Entre “Las Golondrinas” y protestas, despiden la Colección Gelman
La salida de uno de los acervos más importantes del arte moderno mexicano revive la discusión sobre quién decide el destino del patrimonio cultural
La Colección Gelman se encuentra en el centro del debate sobre el destino del patrimonio artístico mexicano. Hoy concluye su exhibición en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México, donde “Relatos Modernos. Obras emblemáticas de la Colección Gelman Santander” convocó a más de 310 mil visitantes desde su inauguración en febrero.
Tras cerrar su presentación en México, el acervo —considerado una de las colecciones privadas más relevantes del arte moderno mexicano, con piezas de artistas como Frida Kahlo, Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros y María Izquierdo— emprenderá su traslado a Europa, donde será administrado por la Fundación Banco Santander en España.
La salida de las piezas generó inconformidad entre especialistas, periodistas culturales y ciudadanos agrupados en el colectivo “Defendamos la Colección Gelman”, quienes han señalado su preocupación por la exportación de obras que cuentan con declaratoria de Monumento Artístico y que consideran parte fundamental del patrimonio cultural del país.
Como acto simbólico de despedida, integrantes del movimiento realizaron una serenata con “Las Golondrinas” frente al museo. Sin consignas ni confrontaciones, la protesta buscó llamar la atención sobre la necesidad de mayor transparencia en el acuerdo de traslado y sobre la importancia de garantizar el regreso de las obras a México.
El debate plantea preguntas sobre los límites entre la propiedad privada y el interés público: si bien el préstamo temporal cuenta con autorización del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, especialistas han cuestionado las condiciones del convenio, la falta de información pública y el precedente que podría establecer para otras colecciones relevantes del país.
En este contexto, EL INFORMADOR entrevistó al curador Francisco Berzunza, para conocer su análisis sobre la negociación, las implicaciones culturales del traslado y el futuro de una colección que ha sido clave para acercar al público mexicano a algunas de las obras más representativas del arte moderno nacional.
“La colección, como tantas otras en la historia del arte mexicano, ha viajado por el mundo. Esa es la naturaleza del arte mexicano del siglo XX. El problema es que esta colección contiene un pequeño tesoro que en realidad no es pequeño: diez óleos de Frida Kahlo. Hoy todo el mundo quiere ver a Frida Kahlo y esos cuadros representan un porcentaje importante de toda la producción de la artista”, explicó.
Recordó que Frida Kahlo realizó apenas 152 obras y que entre las pertenecientes a la Colección Gelman se encuentran pinturas consideradas esenciales dentro de su trayectoria, como “Diego en mi pensamiento” y “Autorretrato con monos”.
“Estamos hablando de algunas de las obras más importantes de la artista. Diez piezas significan muchísimo cuando se entiende la dimensión de toda su producción.”
La colección iniciará un préstamo temporal para exhibirse en el centro cultural Faro Santander, en España, a partir de septiembre de 2026. Posteriormente, algunas de las obras se expondrán en la Fundación Beyeler, en Basilea, Suiza, de enero a mayo de 2027, y posteriormente en el Museo Nacional de Noruega, de junio a noviembre del mismo año.
De acuerdo con las autoridades federales, las obras regresarán a México en 2028, cuando serán presentadas en Monterrey. La autorización se otorgó bajo el régimen de exportación temporal previsto en la legislación mexicana para obras protegidas como Monumento Artístico.
El fundamento jurídico se encuentra en el decreto presidencial publicado en 1984, que declaró Monumento Artístico toda la obra de Frida Kahlo. Entre otras disposiciones, el Artículo 6 establece que ninguna de esas piezas puede exportarse de manera definitiva y únicamente pueden salir del país de forma temporal, previa autorización del INBAL y con garantías suficientes para asegurar su retorno. La Colección Gelman resguarda 10 pinturas, siete dibujos y un grabado de Frida Kahlo protegidas bajo ese régimen especial.
El retorno como compromiso
Respecto a los beneficios que México obtiene con el préstamo internacional, Francisco Berzunza reconoció que existen ventajas culturales y diplomáticas, aunque considera que estas ya no justifican mantener el acervo lejos del público nacional.
“Siempre habrá beneficios culturales, mediáticos y diplomáticos cuando una colección de este nivel viaja al extranjero. Pero después de casi dos décadas de itinerancia, ya es momento de que sea el público mexicano quien tenga acceso a ella. La pregunta es cuál es el interés del Estado de poner por encima los intereses de un grupo financiero”.
