'Giselle' regresa convertida en una reflexión sobre la ausencia y la justicia
La versión creada por la coreógrafa sonorense Melva Olivas llegará al Conjunto Santander de Artes Escénicas de la mano de la Orquesta Filarmónica de Jalisco
Durante casi dos siglos, "Giselle" ha sido recordada como una de las grandes historias de amor del ballet romántico. Una joven engañada, un corazón roto y un grupo de espíritus femeninos condenados a bailar eternamente forman parte de una obra que ha atravesado generaciones desde su estreno en París, en 1841. Pero cuando ese relato se observa desde el México contemporáneo, atravesado por las desapariciones y la violencia contra las mujeres, las preguntas dejan de ser las mismas.
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Ese cambio de mirada es el que propone "Giselle, las que no volvieron", la versión creada por la coreógrafa sonorense Melva Olivas que llegará al Conjunto Santander de Artes Escénicas de la mano de la Orquesta Filarmónica de Jalisco, bajo la dirección de José Luis Castillo. Más que una actualización estética, la puesta en escena replantea el sentido mismo del ballet: las "Wilis" dejan de ser únicamente figuras fantásticas para convertirse en la representación de las mujeres cuya ausencia continúa habitando la vida cotidiana.
"Lo que queríamos con esto era adaptar la profundidad que ya tiene la obra a la realidad del México contemporáneo donde como mujeres vivimos atravesadas por muchas cosas", explica Melva Olivas, en entrevista con EL INFORMADOR. "La violencia, los feminicidios, las desapariciones. Entonces resignificamos la pieza desde el dolor y el respeto para que desde la danza podamos crear un diálogo con el público con esto que vivimos. Es una obra muy emotiva y hemos recibido muy buenos comentarios".
La estructura musical de Adolphe Adam permanece intacta. También sobreviven buena parte de los personajes y del desarrollo dramático. Sin embargo, el significado cambia desde el momento en que la historia deja de hablar únicamente de una traición amorosa para dialogar con una realidad marcada por los feminicidios y las desapariciones, donde también se hace presente la figura contemporánea de las madres buscadoras. A diferencia de la violencia, que deja cicatrices más visibles, lo que deja la desaparición es la ausencia; respecto a cómo tradujo esto al lenguaje del cuerpo, la coreógrafa reconoce que fue un reto.
"Fue difícil, fue difícil hacer física la ausencia. Lo que hicimos fue borrar los rostros de los bailarines. Bailan sin rostro, representando a los que no están, a los muchos cuerpos de los que nos faltan", explica. "Mientras que en el ballet romántico las Wilis aparecen como figuras, en esta versión el movimiento adquiere densidad. Los cuerpos pesan. Si la desaparición deja un vacío difícil de representar, el cuerpo en escena permite convertir esa ausencia en algo visible. Con el movimiento no se busca la belleza, sino que sea una forma de testimonio".
Durante el proceso de creación, Olivas encontró que el segundo acto del ballet planteaba un conflicto que, leído desde el presente, exigía una nueva respuesta. En la versión clásica, las Wilis obligan a los hombres que encuentran en el bosque a bailar hasta morir de agotamiento. "Hilarión" muere; "Albrecht" logra salvarse gracias al amor incondicional de "Giselle". Para la coreógrafa, esa resolución dejaba de responder a las preguntas que hoy atraviesan a la sociedad. La reflexión terminó desplazando el eje dramático de la obra. Ya no se trata únicamente del perdón ni del castigo, sino de aquello que permanece pendiente cuando la violencia deja una ausencia.
"Había muchas cosas de la historia original que ya no coinciden con nuestros contextos latinoamericanos", dice Melva. "Hay que ser más críticos también con ese amor romántico, incondicional. Algo que me interesaba mucho explorar es que la solución no tenía que ser la venganza. Tiene que haber otras formas de encontrar justicia, y no solo en la obra en sí, sino en la realidad, en nuestro país. La venganza no termina con estas cosas. Entonces planteamos una posibilidad, y de esta posibilidad buscamos el crear un diálogo con la audiencia, invitarlos a mirar sobre estos temas que son dolorosos, pero a los que tenemos que mirar".
El acompañamiento de la OFJ
La música también desempeña un papel decisivo en esa resignificación. En lugar de apostar por la versión original y romántica, la OFJ de José Luis Castillo se decanta por la versión contemporánea, la que duele y que, desde el baile, señala una de las problemáticas más grandes de México: más de cien mil desaparecidos, y donde Jalisco lidera las cifras, con más de 15 mil ausencias.
La idea de colaborar partió de las conversaciones entre Castillo e Irina Marcano, del Taller Coreográfico de la UNAM. "Durante las conversaciones ha resurgido una y otra vez el tema de que es aquí en Jalisco donde hay más desaparecidos, entonces para nosotros esto representa más respeto, más responsabilidad, más amor por lo que hacemos", dice Melva. "La verdad es que la experiencia con la música en vivo de la OFJ cambia muchísimo la experiencia, la vuelve más dolorosa, más emotiva, y han sido muy atentos con nosotros. En los ensayos nos hemos ensamblado muy bien y de verdad nos genera mucho entusiasmo de que el público lo vea", finaliza la coreógrafa.
El resultado no pretende convertir a "Giselle" en una obra documental ni abandonar el lenguaje poético del ballet. La propuesta consiste en demostrar que los grandes clásicos siguen dialogando con cada época cuando se les formulan nuevas preguntas. En esta ocasión, la leyenda europea de las Wilis encuentra eco en una realidad latinoamericana donde miles de familias continúan buscando a quienes no regresaron.
OFH, Programa 3: "Giselle, las que no volvieron"
Jueves 25 junio, 20:30 h
Domingo 28 junio, 13:00 h
Conjunto Santander Artes Escénicas, Sala 2. Boletos desde $200 pesos en taquilla o en la página oficial del Conjunto Santander
JM