Cultura

Teatro Degollado celebra 160 años con la ópera que lo vio nacer

Con la Orquesta Filarmónica de Jalisco y un destacado elenco, el recinto celebró su trayectoria reafirmándose como un espacio cultural emblemático

El Teatro Degollado conmemoró su aniversario interpretando la misma ópera con la que inauguró sus puertas en el siglo XIX. EL INFORMADOR/J. ACOSTA.
El Teatro Degollado conmemoró su aniversario interpretando la misma ópera con la que inauguró sus puertas en el siglo XIX. EL INFORMADOR/J. ACOSTA.
El Teatro Degollado conmemoró su aniversario interpretando la misma ópera con la que inauguró sus puertas en el siglo XIX. EL INFORMADOR/J. ACOSTA.
El Teatro Degollado conmemoró su aniversario interpretando la misma ópera con la que inauguró sus puertas en el siglo XIX. EL INFORMADOR/J. ACOSTA.
El Teatro Degollado conmemoró su aniversario interpretando la misma ópera con la que inauguró sus puertas en el siglo XIX. EL INFORMADOR/J. ACOSTA.

El Teatro Degollado estaba de manteles largos. Los vestidos de gala, los trajes y las conversaciones entusiastas se multiplicaban entre las butacas y los pasillos antes de comenzar la función. Había una razón para la ceremonia: no cualquier día un teatro cumple 160 años y mucho menos puede celebrarlos con la misma música que acompañó su nacimiento.

Cuando las luces descendieron y comenzaron los primeros compases de Lucia di Lammermoor, la distancia entre 1866 y 2026 pareció acortarse. La ópera de Gaetano Donizetti con la que el Degollado abrió sus puertas el 13 de septiembre de 1866 regresaba exactamente 160 años después.

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Dos días antes, la Orquesta Filarmónica de Jalisco todavía perseguía la precisión durante los ensayos. José Luis Castillo detenía ante cualquier tropiezo, corregía y hacía repetir. Este domingo, aquel trabajo minucioso podía escucharse: no hubo detalle fuera de lugar. La música avanzaba clara como el agua, con una OFJ atenta a los movimientos de Castillo y a las voces que debían sostener durante más de dos horas de función.

En el escenario, Anabel de la Mora asumió el papel de Lucia; César Delgado interpretó a Edgardo; Enrique Ángeles dio voz a Enrico y Rodrigo Urrutia a Raimondo. También participaron Jesús Miguel Frausto, Diana Martínez y Ricardo Calderón, junto con el Coro Municipal de Zapopan. Luis Manuel “Mosco” Aguilar estuvo a cargo de la dirección y concepto escénico.

Las voces llenaron el Degollado sin necesidad de micrófonos. Incluso en los registros graves conservaban una intensidad capaz de recorrer la sala, mientras las notas más altas se elevaban hacia los distintos niveles del recinto. La acústica hacía su parte, pero también era evidente la exigencia técnica de los intérpretes: respiraciones controladas, entradas precisas y voces que debían imponerse sin romper el equilibrio con la orquesta.

Lucia di Lammermoor, estrenada en 1835, cuenta una tragedia de amor, engaño y violencia familiar. Lucia ama a Edgardo, integrante de una familia enemiga de los Ashton, pero su hermano Enrico pretende casarla con Arturo. Para conseguirlo, la engaña y la convence de que Edgardo la ha abandonado. Lucia acepta el matrimonio y firma el contrato poco antes del regreso de su enamorado. A partir de ahí, la tragedia ya no concede tregua. Lucia pierde la razón y asesina a Arturo durante la noche de bodas. Su caída conduce a la célebre escena de la locura, uno de los momentos de mayor exigencia vocal y dramática de la obra. Después, al conocer la muerte de Lucia, Edgardo decide quitarse la vida.

Durante la función, esa progresión se construyó entre la orquesta, los solistas y el coro. Hubo pasajes en que los instrumentos parecían contenerse para dejar la voz expuesta y otros en que todas las fuerzas crecían juntas. La tragedia encontraba intensidad sin perder la claridad musical que exige el bel canto.

Anabel de la Mora cargó con los extremos emocionales de Lucia, mientras César Delgado sostuvo a un Edgardo que pasa del enamoramiento a la desesperación. Enrico, interpretado por Enrique Ángeles, empujó el conflicto hacia el destino trágico que aguardaba a los amantes. Cada personaje agregaba otra presión sobre una historia que desde sus primeros momentos parece avanzar hacia un desenlace imposible de evitar.

El público acompañó ese tránsito en silencio. El entusiasmo y las conversaciones que habían ocupado el teatro antes de comenzar desaparecieron mientras la historia avanzaba. En las butacas quedaba la atención de quienes habían acudido a una función cuya importancia excedía la representación de una ópera.

“Lucia” ya había estado ahí desde el principio. En 1866, Ángela Peralta, el célebre “Ruiseñor Mexicano”, interpretó el personaje durante la inauguración del Degollado. Las crónicas de aquella noche hablan de un teatro lleno, aplausos, vivas a México y flores sobre el escenario. Un siglo después, en 1966, la obra regresó para celebrar el centenario con Ernestina Garfias, Plácido Domingo, Sherrill Milnes y Eduardo Mata.

Este domingo correspondía a otras voces ocupar el escenario. Afuera existe una Guadalajara distinta a la que vio nacer al Degollado. Han cambiado las calles, los públicos y las generaciones de artistas. El teatro permanece en el Centro Histórico como uno de los grandes recintos culturales de la ciudad.

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Cumplir 160 años puede expresarse con una cifra. Dentro del Degollado, la dimensión del tiempo adquirió otra forma: un público reunido, una orquesta afinada, las voces elevándose desde el escenario y una obra escrita hace casi dos siglos todavía capaz de conducir una sala entera hacia el silencio. El 13 de septiembre de 1866, los primeros espectadores escucharon ahí Lucia di Lammermoor. Ciento sesenta años después, el Degollado celebró su aniversario haciendo aquello para lo que fue construido: abrir el telón y dejar que la música volviera a llenar la sala.

SV

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