam Ten B2B Mita Gami, Tripolism, Zombies in Miami y Brunello, entre otros. En 2026, el festival regresó el 25 de abril a los campos de agave de José Cuervo, el mismo paisaje que ha acompañado su historia desde el inicio.
El cartel volvió a cruzar distintas vertientes de la música electrónica: el house melódico de Ben Böhmer, la experiencia de The Blessed Madonna, la energía de pista de Mochakk y la propuesta de los mexicanos Zombies in Miami, representantes de una escena nacional que también ha encontrado en Akamba un espacio para crecer.
Para entonces, el festival había atravesado una pandemia, ampliado su público y llevado a sus escenarios a artistas de distintas partes del mundo. En el camino, construyó una identidad propia, difícil de trasladar a otro lugar.
Porque, a diferencia de otros festivales, Akamba ha cambiado de cartel, pero no de paisaje: los agaves.
CT