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Vida contemplative “El único privilegio”
Hace tan sólo unos días fue mi cumpleaños, fecha en que coinciden por igual celebraciones y nostalgias
GUADALAJARA JALISCO.- Hace tan sólo unos días fue mi cumpleaños, fecha en que coinciden por igual celebraciones y nostalgias. Por un lado estamos concientes de haber vivido 365 días de experiencias y emociones, y por otro sabemos que el tiempo disponible se nos acorta. El reloj no para.
Hace pocos años en mi camino cotidiano a casa, por la avenida México, me topaba invariablemente con un graffiti misterioso que decía: “El único privilegio es vivir”; algún sabio lo había escrito en esa barda olvidada. Yo lo veía desde el coche cuando el tráfico pesado me estaba haciendo refunfuñar y en seguida volvía el buen humor. Era una frase impecable.
Sin duda resulta sano empezar la mañana leyendo algo hermoso e interesante, saber que salió el sol puntualmente y que se pospuso el Apocalipsis. Pero por extrañas razones vende más la mala noticia, la mala telenovela -¿será pleonasmo?- y esa información es la que acompaña nuestro primer cafecito, nuestro despertar.
La parte lúdica de la vida parece no resultar muy interesante en círculos bien pensantes, políticamente correctos. La tragedia y el drama en el cine, en la literatura, en el teatro, ganan premios importantes y despiertan sesudos comentarios de profundos analistas, mientras que su contraparte divertida no tiene mayor prestigio.
Existe el dicho aquel que dice que todo lo placentero o es pecado o engorda, así que desde niños se nos insiste en que a esta vida se viene a puro sufrir. Esta manera de pensar, cargada de culpas, también tenía su muro graffitiado en nuestra ciudad. Más o menos por la misma época, en avenida López Mateos se podía leer la siguiente inscripción: “Arrepentíos, penitencia, el fin se acerca”. La maldición del Chahuistle, con su negra sombra acechando por las esquinas.
Así que por un rumbo de Guadalajara se privilegiaba la vida, mientras que por otro se imponía el oscurantismo. Habría que elegir el barrio tan sólo por el eslogan más conveniente: Vota por Lupe o la imaginación al poder. Esto, claro, siempre y cuando la multitud de anuncios espectaculares que nos abruman, contaminando visualmente las arterias principales, nos permitan fijarnos en los mensajes subliminales.
Sería deseable incluir en las escuelas las enseñanzas de Epicuro; hacer hincapié en que la búsqueda de la felicidad debe ser una prioridad, como bien lo decía Bertrand Russell.
Debemos escoger el rumbo; mejor vivir en la calle Paraíso, entre Arcoiris y Alegría o en avenida Libertad esquina con Placeres, muy cerca de Concordia y de Juan Sebastian Bach. Preferir las colonias Arboledas, Independencia o Chula Vista y alejarnos de Penitenciaría, Sarcófago o Huracán.
Cuestión de prioridades.
por: alejandro gonzález gortázar
Hace pocos años en mi camino cotidiano a casa, por la avenida México, me topaba invariablemente con un graffiti misterioso que decía: “El único privilegio es vivir”; algún sabio lo había escrito en esa barda olvidada. Yo lo veía desde el coche cuando el tráfico pesado me estaba haciendo refunfuñar y en seguida volvía el buen humor. Era una frase impecable.
Sin duda resulta sano empezar la mañana leyendo algo hermoso e interesante, saber que salió el sol puntualmente y que se pospuso el Apocalipsis. Pero por extrañas razones vende más la mala noticia, la mala telenovela -¿será pleonasmo?- y esa información es la que acompaña nuestro primer cafecito, nuestro despertar.
La parte lúdica de la vida parece no resultar muy interesante en círculos bien pensantes, políticamente correctos. La tragedia y el drama en el cine, en la literatura, en el teatro, ganan premios importantes y despiertan sesudos comentarios de profundos analistas, mientras que su contraparte divertida no tiene mayor prestigio.
Existe el dicho aquel que dice que todo lo placentero o es pecado o engorda, así que desde niños se nos insiste en que a esta vida se viene a puro sufrir. Esta manera de pensar, cargada de culpas, también tenía su muro graffitiado en nuestra ciudad. Más o menos por la misma época, en avenida López Mateos se podía leer la siguiente inscripción: “Arrepentíos, penitencia, el fin se acerca”. La maldición del Chahuistle, con su negra sombra acechando por las esquinas.
Así que por un rumbo de Guadalajara se privilegiaba la vida, mientras que por otro se imponía el oscurantismo. Habría que elegir el barrio tan sólo por el eslogan más conveniente: Vota por Lupe o la imaginación al poder. Esto, claro, siempre y cuando la multitud de anuncios espectaculares que nos abruman, contaminando visualmente las arterias principales, nos permitan fijarnos en los mensajes subliminales.
Sería deseable incluir en las escuelas las enseñanzas de Epicuro; hacer hincapié en que la búsqueda de la felicidad debe ser una prioridad, como bien lo decía Bertrand Russell.
Debemos escoger el rumbo; mejor vivir en la calle Paraíso, entre Arcoiris y Alegría o en avenida Libertad esquina con Placeres, muy cerca de Concordia y de Juan Sebastian Bach. Preferir las colonias Arboledas, Independencia o Chula Vista y alejarnos de Penitenciaría, Sarcófago o Huracán.
Cuestión de prioridades.
por: alejandro gonzález gortázar