El Estadio Guadalajara se cargó de tensión en el Uruguay vs España
Con una atmósfera de máxima tensión, el Estadio Guadalajara cerró su actividad mundialista despidiendo a Uruguay en un duelo cargado de contrastes, donde el apoyo local hacia Lamine Yamal y el folclor mexicano terminaron por adueñarse de las tribunas
A lo largo de tres semanas, el Estadio de Guadalajara se pintó de varios colores. Primero de rojo, luego verde, amarillo y, finalmente, en la despedida del torneo del inmueble, volvió a predominar el rojo este viernes, pero en esta ocasión con grandes manchas celestes y puntos blancos -otros tantos de infaltable verde-, que llenaron de color las tribunas para ver a España y Uruguay con más de 45 mil almas.
El duelo en la grada: Pasión contra expectativa
El tiempo decidió dar una pequeña sorpresa y asustó con una repentina e intensa lluvia minutos antes de que los equipos saltaran a la cancha, pero el sol brilló con intensidad justo a tiempo para cuando sonaron los himnos de Uruguay y de España, con al presencia del Rey Felipe VI en uno de los palcos.
La tensión estaba en el ambiente en un escenario de definición del grupo y, en medio de una fanaticada dividida hacia ambos lados entre los mexicanos presentes, la fiel afición charrúa, a pesar de ser una clara minoría, fue la que más se escuchó con la característica intensidad y pasión sudamericana desde la cabecera norte y la esquina norponiente del estadio, mientras que en el lado sur, un sector de seguidores ibéricos era su contraparte.
No obstante, en cada balón que recibía Lamine Yamal, comenzaban los aplausos y la efusividad de todo el inmueble, ansiosos por presenciar cualquier acto de genialidad que sacara de la chistera el joven futbolista, el más aplaudido al momento de que la voz local anunció a los titulares.
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Con un partido trabado, las gradas estaban a la expectativa de que surgiera la magia de las grandes estrellas que vinieron a ver como Yamal, Pedri, Fede Valverde o Maxi Araujo, pero el tiempo corría y la gente recurrió a la ola para animar el ambiente del que salían los “¡Uruguay, Uruguay!” y otros gritos más tímidos en favor de La Roja y, curiosamente, también de “¡México, México!” con mucha fuerza en diferentes momentos del encuentro sin razón aparente.
La forma en la que el árbitro llevó el partido también lo hizo acreedor de rechiflas y reclamos por parte de la afición de ambas selecciones que hasta en ciertos momentos le reprochaba al unísono. Las pausas de hidratación también fueron un espacio para mostrar el descontento tanto al árbitro como a los propios jugadores.
La desesperación y el drama final
La fuerza comenzó a aumentar en la cancha con la desesperación celeste. La banca de Uruguay se paraba de sus sillas y hasta Marcelo Bielsa de su hielera a la línea de banda en ocasiones para reclamar las faltas que pitaba el estadounidense, Ismail Elfath, mientras que los suplentes de España hacían lo mismo con el cuarto árbitro.
Ante la urgencia y con algunas modificaciones, la tónica del partido fue en aumento en los minutos finales y esa ansiedad se trasladó a las gradas, donde el manejo del tiempo de La Roja no fue perdonado por la porra sudamericana de la que salían silbidos aturdidores.
El cronómetro apagó lentamente las esperanzas de la afición charrúa que se fue quedando sin ritmo y voz, salvo en los pocos chispazos donde su equipo les dio algo con recuperaciones de balón y pocas jugadas cerca del área, aunque las pantallas mostraban imágenes de las caras largas de la banda oriental.
El público terminó haciendo su propio partido en las gradas. Empezaron a surgir gritos de “¡Cabo Verde, Cabo Verde!” de un lado, en otra esquina, varios aficionados comenzaron a imitar la famosa remada de Noruega y el Cielito Lindo empezó a sonar en el estadio para terminar de matar los últimos minutos del encuentro.
El silbatazo final puso fin a un encuentro caliente y de máxima tensión que marcó la eliminación temprana de Uruguay y la gente abandonó los asientos con la misma antipatía que vieron dentro de la cancha.
NG