Cultura

Un “Final feliz” para las dudas

El músico y escritor mexicano, Joselo Rangel, reflexiona sobre la paternidad, el paso del tiempo y la creación literaria en su nuevo libro publicado por Seix Barral

A sus casi 60 años, Joselo Rangel asegura que todavía hay preguntas que no termina de responderse. La fe, la familia, la paternidad, el paso del tiempo y la imaginación son algunos de los temas que atraviesan “Final feliz”, su nuevo libro de cuentos publicado por Seix Barral, una obra donde el músico y escritor mexicano explora historias marcadas por el humor negro, la fantasía y la ciencia ficción, pero también por inquietudes profundamente humanas.

El volumen reúne 12 relatos que van desde hombres disfrazados de Charly García convertidos en líderes de culto hasta pilotos alcohólicos convencidos de que los aviones vuelan gracias a milagros. Aunque la imaginación domina el libro, Joselo reconoce que muchas de las historias nacen de experiencias personales llevadas al extremo.

“Siento que cada uno de los libros que he publicado tiene algo de mí, pero siempre hago la aclaración porque mucha gente me pregunta si todo lo viví. A mí me gusta usar la ficción al escribir. Se me haría un desperdicio contar solamente cosas que ya me sucedieron”, dice en entrevista con EL INFORMADOR.

El integrante de Café Tacvba explica que su proceso creativo suele partir de una experiencia cotidiana o de una idea mínima que después crece a partir de la imaginación.

“Si algo en la realidad me desata imaginarme algo, pues lo llevo hasta el final”.

Sin proponérselo del todo, “Final feliz” terminó convirtiéndose en un libro atravesado por las relaciones familiares. Padres, madres, hijos y matrimonios aparecen constantemente en las historias. Para Joselo, eso tiene que ver con el momento de vida en el que se encuentra.

“Lo que estoy viviendo no es lo mismo que vivía hace 10 o 20 años. Ahora tengo una familia, llevo 20 años con mi esposa, tenemos dos hijas, mis papás ya murieron. Somos cuatro hermanos y, de hecho, les dediqué el libro a ellos. Ya somos los que quedamos hasta arriba; para arriba ya no hay nadie”.

Deja que la escritura fluya

Joselo asegura que no suele dirigir deliberadamente los temas de su escritura, sino que deja que las ideas fluyan hasta que encuentra conexiones entre ellas.

“En cierto momento me di cuenta de que tenía muchas ideas relacionadas con familias, con papás, con mamás. Entonces pensé que estaría buenísimo hacer un libro cuyo hilo conductor fuera ese. Pero también me gustó que hubiera cuentos distintos, porque cuando hay diferencias ciertos temas resaltan más”.

Además de la familia, otro de los temas que terminó apareciendo de forma inesperada fue la fe. Al revisar los cuentos ya terminados, el músico encontró reflexiones relacionadas con la religión, las creencias y hasta con el propio acto artístico.

“El arte también es un acto de fe. ¿Quién dice que una caja de zapatos vacía puesta en una galería es arte? Hay un acto de fe tanto del que la expone como del que la observa. De repente me di cuenta de que ese tema estaba dentro del libro y creo que tiene que ver con la edad”.

El artista reconoce que, con el paso del tiempo, comenzó a cuestionarse aspectos que antes daba por sentados.

“Naces en una familia que ya viene con una religión, con un contexto sociocultural; todo viene dado desde que naces. Y luego puedes o no cuestionarlo. Hay gente que sigue ahí toda la vida y hay otros que rechazan todo eso”.

Influencias que van de Philip K. Dick a José Agustín

En la exploración literaria, la ciencia ficción sigue ocupando un lugar central para Joselo. Desde niño encontró en autores como Philip K. Dick y Ursula K. Le Guin una puerta para imaginar otros mundos posibles.

“Mucho de lo que vemos ahora en películas o series, Philip K. Dick ya lo estaba planteando hace muchísimo tiempo”.

Sin embargo, el autor que realmente le hizo pensar que él también podía escribir fue José Agustín. Lo mismo ocurrió al leer Tiempo transcurrido, de Juan Villoro.

“Yo veía la literatura como algo lejano, pero cuando leí a José Agustín supe que también podía escribir. Porque hablaba de música, de lo cotidiano, de temas cercanos a mí”.

En los últimos años también ha seguido de cerca el trabajo de autores argentinos como Pedro Mairal, Mariana Enríquez y Samanta Schweblin, escritores que, considera, han ayudado a romper prejuicios sobre géneros como el terror o la ciencia ficción.

“Antes se veía a la ciencia ficción o al terror como géneros menores y ahora todo eso está cambiando. Eso me gusta mucho”.

Más que un músico

La literatura y la música han convivido desde hace años en la vida de Joselo Rangel. Antes de “Final feliz”, publicó “Crócknicas Marcianas” en 2011, el libro de cuentos “OneHitWonder” en 2015, la novela “Los desesperados” en 2018 y “La niña aburrida” en 2020. Sin embargo, durante mucho tiempo sintió que el público seguía viéndolo únicamente como músico.

“Creo que ya se están equilibrando las cosas. Sí hay gente que todavía se sorprende de que escriba, pero tampoco le doy mucha importancia. Hay personas a las que simplemente no les interesa leer”.

Para el guitarrista, esa sorpresa también refleja cierta idea reduccionista sobre los músicos y los artistas.

“Es como si alguien dijera: ‘¿Cómo un roquero va a escribir?’. Hay muchísimos músicos que escriben, pintan o hacen otras cosas. Pensar que una persona solo puede ser una cosa en la vida es muy triste”.

Parte de su proceso creativo ocurre en una libreta que carga desde hace años a todos lados. Ahí conviven ideas para canciones, cuentos, dibujos y anotaciones cotidianas.

“Siempre cargo una mochila o un morral y ahí llevo una sola libreta para todo. Luego las reviso y encuentro cosas que ya había olvidado. Tener distancia con las ideas me sirve muchísimo”.

Incluso recuerda que esa costumbre nació cuando leyó “Nadie sale vivo de aquí”, la biografía de Jim Morrison.

“Decía que él cargaba una libreta para todos lados y yo pensé: ‘Yo quiero ser así’. Un amigo me dijo: ‘Yo también leí ese libro, pero yo me fui por las drogas y no por el cuaderno’”, cuenta entre risas.

Aunque reconoce similitudes entre escribir cuentos y componer canciones, Joselo considera que ambos procesos parten de lugares distintos. Mientras las canciones nacen desde la emoción inmediata, la narrativa requiere disciplina y trabajo constante.

“Las canciones son más sentimentales. De repente estoy tocando guitarra y sale una palabra, luego otra, y descubro que estaba triste o enojado. En cambio, escribir cuentos sí empieza con una idea más clara, pero es mucho más trabajo. Tengo que obligarme a sentarme a escribir”.

CT

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