El curador también señaló que la movilización de especialistas, investigadores, juristas y organizaciones civiles alrededor del caso representa uno de los aspectos más relevantes del debate.
“La defensa de esta colección marca un antes y un después. Se ha convocado a investigadores, periodistas, historiadores del arte, legisladores y juristas para defender este patrimonio. La sociedad civil ha respondido para exigir transparencia y vigilar la protección de un acervo que considera parte de su patrimonio cultural”.
Finalmente, Berzunza confió en que el regreso anunciado para 2028 se cumpla. Recordó que la legislación aduanera obliga al retorno de las obras y consideró positiva la confirmación pública realizada por la Secretaría de Cultura.
“El hecho de que la Secretaría de Cultura ya lo haya comunicado oficialmente es alentador. Esperamos que así ocurra y, si no sucede, estaremos ahí para exigir que las autoridades rindan cuentas y cumplan con el compromiso de que la colección vuelva a México”.
El costo del arte
La discusión por el préstamo temporal de la Colección Gelman a España también ha puesto sobre la mesa el valor económico de uno de los acervos privados más importantes del arte mexicano. Para el valuador de arte Gustavo Alemán Castañeda, su relevancia trasciende el precio individual de las obras: reside en el conjunto y en los valores históricos e intangibles que lo conforman.
En entrevista con EL INFORMADOR, explicó que la valuación de obras de artistas consolidados se basa en referencias de mercado construidas durante décadas, a diferencia de las de creadores emergentes. “Ya tenemos la historia y los valores establecidos para determinados autores. Hay datos, casas de subastas y plataformas especializadas que permiten conocer los precios alcanzados en los últimos años”, señaló.
Sin embargo, precisó que ningún avalúo responde a un único criterio, sino al propósito para el que se realiza. “No es lo mismo un avalúo para un préstamo y su aseguramiento que para una compra, una venta o una herencia. También cambia si se trata del mercado nacional o del internacional”, afirmó.
La exhibición de la Colección Gelman en el Faro Santander, en España, ha suscitado dudas sobre si el préstamo podría incrementar el valor económico de las obras, especialmente las de Frida Kahlo. Sin embargo, Gustavo Alemán Castañeda descarta ese escenario.
“Son artistas y obras consolidadas. Ya fueron validadas por especialistas, por el mercado y por la historia del arte. Este tipo de exhibiciones ya no les aporta un incremento sustancial en su valor”, afirmó.
A su juicio, la itinerancia responde a fines de difusión cultural y no a una estrategia comercial. “No se trata de posicionar a un artista emergente; estas obras simplemente circulan para exhibirse”, explicó.
Sobre los préstamos internacionales, indicó que las piezas viajan protegidas por pólizas de aseguradoras especializadas, las cuales designan a los peritos responsables de los avalúos.
“Si te presto mi obra, necesita estar asegurada. La aseguradora determina quién realiza los avalúos y, si durante el traslado ocurre algún percance, ya deben estar establecidos los montos y las condiciones para cubrir cualquier incidencia”, señaló.
Los alcances de esa protección, agregó, dependen de los acuerdos establecidos entre las partes. “Se tiene que definir qué rubros estarán cubiertos: robo, vandalismo o cualquier otro riesgo. Todo eso queda establecido en el contrato del seguro”, explicó.
Aunque el debate se ha centrado en las obras de Frida Kahlo, Alemán Castañeda sostiene que el valor de la Colección Gelman va más allá de cada pieza. Una colección, afirmó, incorpora elementos históricos e intangibles que el mercado no puede medir.
“Cuando hablamos de una colección, hablamos también de la intención del coleccionista, de la relación que pudo haber tenido con los artistas, del contexto en que se formó y de las circunstancias que le dieron origen”, señaló.
Estos elementos, sostuvo, representan un valor agregado que no siempre se refleja directamente en el precio individual de las piezas. “Son valores intangibles que no necesariamente impactan en el valor económico de cada obra, pero sí pueden hacer que una colección tenga un valor superior a la suma de todas sus partes”, afirmó.
En ese sentido, consideró que mantener unido un acervo histórico puede representar un beneficio mayor que fragmentarlo, ya que permite conservar su narrativa y relevancia documental. “No es solamente sumar el valor individual de cada obra. Hay un conjunto de factores que le dan un plus a la colección en términos económicos e históricos”, apuntó.
