Jacobo Sin A: el arte de vestir la memoria
En el décimo aniversario de su firma, el diseñador jalisciense presenta su colección número 30: “Fiesta de cumpleaños”
Nacido en Zacoalco de Torres, Jalisco, Jacobo Sin A llegó a Guadalajara para estudiar diseño de moda. Lo que comenzó como un proyecto universitario terminó convirtiéndose en una firma que, diez años después, ha encontrado un lenguaje propio dentro del diseño mexicano. Su historia profesional comenzó prácticamente al mismo tiempo que concluyó sus estudios. Durante el último semestre de la carrera recibió la oportunidad de presentar una colección en Intermoda, uno de los encuentros más importantes del sector en el país. A partir de ese momento, comenzó a desarrollar distintas propuestas y a construir una trayectoria que lo ha llevado a colaborar con empresas nacionales e internacionales.
“Actualmente voy a presentar mi colección número 30 y estoy celebrando los 10 años de la marca. Comencé en 2016 y, obviamente, a lo largo de estos 10 años han pasado cosas muy bonitas, pero también momentos complicados”, explicó en entrevista con EL INFORMADOR.
Durante esta década, el diseñador ha trabajado con firmas como Liverpool y Shein. En el primer caso, desarrolló proyectos durante tres años; en el segundo, creó una colección directamente para el mercado chino. En 2019, además, fue reconocido por Vogue México como una de las promesas del diseño nacional. Sin embargo, el crecimiento profesional también lo llevó a replantear el rumbo de la marca.
“Antes me enfocaba mucho en vender por volumen. Cuando trabajé con Liverpool, esa era la idea. Cuando trabajé con Shein, también. Pero creo que la industria ha cambiado y, particularmente, la moda tapatía ha comenzado a mirar la ropa desde otra perspectiva”, comentó.
Ese cambio se refleja en la filosofía que actualmente define a la firma. Lejos de las dinámicas propias del fast fashion, el diseñador apuesta por prendas concebidas como piezas duraderas, con identidad propia y elaboradas a partir de materiales naturales. El concepto creativo de Jacobo Sin A parte de una idea muy específica: reinterpretar elementos de la identidad mexicana a través del minimalismo.
“La intención es ofrecer piezas que formen parte del guardarropa, pero que no sean lo mismo que encontramos en el mercado masivo. Me interesa que las prendas transmitan algo, que lleven un mensaje y que tengan una identidad”, señaló.
“Mi estilo consiste en tomar una inspiración mexicana y trabajarla hasta llegar a lo esencial. La idea es que permanezca la esencia de México dentro de la marca, pero desde una mirada muy minimalista”, explicó.
A lo largo de estos años, sus colecciones han pasado por plataformas como Intermoda, Fashion Days, Sapica y La Baja Está de Moda, además de presentaciones en Guadalajara, Ciudad de México, Monterrey, Tecate y San Miguel de Allende. El diseñador considera que Guadalajara continúa siendo uno de los principales referentes del país en materia de diseño. La diferencia, asegura, es que el mercado local ha evolucionado.
“Guadalajara sigue siendo la capital de la moda en México. Hay diseñadores que trabajan desde perspectivas completamente distintas y eso es algo muy valioso. Lo que sí ha cambiado es que ahora existe una mayor conciencia sobre el valor del trabajo creativo”, afirmó.
“Hace diez años era muy diferente. Si un diseñador establecía el precio de una pieza, muchas veces tenía que justificarlo. Hoy existe un mayor reconocimiento del trabajo que hay detrás de una colección y eso es muy positivo”, comentó.
Códigos de identidad
La identidad de una marca va mucho más allá del impacto de una colección. Se construye con el tiempo, a partir de una visión coherente y de esos códigos que, temporada tras temporada, terminan por hacerla reconocible.
En sus primeros años, las prendas sin género marcaron uno de sus principales rasgos distintivos, proponiendo una mirada más libre sobre la forma de vestir. A esta esencia se sumó después una apuesta por los textiles naturales, como el lino y el algodón, materiales que hoy continúan definiendo parte de su lenguaje y aportando una sensación de atemporalidad a su propuesta.
