Cultura

El vuelo circular de Irene Ruvalcaba 

En “Vuelo circular”, su primera plaquette, la poeta encuentra en las aves una forma de explorar los recuerdos, las experiencias reconstruidas y las posibilidades de la imaginación

"Que el dueño de la fragilidad me entregue el minuto exacto de la despedida (...) Somos la familia de verdugos que no han podido soportar el peso de la palabra amor" *

Cada año, las golondrinas desisten de las distancias para regresar a los cielos de Mexticacán, el pueblo donde nació Irene Ruvalcaba. Llegan, construyen sus nidos, habitan durante una temporada los mismos espacios, y después enfilan inciertas al firmamento, dejando atrás los resquicios de las casas, los pentagramas del cableado eléctrico y los árboles en flor. Su presencia forma parte de la memoria familiar de la poeta, de las historias que escuchó durante su infancia y de los recuerdos que, con el paso del tiempo, comenzaron a adquirir la forma de las palabras.

De esos mosaicos de recuerdos, de instantes de vidas y miradas azoradas por el vuelo de una golondrina en el cielo, nació buena parte de “Vuelo circular”, la primera plaquette de Irene Ruvalcaba, publicada por Mano Santa Editores, casa editorial tapatía especializada en las artes de la poesía. En las páginas de "Vuelo circular", las aves atraviesan paisajes, recuerdos y experiencias personales. Pero por medio de la lectura también recorremos la infancia, un rábano arrancado de la tierra, la infancia mirada desde la cima de un árbol, la reflexión de la propia estatura, todo transfigurado desde siempre y para siempre con la astucia de lo poético. Los versos, los silencios, los espacios entre palabras, permiten pensar en el regreso, la pertenencia, lo familiar y las distintas maneras en que reconstruimos aquello que se ha vivido.

“Hay una cosa que me gusta mucho cuando escribo, que es pensar las posibilidades de una experiencia, de un recuerdo. Recuerdo muy bien que mi familia cuenta las historias de que llegaron las golondrinas, de que hicieron sus nidos, y con base en esa experiencia reconstruirla de una manera literaria. Eso es básicamente lo que he escrito durante todo mi proceso literario”, explica Ruvalcaba en entrevista con EL INFORMADOR.

Para la poeta, nacida en 1991, en esa reconstrucción reside una de las posibilidades más fértiles de la literatura: escribir sobre acontecimientos que permanecen en la memoria, aunque no siempre se hayan experimentado de manera directa. Hay recuerdos propios, pero también recuerdos heredados, historias familiares que terminan formando parte de nuestra identidad. “Alguien te dice que te caíste de niño. Tú en tu cuerpo tienes la cicatriz y no sabes realmente qué te pasó porque no lo recuerdas, sino que te lo cuentan. Luego tú elaboras eso a partir de lo que te contaron y lo que tú crees que pasó así. Pero ¿y si no pasó? Yo creo que ahí es donde encontré la fortaleza poética de la experiencia, de la memoria, de la reconstrucción”.

“Vuelo circular” es un libro que comenzó con un poema escrito durante una temporada en la que Ruvalcaba estuvo en Aguascalientes. Curiosamente, aquel texto terminó ocupando el último lugar de la publicación. Los demás poemas fueron apareciendo después, sin seguir necesariamente una cronología, a partir de observaciones, lecturas y recuerdos. Para la autora, el movimiento de las aves tiene una correspondencia con los mecanismos indeterminados de la memoria. 

Las bandadas viajan, encuentran refugio, construyen sus casas y vuelven a ocupar territorios conocidos. Los recuerdos también regresan y se transforman cada vez que intentamos recuperarlos. La melancolía aparece entonces como una consecuencia de ese ejercicio de evocación. Ruvalcaba dice que su escritura está atravesada por la necesidad de recordar, reelaborar y encontrar nuevos significados en aquello que permanece.

“¿Cómo es que viajan y cómo hacen su propia casa, cómo habitan los espacios, cómo los rehabitan? Creo que es tan natural el vuelo de las aves como es natural la memoria y los recuerdos en las personas”, reflexiona.

