Cultura

'Las tres hermanas': Chéjov habla con acento de los Altos de Jalisco

El público respondió con entusiasmo a personajes que dominaron al Teatro Degollado de principio a fin

Once personajes pueden ser demasiados cuando una obra necesita que el público comprenda sus deseos, recuerde sus relaciones y termine preocupándose por aquello que les ocurre. “Las tres hermanas” consiguió algo más difícil: que cada uno encontrara su sitio dentro de la historia.

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Las risas fueron una primera señal durante la función de este viernes en el Teatro Degollado. Después llegaron las exclamaciones de sorpresa y los silencios cuando la comedia cedía ante momentos más dolorosos. El público respondió con entusiasmo a personajes que, conforme avanzaba la noche, dejaban de ser solamente integrantes de una familia numerosa. La adaptación dirigida por Fernando Sakanassi parte de “Las tres hermanas”, de Antón Chéjov, pero quien hubiera entrado al Degollado sin conocer ese antecedente difícilmente habría pensado en la Rusia de comienzos del siglo XX.

Aquí están los Altos de Jalisco. Están en las palabras, los modismos, la música, las relaciones familiares y la manera en que los personajes se hablan, se molestan, celebran y guardan silencio. La "mexicanización" del texto está integrada de tal forma que la historia parece haber nacido en este sitio. "Olga", "Mari" y "Tita Pardo" -interpretadas de manera magnífica por Coralia Manterola, Karla Constantini y Paloma Domínguez- crecieron en San Francisco, y tras la muerte de su padre, un militar, ahora viven en los Altos cargando el deseo de regresar a la ciudad donde alguna vez fueron felices. San Francisco comienza como una posibilidad, después se vuelve promesa y, conforme pasan los años sin que puedan volver, termina pareciéndose a una penitencia.

ESPECIAL/J. Acosta

La vida continúa mientras ellas esperan. Los matrimonios ocurren, las relaciones cambian, llegan nuevas personas y aquello que parecía provisional adquiere la forma incómoda de lo permanente. Sin embargo, la puesta evita encerrar toda esa frustración en sus protagonistas. No es una puesta en escena sobre la amargura. Los once personajes tienen deseos, defectos, afectos y pequeñas tragedias. Algunos provocan risa; otros irritación, ternura o incomodidad. Ese desarrollo permite que la historia familiar crezca mucho más allá de las tres hermanas.

La intimidad resulta particularmente llamativa dentro del Teatro Degollado. La escala del recinto podría haber empujado el montaje hacia algo grandilocuente, pero la puesta conserva la sensación de observar una casa habitada. Importan las conversaciones, las pausas y aquello que los personajes callan. Cuando alguno sufre, el golpe encuentra al espectador preparado, porque antes hubo tiempo suficiente para conocer sus afectos, frustraciones y contradicciones.

ESPECIAL/J. Acosta

La obra cambia de registro con facilidad. Puede provocar una carcajada y, poco después, detenerse ante una conversación dolorosa. La comedia nunca desaparece por completo, tampoco la tristeza. Sus personajes beben, escuchan música, discuten, se enamoran e imaginan otros futuros mientras el tiempo continúa avanzando. Incluso hay instantes para filosofar y acercarse en preguntas irresolutas sobre la existencia humana. Ahí permanece Chéjov debajo de una obra profundamente mexicana. Al desaparecer Moscú, Rusia y los nombres originales, sobrevive una pregunta: ¿qué ocurre mientras esperamos que comience la vida que realmente deseamos?

ESPECIAL/J. Acosta

Las hermanas Pardo quieren marcharse. Lo repiten y lo imaginan. Mientras esperan el momento adecuado, la vida continúa ocurriendo alrededor de ellas. Al final, más allá de los aplausos y de las risas que se escucharon en el Degollado, quedó la pregunta misma en la audiencia, en la vida que transcurre para todos -no siempre la que se desea- sino la que se tiene. 

“Las tres hermanas” tendrá una nueva función este domingo 20 de septiembre, a las 18:00 horas, en el Teatro Degollado.

JM

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