Ximena Santaolalla: “La imaginación es el refugio de una niña”
La autora de “Un jardín al fondo de la noche” reivindica una literatura que deja espacios al lector y cuestiona el imaginario que sitúa la violencia fuera del hogar, cuando con frecuencia ocurre dentro de él
“Guinea” todavía no conoce ciertas palabras. No sabe nombrar el abuso, la manipulación ni la violencia. Para entender aquello que ocurre a su alrededor, recurre a las herramientas que cualquier niña tiene a la mano: los cuentos, los monstruos, los jardines, la niebla. Así nació la voz de “Un jardín al fondo de la noche”, la nueva novela de Ximena Santaolalla, una historia que acompaña a una infancia amenazada sin convertir el dolor en espectáculo.
La autora comenzó escribiendo un relato breve. Durante el proceso descubrió que la historia exigía otros tiempos, otras voces y una mirada capaz de acompañar a “Guinea” hasta la vida adulta. “La novela surgió de la idea de escribir un cuento, igual que ocurrió con mi libro anterior. Empecé pensando en un relato largo que sólo tuviera la voz de ‘Guinea’ cuando era niña”, explica la escritora hidalguense, en entrevista con EL INFORMADOR. “Conforme fui avanzando, sentí que hacían falta otras perspectivas: la ‘Guinea’ adulta, otros personajes, como Leo, que aparece hacia la mitad y al final de la novela. Ahí entendí que la historia necesitaba convertirse en una novela”.
“Además, he descubierto que me cuesta trabajo escribir corto. He intentado hacer cuentos y relatos breves, pero no se me da. Necesito más espacio para decir lo que quiero decir. Así fue creciendo el libro.”
Aunque la historia aborda una de las formas de violencia más difíciles de narrar, Santaolalla evitó construir una novela dominada por el dramatismo. Durante la escritura fue retirando aquello que consideraba excesivo hasta quedarse con una voz contenida, donde buena parte de la fuerza narrativa depende de lo que permanece fuera del texto. “Los primeros borradores tenían un tono mucho más dramático, incluso melodramático en algunos momentos. Pero es un registro que no me gusta en la literatura. Siento que termina quitándole fuerza a las historias. Para mí, los relatos adquieren mayor potencia cuando se acercan a lo crudo y evitan el sentimentalismo. Poco a poco fui podando todo aquello que me parecía excesivo”, explica.
Ese proceso también modificó su relación con el silencio. Antes de dedicarse de lleno a la literatura, estudió Derecho, una disciplina donde cada vacío puede convertirse en un problema. La ficción le enseñó exactamente lo contrario.
“En el derecho aprendí que había que escribirlo todo, explicarlo todo y no dejar ningún vacío. Con la literatura ocurre exactamente lo contrario. Los libros que más disfruto son aquellos que dejan espacios para que el lector complete lo que no está dicho. He tratado de escribir así, de guardar silencio en ciertos momentos y permitir que alguien más termine de construir esas zonas de la historia”.
“Guinea” rompe el silencio
Aunque la novela nunca adopta un tono de denuncia, Santaolalla considera importante hablar del contexto en el que ocurren estas violencias. Para ella, una de las ideas que con mayor frecuencia permanece fuera de la conversación pública es quiénes cometen estos delitos.
“Las estadísticas son muy claras. Alrededor de la mitad de los abusos infantiles ocurren dentro del hogar y más de la mitad son cometidos por personas cercanas a la víctima. Eso sucede en todo el mundo. Por eso me interesa pensar en la figura del perpetrador. No se trata de un monstruo con apariencia monstruosa. No es un vampiro. Es el padrastro de ‘Guinea’”, dice la autora. “Son personas que pueden parecernos amables, incluso generar cariño, pero que hacen cosas monstruosas porque dejan consecuencias terribles para toda la vida. La única manera de prevenir estas violencias consiste en reconocer que el agresor puede ser alguien cercano. No está afuera esperando entrar a una casa. Muchas veces ya forma parte de ella. Eso es lo verdaderamente difícil para una niña o un niño, porque se trata de personas a quienes quieren y en quienes confían.”
Con el paso de los meses, “Guinea” dejó de ser únicamente un personaje para convertirse también en una forma de comprender los procesos de recuperación después de la violencia. Al terminar la novela, Santaolalla descubrió algo que no había visto al comenzar a escribirla. La escritora reconoce que los personajes continúan acompañándola incluso después de terminar un libro.
“Creo que terminé entendiendo que ‘Guinea’ es una persona muy fuerte. Durante su vida atraviesa situaciones muy dolorosas y, ya en la adultez, podría sentirse culpable por haber llegado a ciertos lugares o haber permanecido en determinadas relaciones. Pero comprendí que todo ese recorrido también era necesario para llegar a algo más luminoso. Entendí, además, que la recuperación nunca ocurre en línea recta. Es una espiral. A veces creemos que hemos vuelto exactamente al mismo sitio, pero, en realidad, estamos recorriendo ese camino desde otro lugar. Es un proceso largo, difícil y lleno de tropiezos, pero también permite avanzar. Yo creo que ‘Guinea’ sí se dirige hacia la luz”, finaliza.
Narrar desde la infancia
La infancia de “Guinea” tampoco surgió de una investigación exclusivamente documental. Santaolalla regresó primero a su propia memoria. Intentó recordar cómo interpretaba el mundo cuando era niña y descubrió que buena parte de aquellas explicaciones nacían de los cuentos, los juguetes y las imágenes que formaban parte de la vida cotidiana.
“Los niños suelen explicar el mundo a partir de las referencias que tienen cerca: los cuentos, las caricaturas, los juguetes o los objetos que forman parte de su habitación”, dice. “También leí muchas novelas narradas desde voces infantiles y eso me ayudó a encontrar un tono, aunque escribir desde la infancia sigue siendo muy difícil. Me preocupaba que ‘Guinea’ sonara como una adulta disfrazada de niña o, al contrario, como una niña demasiado brillante para su edad. Quería construir una niña común, en el mejor sentido de la palabra.”
Mientras avanzaba la escritura apareció una pregunta que terminaría atravesando toda la novela: ¿cómo entiende una niña aquello para lo que todavía no existe un nombre? Santaolalla considera que los adultos suelen subestimar la capacidad de comprensión infantil.
“A veces creemos que los niños no entienden o que no están escuchando, pero ocurre exactamente lo contrario. Siempre están atentos y elaboran explicaciones con los conceptos que tienen disponibles según su edad. Ellos encuentran la manera de comprender lo que sucede, igual que ‘Guinea’”.
Cuando esa comprensión ocurre dentro de un entorno marcado por la violencia, explica la autora, también cambia la manera en que una persona aprenderá a relacionarse con el mundo durante el resto de su vida.
“Una niña o un niño que crece dentro de la violencia puede llegar a pensar que esa forma de ser tratado es normal. Más adelante le costará mucho reconocer el abuso, poner límites o decir que no, porque su manera de entender el mundo se construyó desde esa experiencia”.