Palomas obligadas a llevar mensajes que no entienden 

Cher Ami, una paloma mensajera utilizada durante la Primera Guerra Mundial. ESPECIAL

Aunque “Vuelo circular” encuentra su origen en experiencias personales, su escritura también está sostenida por la investigación. Ruvalcaba dedicó alrededor de un año a escribir el libro, durante un proceso que incluyó su participación en el taller de Patricia Velasco. Sin embargo, la observación de las aves y la recopilación de materiales comenzaron mucho antes. La poeta explica que suele guardar imágenes, experiencias y noticias hasta encontrar el momento de transformarlas en literatura. Compara ese procedimiento con la fotografía analógica: primero se registra una imagen y después, durante la escritura, comienza su revelado.

Yo también muchas veces me he sentido así, como sujeta a un mensaje que no entiendo, pero que lo tengo que llevar.

Una de las historias que recupera es la de la colombofilia, la práctica de criar y entrenar palomas mensajeras. El tema llegó a ella mediante una conversación sobre una persona dedicada a esta actividad. La curiosidad inicial terminó convirtiéndose en una investigación sobre las condiciones en que viven las aves y el uso que los seres humanos han hecho de ellas.

“Yo también muchas veces me he sentido así, como sujeta a un mensaje que no entiendo, pero que lo tengo que llevar. Es lo que hacemos, ¿no? No entendemos precisamente cómo está avanzando el mundo, pero nosotros tenemos que llevar ese mensaje a un lugar que no sabes para qué, qué objetivo tiene”.

Durante su investigación encontró también la historia de Cher Ami, una paloma mensajera utilizada durante la Primera Guerra Mundial que logró entregar un mensaje pese a sufrir graves heridas. A Ruvalcaba le interesó particularmente la paradoja de aquella historia: el animal cumplió su misión y posteriormente recibió honores por una tarea cuyo significado nunca pudo comprender. “Cuando incorporas lo tópico en la poesía surgen cosas muy interesantes, como un guiño. Siempre me ha gustado tener ese guiño”, comenta.

En su escritura, el humor convive con la melancolía. La poeta disfruta encontrar lo absurdo en acontecimientos trágicos, así como reconocer la dimensión poética de las noticias, los documentos y los objetos cotidianos. “Desde que era niña me ha parecido que cualquier cosa, cualquier noticia que te llega, puede ser fantástica en sí misma. Y en realidad dices: ¿dónde termina y dónde empieza la literatura del propio documento?". 

Una escritora formada entre la poesía y el psicoanálisis

Antes de dedicarse al estudio de la literatura, Irene Ruvalcaba cursó la licenciatura en Psicología Clínica en la Universidad Autónoma de Zacatecas. Durante aquellos años también estudió psicoanálisis y comenzó a interesarse por las relaciones entre la escritura, la memoria y la melancolía. Su acercamiento a la poesía de Alejandra Pizarnik ocurrió mientras preparaba una investigación a partir de “Duelo y melancolía”, el ensayo de Sigmund Freud. En lugar de desarrollar un caso clínico, decidió estudiar la obra de una artista. Así llegó a la poeta argentina, cuya escritura terminaría por modificar sus intereses académicos.

“Me fui adentrando, me fui adentrando, y ya después me perdí del psicoanálisis. Me dijeron: ‘Pues ya lo que estás haciendo tú es literatura’”, recuerda.

Posteriormente cursó estudios de posgrado en Literatura Hispanoamericana y dedicó parte de su investigación a la obra de Pizarnik. Aquella experiencia también le permitió cuestionar la manera en que se estudia a determinadas escritoras, cuyas vidas personales y circunstancias trágicas suelen ocupar más espacio que el análisis de sus textos. “Su literatura está supercubierta por el halo de la poeta maldita. Si no la descubres, entonces ¿dónde está? Cuando Alejandra tenía una calidad poética muy importante”, sostiene.

