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''Volando hacia el Mundo Imaginario'' de Marcos Raya

Artes Plásticas:

GUADALAJARA, JALISCO (05/JUN/2010).- Otra de las joyas que en materia de artes plásticas trajo este recién fenecido Festival Cultural de Mayo a nuestra ciudad, fue la exposición de “mixed media” con predominancia del llamado “arte objeto”, original del guanajuatense radicado en Chicago desde hace más de cuatro décadas, Marcos Raya.

Y aunque el expositor nos muestra aquí a través de algunos flirteos con la pintura tradicional que podría ser un consumado dibujante y colorista; sin embargo, la mayoría de su obra puesta a nuestra consideración en una de las salas del Instituto Cultural Cabañas, se decanta, como apunto, hacia la vertiente de esos supuestos vanguardismos de moda, como la instalación, la intervención, el mencionado arte objeto, etc., que hoy, después de casi un siglo de su invención han sido sacados del viejo armario de los maestros fundadores del dadaísmo y del surrealismo, y puestos a circular como la última novedad artística, ante la avidez y demanda  de una sociedad consumista y ávida de boberías.

Así pues, lo que en los inicios del siglo XX,  realizaran Man Ray, Picabia, Duchamp, et al, con su famoso mingitorio como objeto icónico y simbólico, y que en aquel entonces tuvo el valor de la genuina originalidad, ya que estos autores irrumpieron como elefantes en celo en una cristalería, conmocionando el tradicional mundo de la cultura y dándole aire y enriquecer particularmente al campo de las artes plásticas que ciertamente, a partir de tales transgresores, no volvió a ser lo que había sido.

Partiendo de una impecable formación académica, aquéllos fueron unos auténticos anarquistas y revolucionarios del lenguaje artístico, y operaron de acuerdo a las circunstancias históricas de su época convulsionada por grandes cambios sociales, culturales y tecnológicos.

Sin embargo, estos también, ante sus audacias y fechorías,  siempre adoptaron una mirada irónica y de contenido lúdico, considerando incluso sus transformaciones, transfiguraciones y demás “obras de arte” como verdaderas tomaduras de pelo, provocaciones, auto parodias de un juego transformista e imaginativo, sin darse nunca aires de inmortales creadores, ni de inventores del hilo negro.

Empero hoy, en manos de miles de epígonos e imitadores, ese afán de “resignificar” los objetos cotidianos, de sacarlos de contexto, de apropiarse lo manufacturado por otros para modificarlo o intervenirlo, al grito anarquista de “todo es arte y todos somos artistas”, ha alcanzado ya  niveles de industria, y ha devenido en lugar común generador de enfadosas intrascendencias, que sólo unos cuantos pueden tomar en serio, comenzando por los supuestos creadores, los curadores, ciertos coleccionistas que pagan cantidades absurdas por ello, y unos cuantos “iluminados” que afirman entender la profundidad de sus sublimes contenidos socio políticos, o significados filosóficos; mas a la mayoría de los espectadores comunes, fuera de una curiosidad natural, tales obras nos dejan totalmente fríos e insensibles.

Por estos vericuetos pues transita la muestra traída aquí por el maestro chicano, otro más de los redescubridores del Congo; del cual ciertamente hay que reconocer, como apunté, su destreza natural y profesionalismo para el cultivo de la pintura tradicional, así como la vena imaginativa que palpita en muchas de sus obras, de sus figuras tridimensionales intervenidas, de sus fotografías modificadas; la meticulosa puesta en escena de sus instalaciones, la no negada desvinculación a sus raíces y folclor cultural de su país natal y otras cualidades formales que están presentes en su exposición; pero en cuanto al valor artístico, al menos para mí, que no suelo comulgar con estas ruedas de molino, me parece que están muy lejos de esa pretensión.

Mas insisto, hay respetables especialistas que sí las consideran creaciones artísticas, hay quienes las valúan y las compran, y hay también quienes  se encargan de  “explicarnos” o de interpretar sus enigmáticos significados, riqueza de valores conceptuales. Estos son como aquel señor, que en el sexenio pasado, salía cada mañana a dar a conocer al público lo que el presidente Fox había querido decir en su discurso del día anterior. Yo concluyo que cuando una obra requiere de interpretaciones y explicaciones subjetivas, es porque ésta es confusa, le falta coherencia visual, claridad, veracidad, y por eso mismo tiene que  ser ajena o estar muy alejada de cualquier ideal artístico.

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