Cultura

¿Estamos perdiendo la capacidad de comprender lo que leemos? La advertencia de Alberto Manguel

El escritor habló sobre las diferencias clave entre leer y comprender, argumentando sobre los peligros de este problema puede tener sobre nuestras capacidades 

Leer no necesariamente significa comprender. Una persona puede recorrer con los ojos cada palabra de una página, terminar un artículo o incluso un libro completo y, sin embargo, ser incapaz de identificar el argumento, interpretar una metáfora o comprender aquello que el autor intentaba comunicar.

Esta paradoja fue uno de los puntos centrales del discurso inaugural del escritor argentino Alberto Manguel durante la apertura de la edición 34 de la Feria Internacional del Libro de Monterrey. Ante un auditorio lleno, el autor planteó una preocupación que trasciende las aulas y las estadísticas educativas: la dificultad creciente para comprender aquello que leemos puede terminar afectando también la manera en que convivimos.

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Manguel señaló que, aunque el número de lectores no ha disminuido a nivel global, la capacidad para comprender un texto parece no acompañar ese crecimiento. Para el escritor, el problema no consiste simplemente en que las personas lean menos, esta en que cada vez resulta más difícil interpretar textos que exigen atención, contexto o cierta capacidad de abstracción.

Cuando leer deja de significar comprender

La diferencia puede parecer pequeña, pero tiene profundas consecuencias, ya que comprender un texto implica mucho más que reconocer palabras: requiere relacionar ideas, identificar argumentos, interpretar significados y distinguir aquello que el autor afirma de aquello que el lector supone.

Manguel cuestionó cómo puede existir una comunicación verdaderamente clara cuando los lectores tienen dificultades para interpretar una metáfora o seguir un argumento relativamente complejo. Si una persona no consigue comprender aquello que otra intenta decirle, la conversación deja de ser un intercambio de ideas y se convierte fácilmente en una sucesión de malentendidos.

Para Manguel, la capacidad de interpretar correctamente las palabras está relacionada con la vida cotidiana y con la posibilidad de participar en una sociedad. El escritor llevó la pregunta todavía más lejos al cuestionar cómo pueden existir “buenos ciudadanos” en una comunidad donde las personas no logran comprender adecuadamente lo que están diciendo los demás.

Desde esta perspectiva, la lectura, constituye una herramienta para interpretar discursos, evaluar argumentos, reconocer intenciones y participar de manera consciente en la vida pública.

Una sociedad puede tener millones de personas capaces de leer y, al mismo tiempo, enfrentar dificultades para mantener conversaciones complejas si sus integrantes no cuentan con las herramientas necesarias para interpretar aquello que tienen frente a ellos.

La literatura como ensayo de la realidad

La reflexión de Manguel parte de una concepción particularmente amplia de la literatura. Para el escritor, la sociedad misma es resultado de la imaginación humana: antes de construir instituciones, gobiernos o fronteras, las personas tuvieron que imaginar distintas formas de organizar la convivencia.

La literatura forma parte de ese proceso porque permite experimentar mentalmente mundos que todavía no existen o explorar desde distintas perspectivas aquellos que ya conocemos. “Imaginamos el mundo para experimentarlo en la mente antes de experimentarlo en la realidad”, explicó el autor durante su intervención.

Leer, entonces, supone también practicar una forma de imaginación. Una novela puede obligar al lector a habitar una época distinta, comprender la perspectiva de un personaje o enfrentarse a valores que no comparte. Un ensayo puede exigirle seguir una argumentación con la que inicialmente está en desacuerdo.

En ambos casos, la comprensión requiere algo más que velocidad. Exige detenerse, relacionar conceptos y aceptar que un texto puede contener significados que no aparecen de manera inmediata. Por eso, la crisis que plantea Manguel no puede reducirse a la pregunta de cuántos libros se leen al año. También habría que preguntarse qué sucede durante esa lectura y qué permanece después de cerrar el libro.

Defender el libro en la era de la inteligencia artificial

El discurso del escritor argentino también estuvo atravesado por una segunda preocupación: el lugar del libro en una época en la que las herramientas digitales y la inteligencia artificial pueden producir textos, imágenes y otros contenidos capaces de imitar algunas características de la creación humana.

Ante el lleno total del auditorio, Manguel ironizó sobre las frecuentes declaraciones acerca de la supuesta muerte del libro: “Si el libro ha muerto, me alegra ver tanta gente en su funeral”.

La frase resume una de las contradicciones de la cultura contemporánea. Nunca ha sido tan sencillo producir y distribuir información, pero esa abundancia no garantiza que las personas tengan más tiempo o disposición para comprenderla.

La inteligencia artificial profundiza todavía más esta discusión. Las nuevas herramientas pueden resumir un texto en segundos, explicar conceptos complejos o generar respuestas a partir de enormes cantidades de información. Sin embargo, delegar esas tareas no necesariamente desarrolla la capacidad humana para interpretar por cuenta propia.

El desafío cultural, por tanto, no consiste únicamente en decidir si los libros sobrevivirán frente a las nuevas tecnologías. También implica preguntarse qué habilidades queremos conservar en una sociedad donde cada vez más herramientas pueden procesar información en nuestro lugar.

Leer como una forma de convivencia

La preocupación de Manguel recupera una idea fundamental para la comunicación: comprender las palabras de otra persona es una de las condiciones básicas para convivir con ella.

Cuando leemos una novela, podemos entrar en la conciencia de alguien distinto a nosotros. Cuando seguimos un ensayo, aprendemos a reconstruir el razonamiento de otra persona. Cuando analizamos un poema, aceptamos que las palabras pueden contener más de un significado.

Todas esas experiencias requieren una cierta tolerancia a la complejidad. No todo puede reducirse inmediatamente a una respuesta sencilla, un titular o una postura de “a favor” o “en contra”.

En una época marcada por la circulación acelerada de información, recuperar esa paciencia puede ser particularmente importante. La comprensión lectora no consiste solamente en obtener información de un texto, sino en desarrollar la capacidad de permanecer frente a una idea el tiempo suficiente para descubrir qué significa.

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La Feria Internacional del Libro de Monterrey se convirtió así en el escenario para una defensa del libro que va más allá de su formato físico. El encuentro, celebrado del 10 al 18 de octubre en Cintermex, tiene como invitado especial a El Colegio Nacional, institución que reúne desde hace ocho décadas a algunas de las principales figuras del pensamiento mexicano.

El mensaje de Manguel puede resumirse en una pregunta incómoda: si una sociedad pierde la capacidad de comprender textos complejos, ¿Qué ocurre después con su capacidad para comprenderse a sí misma?

La respuesta no depende únicamente de leer más. Exige recuperar la lectura como una actividad atenta, crítica e imaginativa. Porque si la literatura permite imaginar otras formas de vivir, comprender lo que leemos es el primer paso para decidir cuáles de esas posibilidades queremos convertir en realidad.

Con información de EFE.

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