Un boleto al cielo: la promesa cumplida que va al más allá
Una familia viajó desde Estados Unidos para cumplir la promesa de llevar a don Antonio al Mundial 2026
En medio del ruido y ambiente mundialista, de los miles de aficionados que como marea verde fluyen por las inmediaciones del Estadio en Guadalajara, una familia de cuatro personas viajó desde Tacoma, Washington. Ellos dicen que son cinco, pues vienen acompañado de un invitado muy especial en el corazón y en una cartulina. Son Jorge, su esposa María, su hijo Marcos Gael y Homero, primo de María. Vinieron a ver a la Selección Mexicana, pero, más allá de eso, viajaron miles de kilómetros para cumplir una promesa de gran significado.
El plan original para esta Copa del Mundo siempre incluyó a don Antonio Loya, padre de María. “Desde que anunciaron el Mundial, la intención era traer a cuatro: nosotros tres con mi suegro”, dice Jorge. Sin embargo, el destino se interpuso y Antonio falleció en el verano de 2023. A pesar del inmenso dolor, la familia sabía que el viaje debía continuar. “Todavía íbamos a venir al Mundial porque dijimos: la oportunidad de ver a México en jugar en su país en un Mundial, ¿cuándo va a pasar otra vez en nuestra vida?”, agrega Jorge.
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El esfuerzo económico fue monumental para la familia, pero cuando se trata de cumplir una promesa, eso pasa a segundo plano. “Pagué cinco mil 700 dólares por cuatro boletos. De reventa. Para este único partido”, confiesa el esposo, mientras María complementa con honestidad: “Hemos estado ahorrando y yo soy bien coda... ya tengo como dos años no gastando nada”.
Al pisar el recinto, casa de las Chivas, el equipo que siempre quiso don Antonio y al que enseñó a sus hijas a apoyar, las emociones simplemente se desbordaron. “Yo ya lloré llegando. Pedí por mi papá, porque yo me hice aficionada de futbol por él”, relata María conmovida. Jorge describe cómo viven el homenaje en las gradas: “Estando aquí, con la cartulina con la cara de mi suegro, de vez en cuando vemos algo que nos recuerda a él, porque él era aficionado de las Chivas y nomás de vernos desde allá arriba estando aquí en este estadio, seguro está bien contento”.
“Yo y mi hijo lloramos, nos acordamos de mi papá, le dijimos: ‘Aquí está, aquí está con nosotros’”, cuenta María. “Es lo que más me duele a mí, porque él siempre quiso ver un Mundial y ahora que supimos que iban a estar en México le dijimos: ‘papá, te voy a llevar’. Y ahora mi primo viene de colado por él”, ríe con nostalgia.
El homenaje adquiere un tinte más especial cuando María recuerda el sacrificio de don Antonio, una lección de resiliencia inquebrantable para su familia. Originario de Michoacán, emigró a los 16 años a Estados Unidos buscando el sueño american. “Él llegó desde un ranchito chiquito sin nada y se fue a los Estados Unidos sin inglés, sin nada. Abrió su propio negocio y él fue por el sueño americano. Lo cumplió”, recuerda su hija con profunda admiración.
“Vivimos en los Estados Unidos, pero el cariño y el amor siempre estuvo en México y con la Selección”, afirma María, asegurando que la herencia continuará, pues orgullosa, dice junto a su marido que su hijo Gael ya tiene el pasaporte mexicano.
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En las gradas del Estadio Guadalajara, en uno de los duelos más importantes para la Selección mexicana, don Antonio ocupa el asiento más especial del estadio, y con una vista privilegiada, disfrutará de ver por fin su querido Tricolor en un Mundial.
SV