México derrota a Corea del Sur y se consolida como líder de grupo
La Selección Mexicana se impuso por 1-0 a Corea del Sur en su segundo compromiso de la Copa del Mundo
México sigue invicto y se afianza en el liderato de su grupo. En una noche cargada de emociones en Guadalajara, la Selección Mexicana derrotó 1-0 a Corea del Sur en su segundo compromiso de la Copa del Mundo, desatando la alegría de miles de aficionados que acompañaron al Tri de principio a fin.
En un partido cerrado, intenso y con pocas oportunidades claras de gol, el equipo de Javier Aguirre encontró la victoria gracias a una anotación de Luis Romo, quien vivió una noche inolvidable al marcar el tanto que hizo estallar al Estadio Guadalajara. Junto a Raúl Rangel, el guardameta que apareció cuando más se le necesitó, fue uno de los grandes protagonistas del encuentro.
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Corea del Sur lanzó el primer aviso. Tras un trazo largo, Son apareció a la espalda de la defensa y bombeó el balón para superar a Raúl Rangel. Por un instante, el silencio se apoderó de las tribunas al ver que la pelota se acercaba peligrosamente a la línea de gol. Sin embargo, Edson Álvarez apareció de manera providencial con una barrida salvadora que evitó la anotación y provocó una explosión de alivio y aplausos entre la afición mexicana.
México respondió de inmediato. Julián Quiñones ilusionó a las gradas con un remate de cabeza que parecía tener destino de red, pero el arquero surcoreano reaccionó a tiempo para controlar el balón y apagar el grito de gol que ya comenzaba a escucharse en el estadio.
Después de la pausa de hidratación, Corea del Sur tomó el control del encuentro. Con una salida limpia desde su propia área y constantes cambios de ritmo mediante trazos largos, el conjunto asiático comenzó a generar preocupación en la zaga mexicana y obligó al Tri a mantenerse concentrado en cada jugada.
El partido volvió a trabarse y las oportunidades desaparecieron. El nerviosismo comenzó a hacerse presente en ambos equipos. Mientras Son y sus compañeros mostraban frustración con reclamos y gestos de desesperación, del lado mexicano prevalecía el llamado a mantener la calma y seguir luchando por encontrar el momento adecuado.
Ante la falta de emociones en el terreno de juego, la afición tomó protagonismo. Desde las tribunas resonaron los tradicionales “¡Olé!”, el “Canta y no llores” e incluso se organizó la clásica ola que recorrió el estadio, manteniendo viva la energía de una noche que prometía emociones.
La tensión también llegó al banquillo mexicano. Javier Aguirre vivió cada acción con intensidad y mostró su inconformidad con varias decisiones arbitrales, al grado de tener que ser calmado por el silbante tras una serie de reclamos antes del descanso.
El primer tiempo concluyó entre algunos abucheos. La actuación del Tri en los primeros 45 minutos había dejado sensaciones encontradas entre los asistentes al Estadio Guadalajara, que esperaban una reacción para la segunda mitad.
Y esa reacción llegó.
Para el complemento, México mostró una mejor versión. Jesús Gallardo protagonizó una de las primeras aproximaciones peligrosas al sacar un disparo cruzado que pasó apenas a un costado del poste y devolvió la ilusión a las tribunas.
Cuando el ánimo comenzaba a crecer, llegó la jugada que cambió la historia. En una aproximación mexicana, el arquero de Corea del Sur salió en busca del balón, pero terminó chocando con uno de sus defensores. El esférico quedó suelto dentro del área y Luis Romo aprovechó el regalo para empujarlo al fondo de las redes y hacer estallar al Estadio Guadalajara.
Con el gol de Romo se desató la fiesta. Los aficionados saltaron de sus asientos, las banderas ondearon con fuerza y los abrazos se multiplicaron en cada rincón del inmueble. México encontraba la recompensa a su insistencia y marcaba su primer gol en Guadalajara.
Minutos más tarde, Quiñones filtró un gran balón para Raúl Jiménez dentro del área. El delantero controló de manera magistral y sacó una volea potente, pero el guardameta coreano respondió con una gran atajada para evitar el segundo tanto de la noche.
Corea del Sur no bajó los brazos y siguió buscando el empate. México resistía y respondía al contragolpe. La tensión era palpable en las gradas; la ventaja mínima mantenía a todos al borde del asiento. Obed Vargas intentó ampliar la diferencia con un disparo de media distancia, pero Seung-gyu realizó una espectacular estirada para mantener con vida a su selección.
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Cuando el encuentro agonizaba, llegó la jugada más dramática de la noche. Cho Gue-sung apareció dentro del área chica y conectó un potente remate de cabeza. Por un instante, el tiempo pareció detenerse. Sin embargo, Raúl Rangel emergió como el héroe definitivo: reaccionó de manera extraordinaria, atajó el disparo y aseguró el balón para preservar la ventaja mexicana.
El silbatazo final desató una celebración llena de emoción y alivio. México mantuvo el invicto, consolidó su liderato de grupo y encontró en Luis Romo y Raúl Rangel a los protagonistas de una noche especial que quedará grabada en la memoria de la afición tapatía. Una victoria sufrida, trabajada y celebrada como solo se celebran los triunfos que acercan a un sueño mundialista.
SV