Tecnología
Sabana africana determinó nuestra visión
Permitirá a los investigadores desarrollar máquinas que se asimilen cada vez más a la visión humana
CIUDAD DE MÉXICO (01/MAR/2011).- El complejo escenario de la sabana africana que nuestros ancestros miraban cada día hace 10 millones de años determinó la forma en que se estructuran y reaccionan a la luz los conos de los ojos, descubrieron científicos de la Universidad de Pensilvania.
El hallazgo permitirá a los investigadores desarrollar máquinas que se asimilen cada vez más a la visión humana, en cuanto eficiencia, precisión y en sintonía con el mundo natural.
"La retina humana contiene tres tipos de conos sensitivos a la luz, que responden a la luz roja, verde o azul, que se organiza en un patrón mosaico. Este patrón no se estructura al azar", publicó el portal del Journal científico Science.
Estudios previos sugerían que la retina se adaptaba al entorno animal, tratando de captar la mayoría de la información; por lo que la retina de un pez que viva en las profundidades de un lago tiene un patrón distinto al que vive en zonas más superficiales, porque las ondas de luz que tiene que detectar varían de acuerdo a la profundidad del agua, a este postulado se le denomina "hipótesis de la codificación eficiente".
El físico Gasper Tkaèik de la Universidad de Pensilvania se preguntó si los ojos humanos también se codificaban de una manera tan eficiente, pues sabemos que la forma en que funcionan los conos oculares varía de una persona a otra.
Tkaèik colaboró con el neurobiólogo Vijay Balasubramanian y otros investigadores para crear una base de datos de más de 5 mil fotografías de alta resolución tomadas en Gondwana, lugar donde se cree vivieron los primeros humanos.
Las mismas escenas se fotografiaron a diferentes horas del día con distintos lentes, tiempos de obturación y distancias. Usando un algoritmo desarrollaron estudios de cómo los conos humanos pudieron detectar la luz.
Los investigadores hallaron que los conos que captan la luz roja y verde pueden captar más fotones de las imágenes de lo que podrían conos azules. Eso explica por qué el ojo tiene tan pocos conos azules y los coloca en la periferia de la retina y no en el centro, donde la luz se centra.
Los conos rojos y verdes, sin embargo, toman la misma cantidad de información, así que no hay ningún beneficio evolutivo en mantener su relación estrictamente regulados.
Los resultados de la investigación se publican en la revista PLoS Computational Biology.
El hallazgo permitirá a los investigadores desarrollar máquinas que se asimilen cada vez más a la visión humana, en cuanto eficiencia, precisión y en sintonía con el mundo natural.
"La retina humana contiene tres tipos de conos sensitivos a la luz, que responden a la luz roja, verde o azul, que se organiza en un patrón mosaico. Este patrón no se estructura al azar", publicó el portal del Journal científico Science.
Estudios previos sugerían que la retina se adaptaba al entorno animal, tratando de captar la mayoría de la información; por lo que la retina de un pez que viva en las profundidades de un lago tiene un patrón distinto al que vive en zonas más superficiales, porque las ondas de luz que tiene que detectar varían de acuerdo a la profundidad del agua, a este postulado se le denomina "hipótesis de la codificación eficiente".
El físico Gasper Tkaèik de la Universidad de Pensilvania se preguntó si los ojos humanos también se codificaban de una manera tan eficiente, pues sabemos que la forma en que funcionan los conos oculares varía de una persona a otra.
Tkaèik colaboró con el neurobiólogo Vijay Balasubramanian y otros investigadores para crear una base de datos de más de 5 mil fotografías de alta resolución tomadas en Gondwana, lugar donde se cree vivieron los primeros humanos.
Las mismas escenas se fotografiaron a diferentes horas del día con distintos lentes, tiempos de obturación y distancias. Usando un algoritmo desarrollaron estudios de cómo los conos humanos pudieron detectar la luz.
Los investigadores hallaron que los conos que captan la luz roja y verde pueden captar más fotones de las imágenes de lo que podrían conos azules. Eso explica por qué el ojo tiene tan pocos conos azules y los coloca en la periferia de la retina y no en el centro, donde la luz se centra.
Los conos rojos y verdes, sin embargo, toman la misma cantidad de información, así que no hay ningún beneficio evolutivo en mantener su relación estrictamente regulados.
Los resultados de la investigación se publican en la revista PLoS Computational Biology.