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Gran Premio de México, una carrera de campeones

Entre lágrimas y ovaciones, Kimi Antonelli celebró en México un título histórico que lo consagró como el campeón más joven de la categoría

Cuando cayó la bandera a cuadros, el Estadio GNP se rindió ante Kimi Antonelli, quien apenas podía contener las lágrimas mientras miles de aficionados coreaban su nombre: “¡Olé, olé, Kimi, Kimi!”. El cántico retumbaba por todos los rincones del Autódromo Hermanos Rodríguez, un recinto que se ha convertido en escenario de campeones.

A sus 20 años, el italiano se consagró como el campeón mundial más joven de la categoría, superando el récord de Sebastian Vettel. Pero a Kimi eso no le importaba; para él, lo importante era conseguir un sueño que persiguió desde pequeño.

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El Gran Premio de México reunió a más de 155 mil aficionados para presenciar una carrera de campeones. Lewis Hamilton arrancó por primera vez desde su llegada a Ferrari desde la pole position, acompañado por George Russell, mientras que Charles Leclerc, Antonelli y Max Verstappen, en las filas siguientes, prometían una batalla intensa.

Desde que se apagaron los semáforos, la pista fue escenario de una lucha entre generaciones y campeones. Accidentes, banderas rojas y duelos entre equiperos, pero la tarde estaba reservada para el joven de Mercedes, quien llegó a México con la corona prácticamente asegurada.

La verdadera dimensión de su hazaña apareció después de la bandera a cuadros.

En el podio, Antonelli fue recibido por dos leyendas. Verstappen y Hamilton, primer y segundo lugar, respectivamente, lo abrazaron, lo bañaron en champaña y terminaron cargándolo sobre sus hombros. Era una imagen simbólica: dos protagonistas de una época celebraban el nacimiento del rey de una nueva generación.

“Lograr esto en tu segundo año en Fórmula 1 es muy impresionante. Ha manejado de forma increíble y se lo merece”, reconoció Verstappen.

Hamilton también se rindió ante el italiano: “Acompañarlo fue un momento muy especial, uno de los más importantes que recuerdo haber vivido aquí”.

Al terminar la ceremonia protocolaria y la champaña, Antonelli se acercó a su Mercedes, se agachó junto al neumático delantero izquierdo y permaneció unos segundos intentando asimilar lo ocurrido. Luego se envolvió en la bandera italiana y, con los ojos llorosos, saludó a un estadio que reconoció su logro.

“Sigo intentando comprender lo que acaba de suceder. Cuando trabajas tan duro y sueñas con esto desde pequeño, y finalmente lo logras, es realmente especial”, confesó.

Su memoria, dice, viajó a sus primeros años en el karting, los sacrificios familiares y el apoyo de Mercedes, escudería que creyó en él desde los 11 años.

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Especialmente emotivo fue recordar a su abuelo en el podio, cuando sonó Nessun dorma. “Creo que estaría muy orgulloso de mí”, dijo entre lágrimas y con voz entrecortada.

También agradeció a su padre, quien lo acompañó durante toda la temporada.

En México, Antonelli no solo recibió el título, también se quedó con el reconocimiento de sus ídolos y el cariño de una afición que celebró dignamente el logro de su nuevo campeón.

SV

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