“Cuando empecé, era uno de los primeros diseñadores en Guadalajara que hablaban de piezas sin género. Eso llamó mucho la atención. Después comencé a trabajar con textiles completamente naturales y eso también ayudó a consolidar la marca”, recordó.
El minimalismo continúa siendo uno de los elementos centrales de su propuesta estética, al igual que los olanes y, más recientemente, los bordados realizados a mano. “Hay elementos que siguen presentes desde 2016. Otros han desaparecido. Uno cambia como persona y la marca también cambia”, explicó.
En sus primeros años, las prendas sin género marcaron uno de sus principales rasgos distintivos, proponiendo una mirada más libre sobre la forma de vestir.
Dejar una parte de sí mismo en cada prenda
La relación entre el diseñador y sus creaciones ocupa un lugar importante dentro de su discurso. Jacobo Sin A recordó una anécdota relacionada con un kimono confeccionado durante un momento especialmente difícil de su vida.
“Estaba pasando por una situación muy complicada y, mientras trabajaba en la pieza, cayó una lágrima sobre la tela. La planché sin darme cuenta y quedó una pequeña mancha. Intenté eliminarla, pero nunca desapareció. Años después, la clienta sigue conservando esa prenda y la mancha continúa ahí”, relató.
“Todas nuestras piezas llevan algo de nosotros. Pero también debemos entender que nuestro trabajo está hecho para las personas. Las prendas deben salir al mundo y encontrar nuevas historias”.
La colección número 30 lleva por nombre “Fiesta de cumpleaños” y representa el proyecto más personal de su carrera. La propuesta conmemora los diez años de la firma mediante una mirada retrospectiva que se aleja de la celebración tradicional. El diseñador describe la propuesta como un cumpleaños atravesado por la melancolía.
“La colección habla de todo el camino recorrido para llegar a estos diez años. Hay un pastel, hay una fiesta, pero estamos cansados, abrumados y recordando todo lo que ocurrió para llegar hasta aquí”, explicó.
“Partimos el pastel con lágrimas. Es una celebración, pero no desde la euforia. Es reconocer el camino, los proyectos que nos quitaron el sueño y los momentos que quizá no fueron tan disfrutables”, comentó.
La colección se construye a partir de una iconografía muy particular. Los globos aparecen en tonos apagados. Las flores están marchitas. Las serpentinas caen sin la energía característica de una fiesta. La paleta cromática está dominada por el negro, los grises, el marfil, el violeta intenso, el verde oliva y un amarillo inspirado en los tonos del panal.
Las flores reaparecen en forma de dijes elaborados artesanalmente, pero incluso esos elementos se presentan desde una perspectiva distinta.
“Sí, hay flores, pero están marchitas. Sí, es una fiesta de cumpleaños, pero no es una fiesta completamente feliz”, explicó.
La propuesta incluye 30 looks elaborados con lino, tweed, tafeta y chiffon, además de diversas aplicaciones realizadas a mano. El diseñador comenzó a trabajar en ella hace seis meses, un periodo considerablemente más amplio que el dedicado a colecciones anteriores. La presentación está prevista para septiembre, un mes que coincide tanto con el décimo aniversario de la marca como con el cumpleaños del diseñador.
La diferencia entre el Jacobo de hace una década y el actual no radica únicamente en la evolución estética. También existe una transformación personal. El futuro inmediato incluye nuevos mercados y la posibilidad de llevar la marca fuera del país. Colombia aparece entre los destinos contemplados para ampliar la presencia internacional de la firma.
“Al principio, lo único que quería era demostrar que mi trabajo tenía credibilidad. Eso me llevó a trabajar sin descanso. Hoy tomo únicamente los proyectos que voy a disfrutar. Trabajar con tranquilidad mental es una fantasía comparado con trabajar desde el estrés”, finalizó.