Cultura

La increíble exposición donde un Dios murciélago zapoteca 'habla' con dragón medieval

La exposición los pone en diálogo porque comparten una característica formal: son seres imposibles o híbridos creados por la imaginación humana

Una exposición del museo The Met Cloisters de Nueva York ha construido un espacio dedicado a descubrir las diferencias entre los seres fantásticos pintados en Europa y las antiguas Américas. Dentro de la muestra se encuentra un cuarto en el que el dios murciélago Tzinacantecuhtli de la cultura zapoteca y un dragón pintado hace aproximadamente ocho siglos en un monasterio español, entablan un diálogo silencioso sobre las criaturas híbridas en las culturas antiguas.

La figura imponente de Tzinacantecuchtli realizada en cerámica, da la bienvenida a la muestra 'Seres del mito y la imaginación: Europa y las Américas', que reúne más de 50 obras fechadas entre los años 500 y 1500 y por primera vez ha llevado antigüedades americanas a esta sede del Museo Metropolitano (Met) dedicada al arte medieval europeo.

"La exposición trata más de lo que compartimos a través de las diferencias culturales que de lo que nos hace distintos", explica la comisaria de arte medieval ibérico Julia Perratore, una de sus responsables, en un recorrido antes de que cierre sus puertas el 18 de octubre.

¿Qué significan el murciélago y el dragón?

La figura zapoteca de Tzinacantecuhtli, cuyo nombre puede traducirse como “Señor Murciélago”, es especialmente interesante porque su simbolismo no se limita a la muerte.

El MET describe a la deidad como un ser híbrido, con cuerpo humano y cabeza y garras de murciélago, asociado con la oscuridad, las cuevas y el inframundo. Pero existe una dualidad fundamental: el murciélago no solamente representa destrucción; también está relacionado con sacrificio, fertilidad y renovación. La institución señala que estos seres podían concebirse como capaces de atravesar distintos ámbitos del cosmos.

Esto permite interpretar la figura como un mediador entre mundos. El murciélago habita lugares oscuros y ocultos, sale durante la noche y desaparece nuevamente en las cavidades de la tierra. Dentro de una cosmovisión en la que la muerte no necesariamente constituye un final absoluto, esas características podían convertirlo en una criatura apropiada para representar el tránsito entre la existencia y el mundo de los muertos.

Cerca de la escultura, en la pared de piedra de una galería de aire catedralicio en la que entra luz natural a través de vidrieras, luce un dragón de los frescos procedentes del monasterio de San Pedro de Arlanza, en Burgos, de la colección del museo.

Aquí resulta especialmente útil el contexto de los bestiarios medievales. Estos libros no funcionaban simplemente como catálogos de animales fantásticos: utilizaban las criaturas para transmitir enseñanzas morales y religiosas.

El propio MET señala que el dragón de Arlanza parece corresponder con la descripción medieval del dragón como una enorme serpiente capaz de volar. En los bestiarios, además, sus características físicas podían interpretarse moralmente; el dragón terminó asociado explícitamente con el Diablo, el pecado y el mal. Eso cambia por completo la lectura respecto a Tzinacantecuhtli.

El dragón, el dios murciélago y la cosmología

Mientras que el murciélago zapoteca puede entenderse como una criatura relacionada con el tránsito entre mundos y la renovación, el dragón cristiano medieval puede funcionar como la personificación de aquello que amenaza el orden espiritual.

Ambas figuras rompen las categorías naturales: una persona con atributos de murciélago; un reptil fantástico con alas y otros rasgos animales. Pero sus culturas no necesariamente buscaban expresar lo mismo mediante esa mezcla.

La humanidad comparte la necesidad de imaginar criaturas que cruzan fronteras, pero no necesariamente les da las mismas respuestas. EFE / R. Lee

En el caso zapoteca, la combinación puede representar una entidad capaz de desplazarse entre diferentes dimensiones del cosmos. El murciélago es precisamente un animal que, por sus hábitos nocturnos y su asociación con cuevas, resulta adecuado para representar aquello que se encuentra fuera del mundo visible.

En el imaginario cristiano medieval, en cambio, la combinación de animales podía utilizarse para representar aquello que se encontraba fuera del orden deseable de la creación. El dragón podía convertirse en una imagen del pecado, el demonio o las fuerzas que debían ser vencidas.

El propio MET explica que el dragón de Arlanza estaba acompañado originalmente por un grifo, mientras que la exposición coloca ahora ese ser medieval cerca de Tzinacantecuhtli.  Eso significa que el montaje contemporáneo está creando un nuevo “encuentro” entre criaturas que nunca compartieron espacio en sus contextos originales, algo que puede presentarse como una especie de diálogo artístico construido ocho siglos después.

Y es que la muestra propone apreciar el "extraordinario alcance de la imaginación humana", pero también los "desafíos que enfrentaron escultores, orfebres, pintores y tejedores de distintas partes del mundo al darles forma", según su texto de apertura.

“Paralelismos fascinantes”

El recorrido continúa por una sala contigua y después bajando unas escaleras, donde aguardan decenas de objetos en vitrinas, como recipientes europeos para lavarse las manos, vasijas moche del norte de Perú y adornos de ambos lados del océano con combinaciones de rasgos humanos y animales, y "abiertas a interpretación".

"Cuando el público tiene la tarea de observar, de encontrar, el proceso de descubrimiento resulta aún más emocionante", asegura Perratore, que tiene apodos para algunas de las piezas y, por ejemplo, habla de la 'Señora cacahuete', una de tres vasijas moches que combinan formas humanas y vegetales: la yuca, el frijol y el cacahuete.

Los objetos a exponer proceden de lo que hoy son países europeos, como Alemania, Suiza o España, y latinoamericanos, como Panamá, Costa Rica y Colombia, y sorprenden por sus similitudes en los materiales, las técnicas o las formas, y posiblemente los usos que se les dieron en su momento como símbolos de estatus o elementos rituales.

"Hay paralelismos fascinantes en las formas en que se utilizan las criaturas híbridas en distintas culturas. Esa noción de los mundos paralelos nos fascinó, ya que plantea preguntas universales sobre qué significa ser humano y qué significa hacer arte", comenta la comisaria.

"¿Por qué necesitan las personas criaturas híbridas en sus vidas? ¿Por qué las inventan, para empezar? Y, una vez que las han inventado, ¿Cómo las representan? ¿Qué técnicas podrían utilizar? ¿Qué materiales? ¿Y cómo podrían estas criaturas formar parte de sus vidas, a falta de una expresión mejor?", reflexiona.

Para seguir alimentando la curiosidad de los visitantes que viajan hasta los Met Cloisters, ubicados en una colina de un parque en el Alto Manhattan, la institución ha colocado etiquetas especiales que señalan criaturas fantásticas en el resto de sus instalaciones, y que están presentes en obras populares, como sus tapices con unicornios.

Con información de EFE.

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