Mundial 2026: Una marea verde impulsa a México en Guadalajara
La afición tapatía se entrega por completo en el Estadio Guadalajara y empuja al Tri hacia la victoria
La historia de amor entre mexicanos y surcoreanos tuvo una pausa de noventa minutos en los que el Estadio Guadalajara olvidó el cariño de la última semana para impulsar a la selección mexicana que por primera vez visitó la Perla Tapatía para disputar un partido de la Copa del Mundo y la gente entendió su tarea a la perfección.
Esa ilusión de acompañar desde una butaca a los once jugadores que defienden los colores mexicanos estuvo presente en cada una de las más de cuarenta mil almas que abarrotaron el recinto, sabiendo que enfrentar al rival más complicado del grupo no sería una misión sencilla y era necesario, de la misma forma que los futbolistas tenían que dejar todo en la cancha, que la afición pusiera todo de sí para hacer pesar la casa.
Horas antes la gente comenzó a llegar, sin importar el calor de la tarde. En cada metro había cientos de banderas, sombreros y máscaras de luchadores; no era necesario entrar al estadio aún para escuchar las porras que anticipaban la dura batalla que venía.
Un divorcio temporal por amor al Tri
El equipo asiático fue el primero en pisar la cancha para calentar y lo que contra Chequia fue una ovación, se transformó en un estruendoso abucheo, la señal del divorcio temporal.
México saltó al campo y a pesar de que aún no estaban todos en sus lugares, la ovación que recibieron ya no permitía escuchar al de al lado. Una vez cubierta de verde la tribuna, la ensordecedora emoción superó los 150 decibeles y el grito final antes de la batalla fue el Himno Nacional, entonado con orgullo a todo pulmón y erizando la piel a todos los mexicanos.
El público no esperó ni un segundo para comenzar con la presión, cada toque de los coreanos eran recriminaciones que fueron el único motivo para que dejaran de sonar los gritos de “¡Dale, dale, dale México!”, los aplausos y las porras que volvían de inmediato a retumbar en todos los rincones del estadio, tratando de impulsar al frente a los del “Vasco” y sufriendo con cada embiste coreano.
Tensión en la cancha y la locura tras el gol
El cabezazo de Julián Quiñones dejó el grito de gol en las gargantas de los asistentes, mientras que del lado contrario, la milagrosa salvada de Edson Álvarez desató el furor luego de que el trayecto del balón dejara congelados a todos en sus asientos con las manos en la cabeza. La ola y los ole se hicieron presentes para seguir impulsando al equipo en un partido que lentamente perdió el ritmo y fabricó una desesperación que fue proyectada en forma de abucheo al medio tiempo.
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El gol de Romo fue la reconciliación con los fanáticos. Tras minutos de porras tímidas, el de casa hizo estallar una tribuna que se convirtió en un manicomio y fue el momento en el que si alguien dejó de gritar fue de tanto hacerlo hasta quedarse sin voz. El “¡México, México!” siguió de inmediato los largos segundos en los que el grito de gol electrizaba la atmósfera mientras volaban las bebidas de casi todos para luego ponerse a saltar.
Fue un impulso para recuperar el entusiasmo inicial y de nuevo volcarse a favor de sus hombres cantando el infaltable Cielito Lindo.
En medio de la emoción, el público comenzó a exigirle a Aguirre la entrada del ídolo local, Armando González y de la joven sensación, Gil Mora, pero la demanda no fue correspondida.
Los ataques de los Tigres de Asia se volvieron más constantes, el pequeño grupo de “Red Devils” comenzaba a hacer más ruido y el nerviosismo crecía, aunque las porras no paraban. Para firmar una noche redonda, no podía faltar una gran actuación de un portero mexicano. Raúl Rangel, frente a la gente que lo apoya cada semana, se convirtió en el héroe con una doble atajada vital que fue elogiada con un fuerte “¡Ole, ole, ole, ole, Tala, Tala!”.
Festejo histórico al ritmo de "El Rey"
Con segundos por jugar, la gente ya saboreaba el segundo triunfo saltando abrazados y agitando las banderas, viendo a sus futbolistas defender con uñas y dientes el resultado ante una insistente Corea.
El árbitro sonó el silbato y comenzó el festejo del público que llegó con la ilusión de ver la primera victoria de la selección mexicana en Guadalajara y sus noventa minutos de ruido, apoyo y energía fueron recompensados, cerrando la noche aún con el aire suficiente para cantar “El Rey” del “Charro de Huentitán”, Vicente Fernández.
NG