El valuador subrayó que sus observaciones corresponden a criterios generales sobre la valuación de obras de arte y no a un análisis específico de la operación jurídica o financiera relacionada con la Colección Gelman. “Este caso tiene muchas más aristas. Va mucho más allá de la valuación económica porque hablamos de patrimonio cultural y de elementos muy particulares que deben analizarse por separado”, concluyó.
El patrimonio como garantía
Berzunza señala que el conflicto comenzó antes del préstamo internacional. Recordó que los empresarios Natasha y Jacques Gelman reunieron el acervo con la intención de que permaneciera íntegro y fuera disfrutado por el público, disposición que, asegura, nunca se cumplió.
“La colección debía permanecer como un conjunto de 95 obras para exhibirse en un museo o centro cultural y que el público mexicano pudiera disfrutarla. Ninguna de esas condiciones se cumplió. El albacea terminó adjudicándose la herencia, comenzó a desprenderse de piezas importantes y finalmente vendió el núcleo principal de la colección”.
Según el curador, esa operación derivó posteriormente en un esquema de financiamiento mediante deuda que terminó involucrando a Banco Santander.
“Desde el momento en que pasó a manos de los nuevos propietarios, la colección se financió con deuda. Primero mediante un crédito y después con un refinanciamiento con Banco Santander. Estamos hablando de obras que el Estado mexicano protege como Monumentos Artísticos y que terminaron puestas como garantía dentro de una operación financiera”.
Esa circunstancia, afirmó, explica buena parte de las dudas que han expresado especialistas respecto al convenio firmado entre los propietarios, Banco Santander y las autoridades culturales, documento cuya difusión pública también ha sido motivo de controversia.
“El convenio no se hizo público. Tuvo que filtrarse. Lo que hemos exigido es transparencia. Poco a poco se han ido ganando algunas batallas; una de ellas es que la Secretaría de Cultura ya confirmó oficialmente que la colección regresará en 2028 y será exhibida en Monterrey. Pero seguimos sin saber qué ocurrirá después”.
La Secretaría de Cultura también ha informado que la Colección Gelman ha salido del país en más de treinta ocasiones para participar en exposiciones internacionales, siempre con los permisos correspondientes. Sin embargo, Berzunza considera que el contexto actual presenta características distintas.
“El Estado mexicano solamente tiene siete obras de Frida Kahlo en sus colecciones públicas. En Guadalajara, por ejemplo, no existe una sola obra de Frida Kahlo en una colección pública. Eso ayuda a entender por qué insistimos en que esta colección permanezca prioritariamente en México”.
A juicio del especialista, además del valor artístico existe un componente económico derivado de las restricciones que impone la legislación mexicana sobre este tipo de obras.
“Fuera de México estas piezas tienen un potencial financiero distinto. Dentro del país están limitadas por los decretos y por la Ley Federal sobre Monumentos. Hay un interés por llevar la interpretación de la ley hasta el límite para generar ganancias, del mismo modo que ocurre cuando alguien pretende desarrollar un proyecto inmobiliario en un área natural protegida.”
En ese sentido, Berzunza sostiene que el cuestionamiento principal no recae sobre la autorización de la salida temporal, sino sobre el convenio que permitió concretarla.
“El problema no es la salida temporal. El problema es el convenio que firmaron. Ese convenio busca incumplir el espíritu de la ley; es una perversión de la propia legislación”.
Añadió que, si existiera la intención de modificar el marco jurídico, el procedimiento debería realizarse por la vía legislativa y no mediante acuerdos cuya información permanece reservada.
“Si realmente quieren cambiar la ley, existen los mecanismos para hacerlo. No había necesidad de firmar un convenio que nunca quisieron hacer público y cuya existencia ni siquiera quieren reconocer”.
Aunque considera que el traslado es inevitable, Berzunza afirmó que el objetivo inmediato de quienes han cuestionado la operación será buscar la anulación del convenio que, según sostiene, permitiría mantener las obras fuera del país durante un periodo mayor.
“Lo importante ahora es anular el convenio que permite que las obras permanezcan fuera durante cinco años prorrogables. También tenemos que discutir cómo fue posible hipotecar una colección integrada por obras fundamentales para la historia del arte mexicano”.