Ruvalcaba defiende la necesidad de reconocer el trabajo formal y la disciplina que hay detrás de la escritura. Considera que la imagen romántica del poeta que escribe únicamente por inspiración puede ocultar los procesos de lectura, investigación y elaboración que sostienen una obra. “Hay un rigor, siempre hay un rigor, y eso hay que rescatarlo sin pudor”, afirma.

Entre sus influencias menciona a Emily Dickinson y María Luisa Puga, autoras que le permitieron descubrir distintas maneras de observar el mundo. De Dickinson le interesa particularmente la capacidad de encontrar dimensiones políticas, íntimas y poéticas en la naturaleza. “La sencillez, voy a atreverme a decirlo así, de una mirada de otro mundo, esa particularidad para poder definir las cosas y lo de la naturaleza de una manera crítica, política, poética, íntima, lo tiene todo”, expresa.

Escribir, leer y compartir

Ganadora del certamen de Escritura Femenina Fantástica Felicia Fuster en España en 2016 y beneficiaria del PECDA en 2021, Ruvalcaba combina su trabajo literario con la gestión cultural. Actualmente está al frente del área de Lengua y Literatura de la Secretaría de Cultura de Jalisco. La publicación de “Vuelo circular” representa para ella la oportunidad de compartir sus poemas y descubrir nuevas interpretaciones a partir de la lectura de otras personas. Entre sus próximos proyectos contempla ampliar su investigación sobre la colombofilia y desarrollar un libro de carácter autobiográfico. También desea retomar “Poesía entre lilas”, proyecto apoyado por el PECDA en 2021, en el que dialoga con la obra de distintas escritoras mediante poemas en prosa, acompañados por ilustraciones de la artista Ilse Ovalle.

Otra de sus inquietudes es abrir un taller de crítica literaria en Guadalajara. Ruvalcaba considera necesario recuperar espacios de discusión en los que los libros puedan leerse con profundidad, más allá de las recomendaciones rápidas o los comentarios superficiales. “Me gusta leer un libro y poder tener con quién conversar acerca del libro, ver una película de arte y poder decir críticamente, tener con quién dialogar acerca de la película, porque eso es lo que se merecen los artistas: que se les dé un trato al nivel de cómo lo escribieron y no nada más como ‘ay, qué bonito tu libro’, y no lo leí”.

Si un libro se queda con el celo que lo envuelve, está muerto.

Por eso también celebra que “Vuelo circular” haya aparecido en la colección Prueba de Autor de Mano Santa Editores, que apuesta por publicaciones artesanales, seriadas y firmadas. La plaquette puede conseguirse mediante los canales digitales de la editorial.

Para Ruvalcaba, el destino de un libro está en la lectura y en las conversaciones que puede provocar. Acumular ejemplares carece de sentido si permanecen cerrados, ajenos a las experiencias de quienes podrían encontrarse en sus páginas. “Si un libro se queda con el celo que lo envuelve, está muerto. Si no lo lees, por más que digas: ‘Oye, yo tengo una biblioteca de más de diez mil libros’... ¿y los vas a leer?”.

En esa convicción también parece encontrarse una de las claves de “Vuelo circular”: las historias permanecen vivas cuando alguien vuelve a ellas, las recuerda y encuentra otras palabras para contarlas. Como las golondrinas de Mexticacán, que regresan cada año y construyen sus nidos sobre los rastros de una temporada anterior.

"Mi tía me contó que una golondrina herida vino dos años seguidos a su casa y lo supo porque la primera vez ella le curó la pata. La primavera siguiente, vino con la cicatriz"**

Publicado por Mano Santa Editorial, el libro reúne una escritura que dialoga con la naturaleza, la investigación documental y las pequeñas historias de la vida cotidiana. EL INFORMADOR/ F. SALCEDO

* (Fragmentos de Tatuaje del abandono y Memoria de las Golondrinas, poemas incluidos en Vuelo circular, de Irene Ruvalcaba)

FS
 

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